Forajidos. Kalvin Lafayette

Historias de tabaco en el viejo oeste

Capítulo 5: Venganza

Parte III

Raúl Melo

En Lafayette, a pocas horas de haberse perpetrado el asesinato del chico, la carreta con sus restos y el mensaje macabro arribó al centro de la ciudad, donde algún lacayo del mandamás lo esperaba en la entrada principal de la casa más grande del vecindario.

–Señor, está aquí, –dijo otro sujeto que vigilaba la entrada a través de uno de los grandes ventanales de la propiedad.

En ese momento Lafayette se reincorporó del gran sillón colocado tras el escritorio de su despacho, tomó un gran cigarro y su caja de fósforos, acomodó su camisa, saco y corbata, y sintiéndose listo se aproximó a la entrada principal de su mansión.

–¿Lo anunciaste como solicité?, –preguntó al mozo, que aguardaba en la calle por la llegada de la carreta.

–Así es, señor, deben estar en camino.

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Lafayette se sentó en el porche de la casa y encendió su cigarro. Parecía ser una ocasión especial, pues aquel puro era de un gran tamaño particular, algo que parecía no acabaría de consumirse nunca.

Al cabo de algunos minutos Carrigan le hacía compañía, y poco a poco más integrantes de La Cumbre se daban cita en la propiedad, junto con algunos pobladores que parecían no saber lo que sucedía o estaba por suceder.

El cigarro enorme de Lafayette se había consumido hasta su primer tercio, y fue cuando comenzó el discurso:

–Supongo que todos ustedes pueden ver lo que yace en la calle, atado a la carreta. Y algunos se preguntarán a qué se debe tan macabro espectáculo. Pues hoy he pedido que los reunieran aquí para conversar al respecto, para aclarar sus dudas y escuchar cualquier comentario, –expuso el acaudalado hombre, con lujo de tranquilidad y elocuencia.

De entre la multitud destacaban los murmullos de quienes observaban incrédulos la “carga” de aquella carreta.

–»Es un chico». «Es un cuerpo». «¿Está muerto?». «¡Qué desagradable!», –fueron algunas de las expresiones que se distinguían entre aquel ruido, semejante al de un panal de abejas.

Lafayette continuó disfrutando de su cigarro con largas caladas, seguidas de amplias y densas bocanas de humo blanco que aromatizaban el ambiente con las clásicas notas a cuero, café y chocolate que un buen Carrigan solía proveer.

–Sí, todo lo que dicen es aparentemente cierto, todo lo que piensan de aquello colgado de esa carreta podría ser verdad. A primera vista pareciera ser únicamente un chico, pero no es así, es un delincuente o lo era hasta hace muy poco. Es uno de los responsables de la ola de robos de los que la ciudad fue víctima, –exponía Kalvin hasta antes de ser interrumpido.

–¿Robos? A mi nadie me ha robado nada y creo que es igual para todos los demás, –lanzó el dueño de una tienda–. A menos de que el viejo Carrigan nos represente a todos, –completó entre susurros.

 

Lafayette no tuvo más que hacer un gesto con la mano en la que sostenía el cigarro, para que un par de hombres de La Guardia capturaran al sujeto y lo sometieran frente a él.

–¿Acaso me estás diciendo que como líder de esta ciudad no tengo claras nuestras prioridades? ¿Piensas que tu negocio es más importante que una de las fuentes de ingreso más grandes para nuestra economía? Quiero creer entonces que tú no fumas ni tienes a alguien trabajando en las plantaciones; que no tienes absolutamente relación con el negocio del tabaco. ¿A qué te dedicas, hombre?

–Soy dueño de una tienda de comestibles, –respondió tartamudeando.

–Ummm… como muchos otros aquí, ¿no te parece? Creo que tu negocio tiene sobredemanda y es tan prescindible como tu presencia en esta reunión, –sentenció Kalvin, acompañado de otro ademán.

De inmediato, los hombres de Clinton levantaron al hombre, que permanecía arrodillado frente al magnate, lo escoltaron lejos de la residencia y desaparecieron en la penumbra de la noche.

–¿Alguien más que tenga alguna duda u opinión respecto de lo que estaba diciendo..? Bien, parece que no. Así que sigamos desde donde estábamos. La banda responsable de estos robos se compone de por lo menos tres personas: un hombre, una mujer y este mozalbete que ha dejado de ser problema. Lo que significa que la pareja debe seguir en algún lugar, no muy lejos de aquí o aquí mismo…

Mientras Lafayette hablaba, un resplandor anaranjado se apoderó del horizonte, acompañado de gritos de desesperación que provenían de la distancia. Las personas presentes no pudieron evitar distraerse con el segundo acto de este desagradable espectáculo.

–Pero qué audiencia más receptiva tenemos esta noche. Me alegra cuando el trabajo no es sencillo, pero las circunstancias lo facilitan. Aquello que notan, son las llamas del incendio que consume la tienda de quien hace unos minutos nos ilustró con sus opiniones. Por la mañana no quedará nada de ese lugar y verán cómo aquí nada va a cambiar, como la nula importancia que siempre tuvo. Si a caso le importaba a… ¿cómo dijo que se llamaba..? No importa, a él y su familia, pero para el amanecer ellos tampoco existirán. A partir de hoy todos son cómplices de esta banda, a menos de que me demuestren lo contrario, y cualquier comportamiento sospechoso será castigado. Espero haber sido claro, –concluyó Kalvin. Y mientras avanzaba el segundo tercio de su cigarro, los hombres de Clinton despejaron la calle frente a su casa, esparciendo a una audiencia enfurecida que debía tragarse su rabia por miedo a tener el mismo destino que JC, el tendero y otras muchas personas durante los últimos días.

–Carrigan, pasa, pasa… acompáñame a terminar esta obra maestra, –ordenó al viejo y ambos cruzaron el umbral del acceso principal de la casa. Una vez instalados en la oficina de Kalvin comenzaron a conversar sobre la pieza que Lafayette había decido fumar esa noche.

–Me alegra que te esté gustando, Kalvin. Este lo hicimos especialmente para ti, es un tabaco maduro de semilla cubana. Teníamos unas pacas reservadas para una ocasión especial y sabiendo que pronto será tu cumpleaños decidí crear una mezcla que sabía te podía encantar. Además el formato es único, tan largo y grueso como un cartucho de dinamita, pero con un sabor suave y amable con el paladar; una pieza que te puede acompañar por horas. Decidí nombrarlo KL, tus iniciales, como podrás deducir, –explicó el viejo tabaquero.

–Impresionante, Carrigan, realmente impresionante. Tienes razón, el sabor es agradable y suave, no me satura y lo puedo disfrutar por horas. Creo que cada tercio me invita a una bebida diferente. Probablemente un café para empezar a trabajar, complementaría con un poco de vino y podría terminar con un buen ron cubano para coger sueño. Creo que es lo mejor que has hecho hasta el momento, anciano. Te felicito por ello y creo que está de más advertirte que no quiero siquiera saber que algo de este tabaco especial ha desaparecido de tus bodegas, advirtió Lafayette.

–Por su puesto, Kalvin, lo sé muy bien. Y tú sabes que desde que conocí a tu padre, cada Carrigan ha sido diseñado para satisfacer el paladar Lafayette; una tarea que, debo decir, no ha sido fácil y con el tiempo no mejora, –expuso, entre risas discretas.

 

–Carrigan, viejo Carrigan, no malgastes tu suerte. Tengo interés y aprecio por lo que haces, pero no te confundas, eso es todo y no más. Te puedes retirar, mañana necesito una lista de todos y cada uno de tus empleados, horarios, inventarios; lo que se requiera para poderte apoyar. Mandaré a los hombres de Clinton para que se involucren un poco más en las labores de seguridad de tus campos y fábrica, –ordenó al viejo antes de despacharlo, mientras vertía un poco de licor en un fino vaso de cristal cortado.

–Pero Kalvin, eso no es necesario. Te he dicho que puedo asegurarme de que todo lo sucedido no se vaya a repetir, –expuso el hombre, aún sentado frente al escritorio.

–¿Cuántos ejemplos más necesitas, Monty? Aquí son todos o ninguno, así que si quieres seguir en tus asuntos déjame a mí en los míos. Colabora y calla, que no es tan complicado. No es nada personal, sino el mero interés de la ciudad, –concluyó Kalvin, extendiendo su mano en dirección a la puerta.

El viejo se retiró encogido de hombros, viendo cómo el futuro de la empresa que años atrás había creado se tambaleaba en las manos de un joven hijo de ricos, enfermo de poder, que no tenía control sobre sus acciones.

CONTINUARÁ…