
PARTE II
Visitar un nuevo país y experimentar sus costumbres, con ansias de saber si tus expectativas se satisfacen o superan, es algo que siempre impulsa a seguir adelante. En Honduras conocí el interior de una industria tabaquera, veguera y fumadora, tras recorrer más de mil kilómetros por tierra junto a grandes amigos, buenos puros y paisajes hermosos.
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Gracias a nuestros anfitriones y a la fábrica Raíces Cubanas, visitamos un cultivo de tabaco ubicado en El Paraíso, donde vimos los procesos de preparación del campo entre cosechas, siembra, invernadero, desbotonado y galeras; es decir, toda la fase preindustrial.
En Honduras se siembra tabaco durante todo el año. La primera cosecha es entre febrero y marzo, y la segunda, de octubre a noviembre, con periodos de preparación de la tierra entre ambas. Es entonces cuando se evalúa si la superficie agrícola requiere nitrógeno o carbono. En el primer caso se utiliza frijol, y en el segundo, maíz, que luego se reparten entre los empleados.
En cada campo o mancha hay varios invernaderos tapados, provistos de tierra fértil complementada con ciertos nutrientes, para generar plántulas fuertes que, tras 15 días, aproximadamente, se trasladan a bandejas con espacios individuales y se riegan a diario para garantizar su adecuada germinación.
Luego de 23 a 27 días se llevan a otro invernadero, según su tamaño, y dos semanas después se trasplantan en campo, donde posteriormente manos expertas las seleccionan y dividen entre las destinadas a producir hoja para puros, y las que por su falta de fuerza en tallo, raíz y hojas darán semillas para la cosecha siguiente. Éstas últimas se dejan florecer, no se desbotonan, y en cada mancha generan copas de flores rosadas que coronan un plantío verde tupido de sueños y humos futuros.
Caminamos entre surcos cuidadosamente labrados, que una lluvia torrencial regó. Nuestros zapatos –burros llaman a las botas de trabajo– se hundían en un suelo de composición franco arenosa, típica de los campos tabacaleros. El sol quemaba la piel, y con unos 36 o quizá 37 grados de temperatura, un vaho salía de la tierra, producto de la evaporación del agua que antes nos hizo correr.
La vida en el campo de tabaco es impredecible; unas veces seca, otras, húmeda; caliente o más caliente, pero finalmente hermosa, verde, florecida e importante para una industria que, sin todo esto, carecería de materia prima de calidad. Aquí cada mano, cada persona y cada aporte son fundamentales para una empresa que presenta un puro, al que anteceden más de 500 manos y tratamientos.
En el campo nos acompañó un veguero cubano con más de 25 años de experiencia. Nos recibió con un morral rojo terciado a su espalda, del que sacó unos puros torcidos por y para él, y que decidió compartirnos durante la caminata… Qué placer y honor fue encenderlos y ver su sonrisa en la primera calada. No es lo mismo fumar de una caja, que uno de los cigarros de ese morral rojo, pues saben a historia, a Honduras y a felicidad.
Pudimos ver la división del campo de acuerdo con los tiempos de siembra, de desbotonado y selección de plantas. La sabiduría del veguero radica en que aun cuando todas las plantas siguen el mismo proceso, no a todas se da el mismo destino. El tabaco no posee raíces grandes ni muy fuertes; debe sembrarse, en la medida de lo posible, en suelos llanos y franco arenosos, y sólo las plantas que evidencian la brella o breya servirán para producir hoja, pues tendrán alto contenido de nicotina y serán fuertes y saludables.
El término brella o breya no se encuentra en los diccionarios, pero de acuerdo con Fernando Sanfiel, su raíz española es Brea: sustancia negruzca y pegajosa que se utilizaba para calafatear los barcos, también conocida como La Pez. Procede de la resina (sabia) de los pinos y se percibe al tocar ciertas plantas que pueden adherirse a las manos y ropa, y hasta dejar los dedos resinosos.
Ahora bien, hay cuadrillas que siembran las plántulas que salen del invernadero; otras, desbotonan las plantas, que alcanzan un metro o metro y medio de altura, y otras más revisan que luego de este proceso no tengan “brotes” nuevos o hijos, que deben retirar. ¿Para qué desbotonar? Nuestro veguero explicó que así se da más fuerza a la planta, las hojas serán más grandes, y por lo mismo también se deshija… Por último, cada cierto número de días se realizan cortes, llevados a las galeras para su secado inicial.
Pasamos entonces a la galera o casa de secado, un galpón de madera de unos 30-40 metros de alto, con ventanas de zinc arriba y abajo, para controlar el aire, temperatura y humedad. En varas de madera, llamadas cujes, se cuelgan 33 pares de hojas por corte, iniciando el secado; un proceso complejo mayoritariamente a cargo de mujeres, quienes con hilos gruesos de colores cosen las hojas para diferenciar los cortes de la planta, a partir de pisos foliares: ligero, centro gordo y viso, entre otros.
Como El Paraíso es un lugar de clima impredecible, donde la lluvia puede caer sin previo aviso por sólo unos minutos o durante días, la supervisión de las galeras es constante. Se busca mantenerlas –como nuestros humidores– con una humedad de entre 65 y 70 por ciento, y una temperatura de 18 a 20 grados.
Ahí probamos por vez primera calillas de viso, seco, volado y ligero tomadas directamente de los cujes: una experiencia única, más allá de catas, clases y manuales. Es la realidad de la industria desde su génesis y razón de ser. ¿Cómo no sonreír al ver cómo toman una hoja en proceso, seleccionada por el agrónomo y sus ayudantes, para que se role y pruebe antes de ir a la fábrica? Esto es el Mundo del Tabaco antes de cajas y anillas; la conjunción de sus elementos en un momento íntimo y único.
Al regreso tomamos nuevamente la carretera accidentada, donde los baches se disimulaban con el agua de la lluvia reciente y atacaron la suspensión del auto, como advertencia para quienes se van: “No salgan, es mejor adentro, es más puro y natural”. Y sí, definitivamente lo es…
CONTINUARÁ…
*Abogado colombiano, Especialista y Máster en Derecho Procesal, Habanos Junior certificado por Academia Habanos y Cigar Sommelier certificado por la International Association of Cigar Sommeliers (IACS).






