¿Cuál es el mejor cigarro? El que se vende: Javier Elmúdesi

José Javier Elmúdesi Rodríguez es el gerente de Asuntos Industriales de Tabacalera de García. Es Ingeniero Industrial y cuenta con una maestría en Administración de Empresas. Nació en Santo Domingo, República Dominicana, en el seno de una familia con arraigados valores católicos y un sentido muy fuerte de la unión familiar. 

Tabacalera: encuentro con el tabaco

Sin embargo, aunque su familia no viene de una tradición tabaquera, siempre estuvo relacionado con el tabaco de alguna manera.

“Mi abuelo sí fumaba cigarro. El fumaba cigarro de La Aurora y escogía sus cigarros de manera tal de asegurarse que ninguno tuviera hoyitos, gorgojo. Y entonces se llevaba 20 cigarros y esos se los llevaba para fumar una semana, pero siempre andaba con su cigarro y le encantaba fumar”, recuerda. 

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Su primer contacto directo con el cigarro lo tiene a su llegada a Tabacalera de García, en 1996. La madre de su esposa era muy amiga del en ese entonces gerente de la fábrica, José Seijas. “Tenían una relación muy estrecha y ella le pasó mi currículum a don José en un momento en el que estaban necesitando un gerente para una operación que había aquí en la fábrica de ensamblaje de estuches de pintalabios”.

En esos tiempos, el dueño de la fábrica era también propietario de la marca de cosméticos Revlon, por lo que aprovechaban la fuerza de trabajo de la fábrica para ensamblar estuches de labiales. “Era una operación muy limpia, llegamos a ensamblar hasta 40 millones de estuches en un año”. 

Su primer cigarro se lo dio el propio José Seijas, con quien trabajó de manera muy cercana. “José Seijas me agarró mucho cariño desde el primer día que entré. De hecho, yo trabajaba en una oficina que estaba cerca de la de él, en la misma estructura y por las mañanas entrábamos a reuniones, todo mundo fumaba y él veía que yo cogía un cigarro y fue a mi oficina a decir que íbamos a hacer algo, que sabía que yo quería empezar a fumar y entonces me pidió que iniciara con un Vega Fina Regular que salió en 1998”. 

“Me dijo que yo iba a fumar ese cigarro por un tiempo porque no quería que me diera algo de fortaleza mayor y que me viera frustrado por alguna mala experiencia. El paladar había que irlo trabajando y yo me llevé ese cigarro de José y todas las mañanas me fumaba un Vega Fina con café y por la tarde otro. Poco a poco fui aumentando fortaleza y complejidad y entiendo que es la manera correcta para comenzar a fumar cigarro”, explica. 

Javier Elmúdesi afirma haber tenido la gracia de contar con los mejores mentores de la industria del cigarro desde que comienza a trabajar en el departamento primario de hojas de tabaco, en los procesos de acondicionamiento de hojas, donde conoció a George Herschel y Nick Van Holden, que en ese momento eran los que compraban todo el tabaco para Consolidated Cigar, y a Julio Aponte, quien trabajó más de 50 años comprando tabaco. 

Asegura que esos años fueron muy importantes, porque ir a los campos, trabajar con los suplidores de tabaco, es una “experiencia que forma las bases de lo que es esta industria maravillosa y para mí sería el paso correcto a dar para todo aquel que vaya a insertarse aquí, empezar por el tabaco como hoja”. 

Ubicado ya en el área de tabaco de la empresa, se dedicaba a probar las ligas de los cigarros que van a lanzar al mercado. “Se fumaba casi diario, en cualquier reunión probábamos una liga y otra, era un proceso dinámico. Cualquiera del grupo podía llevar una liga nueva o la mejora de una que hubiera fumado y en esa reunión se hablaba de qué se le podía mejorar y eso creaba esa experiencia y conocimiento sobre lo que era el uso de distintos tipos y grados de tabaco para distintas experiencias de fumada”. 

Fumar todo el tiempo, la responsabilidad del master blender

Ese fue el antecedente de lo que sería el Grupo de Maestros, trabajando de la mano de Néstor Rodríguez, Pedro Ventura, Víctor Ávila, José Seijas, Cándido Rosario y Carlos Travieso. 

“Fue algo que se formó porque era responsabilidad de nosotros estar fumando, no solamente para asegurar la consistencia de las marcas que había que mantener, sino también para uno porque el mercado demandaba cosas nuevas, innovaciones. Hoy en día, el 30 por ciento de lo que se vende en el año son innovaciones y hay que estar continuamente buscando algo nuevo para el consumidor”, destaca. 

Convertirse en un maestro, en un master blender, es una labor de años en la que hay que probar una infinidad de variantes de tabaco para educar al paladar, refiere. 

“Nosotros aquí siempre hemos trabajado con 13 diferentes, hasta 14 diferentes orígenes para tripa, de seis a siete de capote y hasta de 14 diferentes orígenes de capa. Entonces, cuando yo te digo un origen, por ejemplo, un tabaco dominicano donde hay tres variedades de semilla, cuatro diferentes regiones y cuatro posiciones diferentes de grados en la planta, sólo fumando es cuanto tú sabes que este cigarro tiene un 33 por ciento de piloto dominicano, que tiene un 30 por ciento de Nicaragua, que le pusiste algo de peruano con un capote olor dominicano”, expone. 

Javier Elmúdesi ejemplifica con la producción de un cigarro de edición especial para una familia con la que trabajaron durante muchos años. “Hicimos una siembra para esa edición, con tiempo, su fermentación adecuada, utilizamos también Piloto de la Canela de ellos mismos. La cuestión fue que sacamos un cigarro que no se parecía a ningún otro cigarro. Ese es el tipo de cosas que hacemos cuando el mercado pide innovación”. 

Explica que lograr una nueva liga puede tomar hasta nueve meses, y más cuando se tiene un inventario de hoja de alta calidad como en Tabacalera de García. “En aquellos tiempos teníamos un mínimo de 24 meses de inventario de hoja de tabaco de todas esas referencias y eso no lo podía tener cualquier industria; entonces es una ventaja muy importante y realmente éramos niños jugando con una gran cantidad de juguetes. Eso es lo que realmente da la forma de desarrollar las ligas”. 

La pandemia cambió muchas cosas en todo el mundo y la industria tabaquera no estuvo exenta. Javier Elmúdesi destaca una transformación en los procesos de producción y de promoción del tabaco, que incluyeron la adopción de la tecnología, las reuniones y fumadas a distancia y los turnos alternados en la fábrica a causa del obligado distanciamiento social.

Además, ese periodo representó un gran reto, pues mientras se obligaba a reducir la producción de cigarros, la demanda se disparó. Y para la fábrica más grande del mundo fue todo un desafío, pues tuvo que redoblar esfuerzos en la contratación de su personal para atender a un mercado en expansión.

En ese sentido, señala que Tabacalera de García atiende dos mercados: el de los Estados Unidos, a donde va el 60 por ciento de su producción, mientras el restante 40 por ciento se comercializa en el resto del mundo. 

El mercado estadounidense, considera, se va a orientar más a cigarros de alta complejidad y fortaleza, sobre todo entre el segmento de los jóvenes. Además, el fumador norteamericano es exigente y sabe lo que está fumando, por lo que hay que trabajar en la consistencia entre el precio y la calidad del cigarro. 

A su vez, advierte que el mercado internacional también irá hacia cigarros de mayor complejidad. “Pero al final, yo entiendo que el fumador va a reconocer, lo que es como el vino, cuando un cigarro tiene un tabaco que ha sido bien fermentado, bien añejado. El mercado está cada vez educándose más y más”. 

Javier Elmúdesi enfatiza que la compañía está preparada para fabricar lo que el mercado está pidiendo. “¿Cuál es el mejor cigarro? El que se vende. Y el que se vende a un precio considerable”, subraya.