Arturo Fuente Flor Fina Anniversary Candela

Tobaccology

Luciano Quadrini

Todos hemos escuchado alguna vez el dicho “nunca juzgues un libro por su tapa”, y aunque considero esta frase un sabio consejo, creo que es un arma de doble filo. Obviamente que la primera impresión cuenta y -a veces- juzgar nos evita decepciones, funcionando como un mecanismo de defensa. Otras, nos bloquea y nos hace perder oportunidades de conocer a gente interesante, probar comida diferente o experimentar algo nuevo.

Mi primer encuentro con un puro con capa Candela fue en Bellagio Habanos Lounge. En una de esas relajantes visitas, un mes antes de recibirme de médico, y al poco tiempo de enterarme que Gabriel EstradaHombre Habano 2019, y Jessica Giordano hicieron posible la llegada de la marca Arturo Fuente a la Argentina.

Decidiendo que iba a fumar ese día y escuchando las novedades que ambos tenían para contarme, apareció en mi campo visual algo que solo había visto en fotos y videos: un puro que parecía haber recibido radiación gamma al mejor estilo “Hulk” y que ostentaba una fina y delicada capa color verde. Despertó mi curiosidad al instante, y no dudé en fumarlo y comprometerme a investigar todo lo que pudiera sobre esa extravagancia.

Para empezar, la capa Candela o como también es llamada, “doble claro”, no es un tipo particular de tabaco, sino que se logra mediante un proceso a partir de hojas que pueden tener distintas procedencias como Connecticut, Cuba, Ecuador, Republica Dominicana, Nicaragua, etcétera.

 

Este proceso fue originado como resultado de un accidente en Cuba en la década de 1940, mientras en Estados Unidos había una enorme demanda de cigarros suaves, y la capa Candela vino a satisfacer esa necesidad, gozando de su auge de popularidad entre 1950 y 1970, siendo los cigarros más fumados por los norteamericanos en esa época, a tal punto que se los ha llegado a llamar los “American Market Selection”.

Los trabajadores cubanos utilizaban calor para aumentar la temperatura de los galpones donde se curaban las hojas de tabaco para balancear el exceso de humedad, y si la temperatura aumentaba demasiado, las hojas mantenían la coloración verde. El exceso de calor incrementa la velocidad del curado del tabaco, haciendo que este conserve la clorofila que le da esa coloración verdosa a la hoja, que va desde un verde amarillento, pasando por un verde eléctrico y llegando hasta un verde oscuro.

El proceso comienza en el galpón donde se cuelgan las hojas recién cosechadas. Las paredes son cubiertas con cartón o papel para cubrir las grietas, y se procede a abrir las ventilaciones de la parte inferior del mismo, permitiendo al aire caliente fluir hacia la ventilación superior ubicada en el techo del galpón.

Para elevar la temperatura se emplean estufas de propano o incluso carbón vegetal, y el calor asciende llevándose consigo la humedad de las hojas. Este debe incrementarse muy lentamente. En las primeras dos horas el calor debe llegar a los 90 grados, pero en la tercera hora hasta los 100 grados.

Luego de 40 a 48 horas el tabaco se ha secado, con excepción del tallo, que emplea bastante más tiempo en secarse que el resto de la hoja. Para esto, los trabajadores proceden a cerrar las ventilaciones de la parte inferior y elevan la temperatura a unos 165 grados para remover la humedad restante de los mismos. Esto conlleva aproximadamente 24 horas y termina de secar por completo el tabaco.

 

Después de un total de 60 a 72 horas de que el tabaco estuvo curándose de esta manera, la clorofila queda bloqueada dentro de las hojas, y ahora se debe rehumidificarlas para poder removerlas del galpón sin que se estropeen. Y en este paso juega un papel fundamental el clima. Si esta muy ventoso se utilizan humidificadores eléctricos, pero si el clima es propicio se abren todas las puertas y ventilaciones del galpón, permitiendo al rocío nocturno humedecer lentamente las hojas.

Luego, las hojas son recogidas, ordenadas y clasificadas, para a continuación ser empacadas en cajas. Con el total del proceso el tabaco queda listo para ser fumado en tres días. Pero hay un detalle más, la capa Candela no puede ser almacenada en depósitos convencionales de tabaco, sino que estos deben estar refrigerados.

Al momento de manipularla los torcedores deben tener especial cuidado con mantener sus manos secas, ya que son hojas muy frágiles y además el agua puede teñirlas.

Conocer este camino que debe recorrer la hoja para llamarse Candela me resulta por demás interesante, creo que es una tradición que debe mantenerse viva y perpetuarse, ya que forma parte de la historia misma del tabaco.

La teoría es perfecta, pero si no se correlaciona con la práctica nos estaría faltando una pieza del rompecabezas, así que me dispongo a fumar esta joya dominicana de Arturo Fuente: Flor Fina 8-5-8 Anniversary Candela. El único puro con capa Candela disponible en Argentina que llega a nuestras manos gracias a Bellagio Habanos Lounge.

Un puro de 6 pulgadas de largo y un cepo de 47, elaborado con capa Connecticut Candela, con tripa y capote de Republica Dominicana. Al comenzar con el análisis organoléptico advierto visualmente una capa fina y delicada, con poca cantidad de venas y de color verde mate, para nada oleosa.

A pesar de la delicada capa, la construcción se percibe firme al tacto y pareja en toda su longitud. En frío se detectan notas a césped, lemongrass, té verde, aromas florales y un dulzor como de almíbar, y parecería ser que la capa nos estuviese incitando a este perfil de notas “verdosas”.

Ejecuto un corte recto como de costumbre con una guillotina de doble hoja y el color marrón de la tripa ahora contrasta en la perilla con el verde de la capa que la rodea. Enciendo lentamente con encendedor tipo torch y me sumerjo en las primeras caladas. El comienzo es muy amigable tanto por el tiraje, que es perfecto, como por el perfil de sabores que dan la bienvenida.

 

Esa nota herbácea -que se sugería en la capa en frío- ahora se evidencia en el humo de las primeras caladas, con menos definición, pero ahí está. Las reminiscencias a césped recién cortado acarrean una agradable acidez que está balanceada por un dejo dulzón que se queda en los labios y le siguen notas a pan recién horneado que vienen a darle un poco de cuerpo a esas puntas ácidas. De repente surge la pimienta blanca, muy sutil, asentándose sobre el paladar y en la porción anterior de la lengua y disipándose fugazmente a los pocos segundos de exhalar el humo.

El retronasal es agradable y permite percibir mejor el papel que juega la pimienta y lo bien que está balanceada con el resto de las notas que se detectan. El dulzor es como de almíbar, pero no es constante, sino intermitente, sobrepasado por la pimienta y las notas herbáceas. La ceniza al principio se abrió un poco, pero a los pocos milímetros supo acomodarse por sí misma.

El segundo tercio comienza más dulce. Ahora la nota tiende más hacia el caramelo, abarcando más espacio en el abanico de sabores que en el primer tercio. Las notas herbales ahora viran hacia la madera de cedro. Surgen aromas a té verde, de los cuales habíamos tenido un adelanto en la cata en frío. La pimienta aminoró la marcha y se podría decir que se tomó vacaciones. Ahora, la fumada se torna más fresca en cuanto a sabores, dejando una sensación en boca similar a la menta.

Paulatinamente va emergiendo una nota a almendras, de las cuales no tenía pistas hasta el momento. La ceniza es oscura por fuera (por la combustión de la capa Candela), pero por dentro se ve bien blanca. La combustión es pareja, a pesar de que estoy fumando en un parque y corre algo de brisa.

Arribando al tercer tercio el cedro se coloca en primer plano. Aparecen notas a nueces seguidas por notas herbáceas que persisten aún en esta etapa de la fumada, pero ahora asemejándose a hojas secas. El dulzor que iba en decenso terminando el segundo tercio ahora vuelve dando pequeños saltos intermitentes.

El tercio va asentándose y aparecen notas más oscuras como el cuero (aunque bastante sutil), el café y un poco de heno. La fortaleza apenas se eleva y el retronasal continúa agradable hasta las últimas caladas.

La experiencia ha sido completamente agradable y a pesar de que no es un tipo de puro que esté acostumbrado a fumar, afirmo -sin duda- que volveré a hacerlo. Así como con los libros, nunca juzgues a un puro por su capa.