Roque Tejada, el camino del Master Blender

Con más de dos décadas de experiencia en la industria y tras ocupar distintos puestos en empresas de la talla de Davidoff, Roque Tejada emprendió un camino nuevo al lado de su amigo y socio Yovanny Pérez, con quien dos años atrás fundó Tabacalera La Lealtad. Así, desde Villa González, en la provincia de Santiago, República Dominicana, no sólo mejoraron y relanzaron Marvanny Cigars, sino que manufacturan distintas marcas privadas que aportan al crecimiento sostenido de la compañía.

Mientras que Yovanny se ocupa fundamentalmente de los temas comerciales y administrativos, Roque es el Master Blender encargado de crear las mezclas y de la producción. Ambos combinan sus talentos y energía con base en los valores que sirven de guía a todos quienes participan en esta empresa: pasión, dedicación y, sobre todo, lealtad.

Iniciaron en un espacio pequeño de la fábrica de un amigo, quien les prestó el lugar durante tres meses. Pasado ese tiempo consiguieron otro lugar, y les conocimos justo cuando terminaron de acondicionar una casita en la que fue necesario modificar la fachada, construir un espacio para la oficina y un saloncito de espera, así como adecuar las áreas para empaque, bodega y un Aging Room. Ahora los visitamos en una nave industrial, que da cuenta de su éxito y progreso.

Lee en la revista (gira tu dispositivo para mejor experiencia de lectura):

Formación desde la infancia

La historia de Roque, nacido en Villa González 43 años atrás, es la de un niño que creció en una familia de cosecheros de tabaco. Nada en el campo le era extraño, pues desde trabajar en las tierras de su abuelo paterno hasta el aroma de las hojas cuando se cortan y en la casa de curado, o cuidar los campos de noche, fueron parte de su formación.

Su madre fue despalilladora y él ayudaba en sus tiempos libres a separar las hojas. Luego, a sus quince años comenzó a trabajar en las parcelas y aprendió a deshierbar, a desbotonar las hojas y buena parte del proceso de cultivo. Se apasionó por el tabaco, y fue precisamente su mamá quien le incentivó a inscribirse en el Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep) para aprender a elaborar cigarros.

Cuenta que a los 15 días ya sabía pegar un puro y querían enviarlo a Quesada Cigars Factory, pero se decidió que terminara el curso de capacitación y en el año 2000 ese muchachito “flaquito, que pesaba 80 libras mojao” –tal cual se autodescribe–, ingresó como pegador a Davidoff Cigars.

Ahí conoció a don Eladio Díaz, que en ese tiempo era el Master Blender de la empresa y a quien considera su maestro. De hecho, cuenta que de él recibió sus primeros puros, un par de Griffins 300, capa Connecticut, de 6 pulgadas y cepo 43. «Tenía la alegría de un niño cuando le regalan una bicicleta, y contra lo que dicen de que la primera fumada es fuerte o te marea, a mí no me hizo nada”.

Al fin curioso, Roque le preguntaba siempre a su mentor, porque el campo es una cosa y la producción, otra. Así fue conociendo todo el proceso… al poco tiempo pasó de tabaquero a la mesa de inspección de calidad y luego ascendió a supervisor de pegada y quiso hacer empuño a mano. De tal suerte que cuando don Eladio le preguntó si se atrevía a representar a la empresa fuera del país, de inmediato dijo que sí.

Como Embajador de Davidoff en el nivel mundial, durante 15 años participó en eventos y el lanzamiento de productos en distintos países de Europa, Asia y Norteamérica. Acompañaba al ingeniero Hendrik Kelner, quien ofrecía las charlas, mientras él elaboraba los puros a mano, sin máquina bonchera ni otro instrumento más que el molde y una prensita.

Más tarde regresó a la fábrica como encargado de Calidad y Producción, el rango más alto en lo que corresponde a la fabricación del cigarro. Pero sintió la necesidad de dar un paso más y dejó Davidoff en 2017. “Quería retirarme y plasmar los conocimientos que adquirí en un negocio propio. Salí por la puerta alta, como siempre he dicho; conservo una buena relación de amistad con Eladio, quien en algún momento me dijo: ‘no seas del montón’.”

Todo lo anterior marcó el rumbo de su vida, y cuando Roque buscaba la manera de abrir un camino nuevo –como un entretejido del destino– conoció a Yovanny Pérez, quien también pasaba por un momento similar con su marca, Marvanny, alentado por el deseo de destacar en esta industria tan competida.

Escucha la historia:

Tabacalera La Lealtad

Yovanny pensaba en crear una marca desde 2018, y junto con un amigo de fumada la idea fue madurando hasta que en marzo de 2020 lanzaron Marvanny Cigars, con 6 mil unidades y dos vitolas: un Robusto de capa Habana 2000, y un Toro capa San Andrés manufacturados en la Tabacalera El Puente. Fue justo cuando vino la pandemia de Covid-19, así que vendieron sus puros directo al consumidor, apoyados en las reuniones vía Zoom y las comunicaciones por Whats App.

Distintas anécdotas marcaron esos inicios, que culminaron con la separación de los entonces socios. Pero Yovanny siguió adelante y conoció a Roque, con quien poco a poco trabó una amistad que les convirtió en hermanos, y al coincidir en propósitos e ideales comenzaron a hablar sobre la posibilidad de establecer una fábrica. Desarrollar el proyecto les llevó cerca de un año, que Yovanny aprovechó para tomar el curso ofrecido por el Infotep y el Instituto del Tabaco de la República Dominicana (Intabaco), formándose como pegador.

La relación con la Tabacalera El Puente terminó a principios de 2022, al retirar lo último del inventario, y en junio de ese año decidieron asociarse. Roque tenía todos los materiales para elaborar cigarros y propuso hacer ligas nuevas, que de inmediato superaron las que tenían.

Fundaron entonces Tabacalera La Lealtad, nombrándola así porque esa palabra, además de significar respeto, califica de manera perfecta la relación de estos amigos convertidos en socios.

El sueño comenzó a tomar forma en un espacio prestado por un amigo, que tras 90 días llevaron a una pequeña casa habilitada como fábrica en Villa González: “Desde entonces nos entregamos cien por ciento a la marca Marvanny, en un proceso largo, pero lindo, que demuestra que con empeño y esfuerzo todo se puede lograr”, afirma Roque.

La marca tenía cierta trayectoria en la República Dominicana, pero Roque sentía la necesidad de reiniciar con algo distinto. Una tarde, después de algunos ensayos de mezcla sobre la mesa, dejó su espacio de trabajo y se dirigió a buscar algo de comer. En el camino, como una señal, observó a un par de tórtolas en el aire, y en ese momento recibió –de golpe– una idea.

Regresó a la fábrica inmediatamente: “se me había prendido el bombillo y si no lo hacía en ese momento, sabía que no lo haría nunca”, recuerda emocionado. Tomó algunos tabacos, los colocó sobre la mesa de rolado y construyó un perrito, ese cigarro rústico y tradicional. El resultado fue Tres Leches o Three Milk Cake, el primer puro de la nueva línea. Un producto totalmente dominicano, con capa Connecticut de siete años de añejamiento, capote Habano 92 y tripa Criollo 98, que debe su nombre a sus notas y sabores, pues recuerdan el dulzor de ese postre.

Con este blend, Marvanny redefinió su perfil de marca, con el objetivo de hacer cigarros para captar fumadores con experiencia y novatos; con intensidades que van desde lo suave a lo medio y materia prima bien procesada, buscando complacer al consumidor final.

“Nuestra idea es que el cliente se sienta satisfecho y a gusto con lo que está comprando. Hemos hecho cigarros buenos, aceptados por la gente, pero el Tres Leches es el que más me ha marcado”, refiere Roque.

Actualmente Marvanny incluye Osy, Selecto, Peñón, Anytime y Tres Leches; todos ellos, puros de calidad que se distinguen por sí mismos, con fumadas cambiantes, dinámicas, que en cada tercio ofrecen sensaciones diferentes. Al crear estas ligas, Roque buscó siempre que se hicieran con la mejor materia prima, razón que le llevó a conversar con Leo Reyes, propietario de la finca De Los Reyes, en Navarrete, población localizada a unos 40 kilómetros de Tamboril.

“La familia Reyes sabe lo que hace y además nos permite comprar tanto cantidades mínimas como amplias, sin variar la calidad del producto”, señala.

En este sentido, Roque aclara que en Tabacalera La Lealtad la política es clara y las mezclas con las que se fabrica cada cigarro Marvanny nunca se utilizarán para hacerlas pasar por otros. “Por más que a un cliente le guste un blend, jamás vamos a anillarlo diferente para venderlo con otro nombre. Cuando alguien desea una línea privada, su producto se trabaja desde cero”, afirma.

Y con apego a la calidad, reitera que si alguna variedad de tabaco no se encuentra disponible en cierto momento, se habla con el cliente para buscar opciones o se espera a que exista disponibilidad. “La honestidad es muy importante para nosotros y todo se hace bien, o no se hace”, señala.

Todo llega a su tiempo

Para este par de socios, el plan es continuar con la expansión que los movió de un pequeño taller hasta su actual nave industrial –ubicada también en Villa González–, con la idea firme de que más allá de la ambición, lo importante es contar con criterios ciertos y, sobre todo, lealtad, tanto con las y los aficionados, como con los dueños de marcas que su fábrica produce.

Como una siguiente entrega de Marvanny, Roque y Yovanny trabajan en un blend de Edición Limitada bajo el nombre de la tabacalera, con un anillo especial y en cajas de 25 unidades con la historia de la marca y la firma de ambos estampada; una producción que piensan lanzar hacia finales de 2025.

Este par de años de trayectoria han sido de esfuerzo y sacrificio, y como ejemplo de ello Roque recuerda que con apenas 6 ó 7 meses instalados en su primera fábrica, una lluvia torrencial derribó parte de la estructura de la casa, afectando materia prima por cerca de un millón de pesos.

“Eran las ocho de la noche y nosotros seguíamos sacando agua del lugar, las pacas no se veían”, narra durante la entrevista. Pero fieles a su filosofía de que para todo existe una razón, se mantuvieron tranquilos ante la adversidad, especialmente cuando descubrieron que el cuarto en donde almacenaban los cigarros fabricados se mantuvo intacto: “Gracias a Dios que es agua y no candela, y si esto nos llegó fue por algo”, afirma.

Así, Roque y Yovanny sostienen que la vida es sacrificio y perseverancia, una máxima que se ha mantenido presente en Tabacalera La Lealtad, donde el objetivo permanece inamovible: «Seguir adelante, crear un buen producto y que el fumador final se sienta a gusto. Porque este crecimiento sea siempre fruto del esfuerzo, la paciencia, el amor y la pasión».

Roque comparte un consejo: Si se le pone amor a este negocio, todo va a salir bien. «Nunca toque una hoja si ha tenido un mal día, porque esas energías negativas las va a transmitir. Hágalo todo a su tiempo, con pasión, dedicación y lealtad”.