Los Fernandos, la percusión y el tabaco

HACIENDO AMIGOS INTERNACIONAL

Fernando Sanfiel

Es una fortuna, constante, compartir tiempo con gente que me aporta algo. Más, cuando comenzamos una andadura nueva vinculada al gusto por fumar un tabaco y vivir un momento diferente, sin prisas: disfrutar de un estilo de vida.

Fernando García es palmero, de Mazo (isla de La Palma), y nos conocemos desde muy jóvenes. Percusionista de largo currículo, un día está en España y al siguiente, en México, Nicaragua, Dominicana o Cuba, lo que nos dificulta coincidir. No es un amigo, sino casi un hermano, cuyo temperamento desenfadado –agravado con los años–, le impide ser serio durante cinco minutos.

Me llamó interesado por mi actividad con los puros, comunicarme su reciente afición al mismo arte de fumar y pedir algún consejo; motivo suficiente para encontrarnos y compartir, repasar la vida de estos últimos años y disfrutar de su compañía.

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Pasión Tabaquera

Su padre le dejó ese amor por el tabaco, desde el cultivo hasta el torcido:

Recuerdo a mi padre cuando plantaba tabaco, y sobre todo cuando se hacía, él mismo, los tabaquitos que fumaba en el patio.

Aunque antes no fumaba, me viene de familia. Cuando familias enteras debieron cruzar el Atlántico para llegar a Cuba, Puerto Rico, Nicaragua, México, etcétera… Más de 6 mil kilómetros de travesía hecha para subsistir, con la precariedad de los barcos de entonces y las alforjas vacías.

Trabajadores de la tierra que iban a trabajar la tierra, pero sin saber nada del destino que les esperaba. Pocos conocían esos lugares… sólo por alguna narración en prosa o verso en forma de décima, que quizá un vecino les había traído de algún viaje anterior.

Esos humildes agricultores en necesidad extrema, que vienen a ser nuestros abuelos y bisabuelos, tuvieron para sí, para sus familias y para la sociedad futura la mayor de las recompensas: la transculturación.

Además de las monedas ganadas con el sudor de su frente, cosecha tras cosecha, trajeron también lo más importante, que es la semilla de lo aprendido y vivido. Un tornaviaje lleno de cultura, experiencias por mostrar e ilusiones que pusieron en marcha en la tierra que los vio nacer.

Los indianos llegaron con sus baúles de madera de cedro con semillas de tabaco, muchas décimas compuestas y aprendidas oralmente, algún reloj de Cuervo y Sobrinos, un laúd y ritmo en el cuerpo.

De esa mescolanza maravillosa se forjó mi gusto, vocación y respeto por la música, por la poesía oral, la famosa espinela (décima) que fue y volvió perfilada con aroma a campo, y sobre todo por el tabaco. Un nexo maravilloso que en nuestra sociedad propició una manera de ganarse la vida y un sentimiento profundo de agradecimiento por lo recibido.

Pero fue más recientemente, en una tocada en que acompañé al hijo de Carlos Mejía Godoy (nicaragüense del Son tus perjúmenes mujer…), que me trajo unos tabacos nicaragüenses Flor de las Antillas y comencé a fumar.

Aún más tarde me decidí a comprar tabacos. Recuerdo un concierto en Ciudad de México y Xichú, Guanajuato, que al lado del hotel donde me alojaba encontré una cava con un reclamo de tabaco Negro de San Andrés y no me resistí a la tentación.

Anécdota y experiencias

Mi abuela llevaba en el bolsillo de su delantal una pequeña cajita, y mientras hacía las tareas domésticas la abría para extraer y consumir el tabaco-polvo (rapé), mientras cantaba hermosas guajiras o recitaba décimas aprendidas oralmente sobre acontecimientos sociales, culturales o jocosos de esa tierra exótica donde su marido, mi abuelo, había estado varias veces y que ella nunca pisó.

Los viajes ocurrían entre cosechas de tabaco, para traer la poca plata ganada e invertirla en la construcción de la casa, engendrar un nuevo hijo y entregar la esencia de una tierra cálida, generosa y floreciente que a tantos canarios agasajó.

Como él mismo manifiesta, Fernando poco sabe del mundo de los fumadores y es consciente de que aún le queda por descubrir un amplio universo de sabores y aromas. Aunque esto sólo incentiva su pasión.

Fiándose de sus sensaciones, aún difuminadas, busca dirigirlas hacia elecciones con mucho criterio, lo que nos mantiene en contacto permanente, compartiendo a la distancia momentos y opiniones.

No he sentido más culpa y remordimiento que al saber de sus sensaciones cuando le recomendé un Oliva Serie V Melanio en formato Belicoso. Se me pasó advertirle sobre su fortaleza, que ya había experimentado en una cata celebrada en el Museo del Puro Palmero.

Y por supuesto… sufrió los rigores de un buen tabaco, sabroso, pero fuerte, y en su calidad de fumador novel, más a más. “¡Qué bueno!, pero… me tumbó”, dijo. Un motivo más para reírnos un rato.

A Fernando le gusta el tabaco de cepo fino, Lancero:

Más finito, más largo… El tabaco elegante y me siento más cómodo. Un cepo fino tiene todas las características de una fémina. Delicado, difícil de contentar en la fumada, con elevado riesgo de perder la temperatura y con demanda de atención absoluta.

Amor a la música

La palabra percusión proviene del latín percusio, variación de la palabra percussus, que hace referencia a la acción de golpear, sacudir o vibrar de forma repetida. En el mundo de la música, la percusión tiene gran importancia y se considera que marca el ritmo de la pieza. Por eso es visto como el latido de una composición.

Fernando le pega a todo lo que se le ponga delante: batería, congas, bongó, güiro…. Aún recuerdo la impresión que me produjo ver los cueros en la palma de sus manos; unos completos cueros.

Maestro de la percusión, ofrece conciertos y clases magistrales en seminarios a lo largo del mundo, con más frecuencia en Cuba y Sudamérica:

Mis pinitos más serios fueron con la orquesta Yamaha. Recuerdo que me llevaba mamá –Bertila cumplió 97 años, a tocar con un grupo en el Aeroclub. Más tarde, cuando cumplí 18 años, ellos me compraron una moto para que pudiera ir a los ensayos.

Fernando ha fundado o colaborado con muchos grupos y orquestas de diferente estilo: Chácara, Yamaha, Ritmo, Troveros de Asieta, Garoé, Los Sabandeños, El Quinteto, Balango, Alcano, Atlantes… Además de ser músico de sesión para innumerables grabaciones.

Sus colaboraciones con artistas nacionales e internacionales le hacen referente mundial: Cecilia Todd, Ana Belén, Javier Ruibal, David Tokar, Guillermo Velázquez, Aléxis Díaz Pimienta, Pancho Amat, Christian Nieves, Coqui Sosa y un largo etcétera.

Hoy disponemos de tiempo y para la ocasión elegí un tabaco de fumada larga y fortaleza media a baja. Un Gran Toro Don Ernesto, 140 mm, cepo 52 y 22 gramos de tabaco, con tripa Habano Ecuador y Breña; capote Nicaragua, y capa Habano Ecuador.

Fumamos como nos gusta, en su terraza y al aire libre. Las sensaciones, más que de tabaco, son del alma… esas nos las quedamos nosotros.

El otro Fernando

Mi amigo Fernando Sanfiel, paisano y maestro de varias disciplinas, me pide dar una pincelada sobre este lienzo llamado Humo Latino, y lo hago con mucho gusto.

Pongo por delante que es un honor tener la oportunidad de reflejar en estas líneas el vínculo tan especial de mi vida con el apasionante Mundo del Tabaco. Una conexión arraigada hasta lo más profundo en mi persona y mi lugar de nacimiento, la pequeña isla canaria de La Palma, curtida antaño por la dureza de una situación económica precaria que desembocó, por fuerza, en la emigración.

El tabaco fue y es para la cultura y para esta sociedad desde el (siglo) XIX, el motor que hizo posible sobrevivir en lo económico y crecer en lo social y cultural, hasta un nivel jamás soñado.

Buenos humos, para seguir haciendo buenos amigos.