
Desde la República Dominicana, que es su casa, Luis Márquez y Vivian Torres se han impuesto como misión aportar al resurgimiento de la industria y la cultura del tabaco en Puerto Rico, la tierra que los vio nacer. Para ello se han metido de lleno en un sector que conjunta las tareas agrícolas, de preindustria y la manufactura de cigarros, a través de su Tabaquera Márquez Torres y los nuevos productos de Márquez Torres Cigars.
Él es un hombre apasionado; ella, una mujer empoderada, y juntos encabezan a una familia que ha sobresalido en distintos negocios, a los que también llevan sus aficiones. Ejemplo de ello son los gallos de lidia o de pelea –con los que ganaron un campeonato mundial–, y desde hace algunos años el tabaco, que comenzaron a explorar desde la siembra y comercialización de hojas procesadas, cerrando el círculo con la producción de una marca propia de puros.
Aunque no todo es dinero. Porque independientemente de que cada negocio genera economía que también ayuda a familias puertorriqueñas y dominicanas, les guía el afán de revivir una cultura del tabaco que en otros tiempos fue muy importante en la Isla del Encanto, y de fomentar la convivencia y unión entre las personas. En torno de un cigarro, conocerse y pasar tiempo de calidad.
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Luis Márquez es conocido como Pito Márquez, debido a esos silbatos alargados con los que sus amigos comparaban a ese jovencito delgado de la ciudad de San Juan, que años más tarde emprendió junto con su esposa, Vivi, un negocio de manufactura de puertas y ventanas, cuando esa actividad no existía en Puerto Rico. El éxito, como en todo, «gracias a Papá Dios», fue resultado de trabajo arduo y muchas noches de desvelo.
Desde hace casi tres décadas emprendieron negocios en la República Dominicana, tanto en Santo Domingo como en La Romana, pero debido a su afición por los gallos se ataron a Santiago, donde residen, y fue ahí donde les surgió el amor y la pasión por el tabaco.
Precisamente las amistades de Luis en los gallos le llevaron al tabaco. Él antes no fumaba ni cigarrillos, pero cuando en las reuniones comenzaban a cambiar el tema y salían los cigarros, sólo le quedaba escuchar. Así que comenzó a probarlos y les fue tomando un gusto creciente que le llevó a estudiar online y a obtener la certificación de la Cigar Academy, en la que ya inició el curso de Habanosommelier.
Hace casi cuatro años que incursionó en la siembra. Platicaba con los cosecheros, quienes se quejaban porque los compradores no querían pagarles bien por su tabaco, y de pronto, sin darse cuenta, ya estaba involucrado en eso. «Empecé a financiar a productores que estaban abandonados económicamente, a revender esa hoja o quedarme una parte y compartir con ellos o con amigos, para dividir el gasto.
«Comencé a conocer del Corojo y el Olor Dominicano (variedades), y a saber que no es lo mismo el Olor de Navarrete que el de Villa González o Tamboril, ni el de Yamasá». Así que volvió a la escuelita y la vida le llevó a sus raíces. Sembró su semilla, porque al gustarle un tipo de hoja quiso hacerla a su modo, y de El Cibao, donde financia algunas tareas, ahora cultiva el equivalente a 19 hectáreas en San Juan de la Maguana –el sur del país–, donde es miembro de una asociación de productores de tabaco.
Cultiva T-13, una variedad desarrollada por el Instituto del Tabaco de la República Dominicana (Intabaco), además de Criollo 98 y Olor Dominicano. Para la próxima cosecha, en octubre, techaría algunas tareas para ver cómo salen unas hojas de capa con una variedad Habano; mientras que en una zona cercana a Tamboril buscaría sembrar también «unas cuantas» tareas.
El procesamiento del tabaco lo hacen en su rancho, en Santiago, donde también crían a los gallos. En las instalaciones realizan los procesos de fermentación de las hojas, despalillado, clasificación y finalmente las pacas. De hecho, en pocos días estará listo un Aging Room para pacas, «con las condiciones y equipo adecuados. Se trata de hacer las cosas bien, porque ante la alta demanda no se da al tabaco el tiempo necesario para que su calidad dé origen a productos premium».
Es difícil encontrar tabaco añejado 2, 3 ó 4 años. «Yo quiero hacer eso –afirma Luis–, pero documentado. Es decir, que pueda comprobarse que una paca se guardó desde tal fecha y se abrió en tal otra… el tiempo necesario».
Desde su experiencia, «cuando uno comienza a fumar va buscando anillas, marcas, y se toma una foto con determinados cigarros. Pero cuando estás en esto quieres sacar tu propia marca», dice Luis. Así que buscó la ayuda de personas con gran conocimiento y encontró a grandes seres humanos. A un tabaquero le llevaba la materia prima que compraba y en su pequeña fábrica inició la producción, que ahora realiza con otro artesano en una fábrica que comparten, incluyendo algunos tabacos propios.
Desarrollaron conjuntamente tres blends, que explica de una manera peculiar: «Hacer una mezcla de tabaco y tener éxito es como sucede con las canciones. Puedes tener la mejor canción y nunca pegarla, pero también puedes tener la peor, y pegar… Estamos en esta aventura con tres cigarros que para mí son muy buenos y debemos buscarles exposición; que la gente los pruebe y pueda opinar».
Personalmente le gustan los cigarros fuertes, pero orientaron su oferta hacia un público amplio. El primero es un puro de 5.5 pulgadas, cepo 54, con capa Negro San Andrés México. «Un cigarrito bastante medium, muy bueno, llamado Pito Márquez. Básicamente es mi apodo, porque la vitola no tenía un nombre y lo estuvimos regalando entre las amistades y queridos, quienes informalmente lo bautizaron así».
De ahí pasaron a un Toro de 6 pulgadas, cepo 56, con capa Habano 2000 Ecuador y capote Corojo, denominado Don Márquez en honor de su padre, quien era un hombre de carácter serio, fuerte, que califica como «fantástico», y un Churchill de 7 pulgadas, cepo 50, también de capa Habano 2000 Ecuador, pero capote San Vicente. Fuera de las capas, se trata de mezclas dominicanas, básicamente.
«El Churchill lleva en su segunda anilla la inscripción de Edición Limitada, porque incluye entre sus hojas tabacos con dos años de guarda certificada y será imposible volver a conseguir las mismas hojas, del mismo sector. Y ahora mismo reposa un cigarro nuevo que está brutal… Imagínese que sólo en la tripa lleva seis variedades».
Sobre su presentación, del fondo negro de la anilla principal sobresalen las iniciales «MT», los filos y otros detalles en color oro viejo, que en segundo plano llevan, en gris, un manojo de tabaco. La vitola se cierra con un círculo que contiene la bandera de Puerto Rico, «porque no podía dejar de sacarla –explica Luis–, aun siendo Made In República Dominicana.
Durante la entrevista, celebrada en el marco de la feria comercial de la Premium Cigar Association (PCA) en Nueva Orleans, la pareja explica que los planes de las empresas Márquez Torres avanzan en Puerto Rico; mercado que junto con los Estados Unidos constituye su primer objetivo.
Con licencia para importar y exportar tabaco en ese país, muy pronto abrirán varios cigars y un centro de distribución de manera simultánea. Están en los aeropuertos, pero tienen vitrinas humidores grandes y medianas con productos de diversas marcas, incluyendo la propia, que colocarán en distintos comercios, restaurantes y hoteles.
Luis relata que durante los años cincuenta del siglo pasado, Puerto Rico era el quinto país distribuidor de tabaco en el mundo y ahora no figura, simplemente no está. Esto, sin restar mérito alguno a la República Dominicana, Cuba, Nicaragua u Honduras: «Cuando antes del embargo Cuba le suplía, José Padrón dijo en una entrevista que al haber una plaga allá, Puerto Rico era el único país del que podía obtener tabaco de la calidad que requería. ¿Por qué ahora no? Eso me abrió los ojos sobre el mercado de los cigarros y el cultivo».
Esperará a que el nuevo Gobierno puertorriqueño se asiente, para ver de qué forma puede ayudar a los productores de tabaco y ser competitivos frente a otros países, porque allá el salario mínimo es de mil 600 dólares al mes y sería imposible pagar eso. «Podemos empezar a manufacturar allá, puedo llevar mis tabacos y procesarlos. En el futuro estableceremos una fábrica, pero sin tocar la de República Dominicana… Sin embargo, lo que más me gustaría es sembrar».
Por el momento, respecto de sus productos, Luis y Vivian se han concentrado en darles promoción, para que la gente los pruebe. Este año han asistido como espectadores a los festivales Procigar, en República Dominicana, y al del Habano, en Cuba. También es su primera vez en la feria comercial de la PCA. «Venimos a ver cómo funciona y el año próximo estaremos como exhibidores, tal y como haremos este mes en la Dominican Cigar Expo».
Consideran que les hace falta un poco de exposición. «No es dar un pasito… soy una persona ambiciosa en el buen sentido –continúa él–. No me refiero a acaparar, sino a que me gusta hacer las cosas bien, y en grande. Hablamos de una carrera muy corta en el Mundo del Tabaco, pero la hemos asumido con mucha seriedad, muy comprometidos, y todo va bien».
Vivian dice que Luis trae el comercio en la sangre y es alguien que nunca pasará desapercibido, porque es muy dedicado y tiene éxito en cualquier cosa que emprende. Es claro que para entrar a esta industria se requieren fondos «y él agradece a Dios porque hemos tenido la posibilidad económica para hacerlo. Tenemos mucho por aprender, pero deseamos poder tenderles la mano y ayudar a mucha gente, que es lo importante».
Él dice que ella no sólo es su esposa, sino un ángel en su vida que le orienta y apoya, al grado de que si mañana quiere poner un negocio de bicicletas, ella se envolvería en el tema y siempre manejaría una. «Ahora está muy metida en el campo, va con quienes siembran y les lleva café, agua… y yo digo que me los echa a perder, porque los consiente mucho», cuenta, entre risas.
Coinciden en que verdaderamente se complementan, pues mientras una es el eje de la formalidad que concentra su atención en los proyectos, otro puede ser más arriesgado y el balance es necesario para tomar decisiones correctas. Dos hijos varones y una mujer son también la razón de todas sus acciones «y se les toma en consideración. Si dicen que no, no va, porque es muy importante que todos estemos montados en el mismo barco».
Hay también dos nietos pequeños, a quienes Luis imagina cabalgando en el rancho. Aunque en todo caso, con el propósito de dejar huella, les gustaría que todos ellos guarden ese sentimiento «de que papá y mamá pasaron por ahí dejando una estela y seguir ese camino fue bonito».
Entre la República Dominicana y Puerto Rico, no sienten que alguno sea más su país que el otro. «Ambos son nuestra primera opción y estamos como miti miti, por la familia, nuestras amistades y los negocios». Así que los planes de revivir la cultura del tabaco en un lado se complementan con el otro, donde es muy normal ver a las mujeres fumar cigarros: un tema del que se debe hacer conciencia, por el papel fundamental que ellas desempeñan en la actualidad.
«Que los hijos se sienten con nosotros a fumar, mientras dejamos a un lado el teléfono celular y nos ponemos a tomar un cafecito, un whiskito, nos ayuda a conocernos. Se trata de apoyar que eso suceda, porque podemos tener este cigarro, sentarnos en una mesa y compartir tiempo de calidad».






