El poderío de La Doña

Alberto Arizmendi

Los nombres de Jamel Jisset Amarante son de origen haitiano y se los debe a un tío, quien por encima de sus padres la declaró así. Nació y vivió su primera infancia en Restauración, pueblo y municipio de la provincia de Dajabón, a 365 kilómetros de la capital de la República Dominicana. Sin embargo, a los 8 ó 9 años, la niña que jugaba en el parque de esa región ganadera y maderera fue llevada a Santo Domingo por su prima Surelis Vargas, quien la crió como hija propia.

«Mi vida fue muy normal –cuenta–. La que puede llevar una muchacha que se va del pueblo para salir adelante, cuando ahí no tiene posibilidades de progresar. Había mucha necesidad e Inés, mi mamá, quien era conserje en el hospital, tenía que llevarme a su trabajo para no dejarme sola en casa». Fue por esas experiencias que Jisset, cuando concluyó el bachillerato, quería ser Médico. Pero como ver sangre le pone mal, no pudo, «no di con eso».

Entonces intentó en el sector turístico, en las áreas de viajes, eventos y la hotelería, pero no le gustó. Luego fue Asesora de Imagen, «eso sí se pudo», y atraída también por el sector Belleza dio en el clavo con una línea de artículos para el cabello bajo la marca Yandún Line. «Productos orgánicos para el crecimiento del pelo, contra la caspa, para las puntas… con champús, acondicionadores, gotas para el brillo, Antifrizz y queratina».

Ella gusta del emprendimiento, «de las mujeres que tienen la cabeza bien puesta porque hay que buscar el dinero, trabajar para suplir en la casa y a los hijos». Fue así como hace un año decidió ligar su afición por los cigarros con el negocio, y lo que comenzó como un hobby es ahora «lo mío», entrando al Mundo del Tabaco con una marca propia: Cigars Doña Jisset.

 

HISTORIAS TRAS LA DOÑA

Casada a los 19 años y madre a los 21 –ahora con tres hijos–, la vida Jisset dio un giro cuanto su príncipe se convirtió en villano. «Soy de las que si me tiran, me voy a agarrar y defender con uñas y dientes para no caer. Alguien que trabaja y se fajado fuerte sin tener que hacer cosas malas, pues todas las circunstancias de mi vida despertaron a un ser humano que lo hace todo por su familia».

Sus primeros recuerdos del tabaco se remontan a su abuelita, quien en el pueblo esperaba al mercado que llegaba los jueves para comprar Andullo. «Ella lo picaba y lo metía en la pipa. Entonces yo iba, cortaba un pedacito y me ponía a oler eso; un aroma que me encantaba. Recuerdo que además de pipa ella fumaba cigarritos que armaba con unas hojas amarillas, gruesas, y que cuando los encontraba por ahí, mal puestos, me gustaba ancenderlos».

Siendo adulta, Jisset consumía cigarrillos, pero descubrió los puros al asociarse con personas del ámbito político, convirtiéndose en aficionada hace siete u ocho años. «Tengo un Abogado que me dijo que gastaba mucho dinero en cigarros y era mejor sacar mi línea. Así que una noche, en el restaurante de un amigo, me puse a pensar en ello y me decidí. En cuestión de 20 minutos ya tenía el nombre, y en menos de un mes lancé la primera edición del producto, con anuncio en la tele y todo…

«Así soy –continúa–. Es La Manía de La Doña, porque si digo que ‘voy por ahí’, voy por ahí sin importar obstáculos ni nada. Cuando sé que tengo un objetivo, de alguna forma sale, porque siempre pongo a Dios en cada proyecto y en éste, así fue». El equipo detrás de la marca es un grupo de amigos de Tamboril que tienen una fábrica de cigarros y le orientaron para obtener un producto de calidad, «que gusta».

Relata que para esa primera producción, lanzada el 14 de marzo de 2023, no tenía dinero suficiente para los anillos. Así que mandó hacer los primeros con 10 mil pesos dominicanos y «aunque ni el nombre se veía bien, ya todo estaba programado no podía echarme para atrás». Afortunadamente la aceptación de sus puros fue inmediata, y tres meses después pudo obtener las anillas nuevas, profesionales, que llevan su propio rostro.

La marca mantiene dos líneas: Infinity Rouse, que es una liga suave con capa Habano 2000, capote Ecuador Sumatra y tripa Nicaragua, Pensilvania y Piloto Cubano, y La Mala, con capa Maduro, capote Ecuador Sumatra y tripa Nicaragua, HBA y Criollo 98. Ambas incluyen un Robusto de 5 pulgadas, cepo 50, y Toro, de 6 pulgadas, cepo 50.

Para celebrar su primer aniversario «por todo lo alto» está preparando un tour por el sur de Santo Domingo, y luego visitará Haina, San Cristóbal y Santiago, donde también hay personas que consumen sus puros. Además, pronto llevará al mercado una nueva línea llamada La Diva, actualmente en elaboración.

MODELO DE LA MARCA

Jisset prefiere los puros fuertes y La Mala es su línea favorita, en cualquier formato. Fuma entre tres y cuatro al día, y cuando está en casa sale al balcón o disfruta de un espacio en la azotea, «donde me delito». Gusta de acompañarlos con café, pero cuando sale, también con vino, champaña y hasta con agua.

«Si sigues así te vas a acabar la producción», –bromeamos. «Cállate, –responde–, que en Instagram me escribieron el otro día que me voy a fumar un cuatro de la ganancia… Pero la verdad es que mis puros se venden bien y tienen un precio asequible, porque los compran, y todo el que se fuma un Doña Jisset me hace algún comentario o manda un video, porque les gustan».

Y si al final el objetivo fue producir una marca propia para no gastar tanto, aclara que tiene un humidor repleto para fumar con los amigos, y si los quieren comprar también les vende. «Hasta yo misma me pago lo que consumo». Ser empresaria le ha permitido no sólo generar dinero, sino ganar respeto: «Ya no me dicen Jisset, sino La Doña, aunque hay quienes me sugieren cambiar eso porque no parezco la Doña con lentes y cabellos recortaditos…

«No soy una vieja –continúa–. Salgo con mis hijas, voy a la playa con esas mujeres que son de gimnasio y cuando me llaman ‘mami’ la gente voltea: ‘¿Tú eres la mamá de ellas?’. ¿Ves que yo no soy una Doña? Soy de andar maquillada, con peluca que un día es rubia, al otro negra y luego gris; me encanta todo lo que tenga que ver con belleza y por eso decidí ser la modelo de la marca, algo que también hace la diferencia».

Esa seguridad le brinda comodidad en una industria tradicionalmente masculina. «Hay quienes se sorprenden de cómo una mujer se ha metido en esto, porque voy al frente y entro a la fábrica para verificar la calidad. Pero aquí en Dominicana hay otras mujeres con marcas y yo me siento feliz, porque no tenemos que estar pegadas de un hombre para salir adelante ni hay razón para aguantar golpes, humillaciones o maltrato.

«Me encanta ser mujer en la industria porque me miman, siempre con cariño y respeto. De algún modo decidí quedarme con los hombres y eso finalmente me ha favorecido. Soy una mujer empoderada en un mercado competido donde cada producto tiene su público, y puedo asegurar que he fumado marcas famosas que no le dan ni a los tobillos a mi puros. Por eso digo que me ha ido de maravilla», afirma.

LA VIDA, AHORA MISMO

Actualmente Jisset piensa en exportar sus puros, para que en distintos países «se metan a La Manía de la Doña». Ha enviado producto de manera informal a Estados Unidos y Europa, pero gracias a unos amigos involucrados en el negocio en Miami, Florida, está «en los planes del papeleo para entrar allá». Le invitaron también a una cata en España, y aprovecharía para realizar los trámites necesarios y abrir mercado tanto en ese país «como en donde sea que se vendan».

Ella esperaría dedicarse únicamente al tabaco, vivir de esto, y por ello visualiza una empresa de grandes frutos que le permita –en algún momento– tener una fábrica propia «donde se haga todo lo mío».

Por las cosas que ha vivido, «las altas y bajas, quiero decir a las mujeres que sí se puede y no es necesario aguantar a un hombre para salir adelante. Que emprendan con lo que sea, que vendan cualquier cosa y pongan empeño en sus proyectos; hay que soñar alto y no bajar la cabeza. Yo pasé por mucho y ya todo quedó atrás. Ahora veo el presente, lo lindo que viene para mis hijos… traten de echar para adelante solas, o si tienen que pedir ayuda, háganlo».

A propósito de sus hijos, dice que levantarse todos los días y «que ellos vengan a darme un beso y decirme que soy la mujer más hermosa… Óyeme, nosotras somos hermosísimas, preciosas, delicadas. No nos dejemos amedrentar, humillar por nada ni nadie. Realmente necesitamos y merecemos todo el respeto del mundo, y a quien no te respete sácalo de tu vida, porque no es necesario estar con alguien así».

Las mayores pasiones de Jisset son sus hijos, ahora el tabaco y siempre la política. ¿Y cómo no?, en un país donde la gente está interesada permanentemente en el tema. No tengo fanatismo, pero en cuatro años me gustaría tener un cargo o postularme para servir a la gente desde alguna posición o puesto público.

La vocación le viene de familia, ya que su padre fue cuatro veces Alcalde de Loma de Cabrera. Aunque ella es una mujer sensible a quien le gusta más dar, compartir… «hacer el bien sin mirar a quién». El pasado 6 de Enero, por ejemplo, Día de Reyes, fue al barrio Los Mameyes para repartir 80 cajas con despensa y juguetes para los niños. Una señora que iba al colmado le agradeció mucho, porque tenía 100 pesos para aceite y ahora los podría usar para comprar pollo.

Regresar a su pueblo o al barrio cada vez que puede, para hacer algo bueno, es una manera de corresponder por lo recibido. «Cuando me vine del campo alguien de ahí me fiaba la comida y yo estoy eternamente agradecida». Un ejercicio que le permite verse en retrospectiva: «Yo digo que Dios ha tenido mucha misericordia conmigo. Veo atrás y digo ‘Señor, de dónde me has sacado…’. Ahora estoy bien porque me sostengo, tengo mi empresa y a mis hijos no les falta nada».