Nancy y Miguel Pla lanzan Humo Negro Cigars

Alberto Arizmendi

Él es un empresario nacido en Cuba; ella, una administradora originaria de Costa Rica, pero juntos forman la pareja que ha dado origen a Humo Negro, una marca boutique que lanzan desde los Estados Unidos para ofrecer una opción de alta calidad y precio justo al fumador exigente. Presentamos a Nancy y Miguel Pla, cuya incursión en la industria se ha preparado con el tiempo necesario para hacer lo debido, sin improvisación alguna, tal y como sus productos.

Los cigarros de la marca se producen en Costa Rica, país que aunque no ha tenido una participación notable en el Mundo del Tabaco, es parte de una historia común con el resto del continente, especialmente Las Antillas y Centroamérica, por sus condiciones naturales. Desde finales de los años noventa, cuando el huracán Mitch devastó Honduras y Nicaragua, ha resurgido lentamente una industria que mantuvo sus cultivos de semilla cubana introducida a principios de los años cincuenta, sin modificación genética ni hibridación alguna.

UN POCO DE MIGUEL

Como el mayor de tres varones, Miguel vio la luz en la ciudad de Santiago de Cuba en 1962. Su abuelo era barbero; un hombre metódico que cada noche, después de la comida, iba a la esquina a tomarse un cafecito y disfrutar de un H. Upmann. Llevaba siempre un cigarro en la boca, pues a lo largo del día fumaba unos cinco y se mantuvo saludable hasta los 92 años, tres antes de partir. “Tuvo una vida buena”.

Su padre fue Ingeniero y su madre, Maestra. En 1965, por mediación de un tío suyo que era Sacerdote Católico, la familia logró salir de la Isla y se trasladó a España, y seis meses después se estableció en los Estados Unidos. Aunque era muy pequeño, de ese tiempo recuerda –tal vez alimentado por historias que escuchó luego–, que en Cuba tenían una cabra para obtener la leche que le daban, y que en su primer país de destino sólo comieron garbanzos, razón por la que hasta hoy le desagradan.

En un principio vivieron en Maywood, una ciudad del condado de Los Ángeles, California, donde la mayoría de la gente es de origen hispano y es como estar en Cuba o Miami, porque fundamentalmente se habla Español. Fue la razón por la que su padre decidió mudarlos a Whittier, un vecindario pobre, pero de puros estadounidenses. “Él quería que sus hijos también aprendieran Inglés”.

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Miguel describe el lugar como rústico, rodeado de granjas y fincas con extensos naranjales. Dice que en el verano salía para estar con sus amigos el día entero y no regresaba a casa antes de que las luces de la calle se encendieran. “Era muy divertido porque jugábamos a diferentes cosas; no como ahora, con los celulares y esas tonterías”.

En ese tiempo las personas formaban comunidad, eran cercanas, de tal suerte que su mamá iba a tomar café con la vecina y su papá colaboraba en los barbecues colectivos los fines de semana. Miguel fue adquiriendo su nueva lengua cuando ingresó al kínder; en cambio, sus padres se empeñaban en aprender con esos discos de acetato propios de los métodos de idiomas. “Los tocaban y los tocaban una y otra vez, todo el tiempo, hasta que se rayaban o sonaban fatal…”.

EL EMPRESARIO

El Español de Miguel es bueno, pero no perfecto. Por eso constantemente busca a Nancy, quien lo corrige o le ofrece la palabra que en ocasiones no encuentra. Es una conversación amena, una entrevista vía Zoom que conceden desde su casa, en Bradenton, Sarasota, a una hora de distancia de Tampa, Florida. Los diálogos, que se mezclan de manera intermitente, se dan entre risas y bromas; un ambiente informal que refleja una manera de entender la vida sin más pretensión que sentirse bien, a gusto.

Él considera que ha tenido una historia con mucho color. “Bueno, es medio loquito”, tercia ella. Y entonces Miguel cuenta que al terminar la High School trabajó cinco años como mecánico de aire acondicionado. Durante ese lapso, en un Mall le preguntaron si quería ser Reserva de la Policía. Llenó los papeles y cuando ya había olvidado el asunto, un año después, le llamaron. Fue patrullero, una labor comunitaria a la que dedicaba 20 ó 30 horas a la semana, sin pago.

Pero se enamoró del trabajo y lo dejó todo para convertirse en Policía. Una cosa llevó a otra, porque los compañeros le pedían de favor que reparara sus equipos de aire acondicionado. Así que decidió poner una empresa pequeña que comenzó a crecer, hasta que le propuso a su hermano asociarse y el negocio siguió prosperando. No quería dejar la Corporación, pero en 2001 estuvo en dos tiroteos grandes, uno tras otro, y no quiso aventurarse a un tercero.

Al retirarse se dedicó a la empresa, que en ese tiempo tomó otro giro: la limpieza interior de las tolvas o tambores de los camiones revolvedores de concreto.

MADE IN COSTA RICA

Nancy cuenta que creció en el distrito de Escazú en San José, la capital de Costa Rica. Allá realizó todos sus estudios y al egresar trabajó como Administradora de una tienda de electrodomésticos en la que también aprendió lo correspondiente a los departamentos de Crédito y Cobranza. “Estuve ahí hasta casi mis 30 años, cuando conocí a Miguel porque él iba mucho de vacaciones”. Comenzaron a salir y después se unieron, en segundas nupcias.

Tras la crisis inmobiliaria de Estados Unidos, la compañía mexicana Cemex les pidió llevar la empresa a Panamá y “yo le dije ok –continúa Nancy–, porque a mí nada me da miedo. Lo que no se sabe, se aprende…”. En 2010 cargaron un contenedor con herramientas y equipo, y comenzaron una aventura que duraría cinco años. Miguel pensaba formar un grupo de trabajo pequeño, tres o cuatro elementos, pero les fue muy bien y se hicieron grandes; hasta que la industria de la construcción –desincentivada por el Gobierno– decayó.

El hermano de Miguel, quien se había quedado a cargo de la empresa en Los Ángeles, propuso que regresaran y abrieran una filial en Florida, la Costa Este. Al vivir ahí, la cercanía con Cuba despertó su interés en visitar la Isla, donde todavía viven familiares, y en esos viajes –como fumador–, se le ocurrió comprar cigarros para regalar a los clientes.

Fue al Festival del Habano en tres ocasiones y en una de ellas, fumando un cigarro en el Hotel Grand Packard, Miguel conoció a un sueco que se dedicaba a llevar puros a su país y a otras partes de Europa. Le dijo que los habanos de Cuba son muy buenos, pero que los puros de Costa Rica también son increíbles. “La verdad no le hice caso. Pero como luego se me complicaba viajar le pedí a Nancy que se comunicara con su hermana y me buscara unos tabacos”.

Su cuñada encontró a un fabricante y le compraron algunos. Como prueba, le pidió opinión a tres tobacconist amigos suyos en Atlanta, sede de las operaciones de la empresa, donde se reúne con un grupo de amigos aficionados: “ellos se fuman tres o cuatro seguidos, allá es como la Disneylandia de los puros”. Para su sorpresa, los estanqueros coincidieron en su alta calidad, construcción excelente y sabor inigualable.

NACE UNA EMPRESA

La idea inicial fue seguir regalando a los clientes, quienes le hacían bromas o preguntaban si estaba loco cuando aparecía repartiendo cajas de Partagás no. 4. “Mi padre siempre fue un hombre muy generoso –relata Miguel– que le ponía atención a todas las personas, sobre todo a quienes tenían los trabajos más simples. De él aprendí la importancia de dar a los demás, y seguí de la misma manera con los tabacos que ahora compraba en Costa Rica”.

En ese tiempo, hablamos de 2019, Nancy ayudaba mucho en la empresa, que se había extendido de Florida a Atlanta, Las Carolinas y otros tantos estados. Pero con el crecimiento y la contratación de más personal administrativo ella decidió irse alejando: “con mucha gente tocando todo se hace más enredo”. Se ocupó de la casa, hasta que su esposo le preguntó si estaría dispuesta a poner una empresa de cigarros y ella respondió que sí.

A partir de entonces no ha parado de trabajar. Lo primero fue obtener las licencias para Wholesale y Retail –venta al por mayor y minorista–, así como coordinar la producción con la factoría y empezar a ofrecer el producto en línea y personalmente en algunas tiendas, licorerías y tabaquerías en el área cercana a su casa.

Pronto vino la pandemia de Covid-19, y aunque las ventas subieron la idea fue ir afinando las estrategias de comercialización, con base en la experiencia de colocar los puros en seis o siete tiendas. Una licorería, por ejemplo, vende entre 100 y 150 piezas semanales, pero no es el caso de una tabaquería de Sarasota, donde “la gente va y como hay tanto para escoger, a veces no saben ni prueban. Les da miedo comprar algo nuevo”, afirma Nancy.

Así que durante cuatro años han ido avanzando con su marca, sin hacer publicidad, para pulir cada detalle. Tras una búsqueda infructuosa en Estados Unidos encontraron a un proveedor en la Ciudad de México y ella participó en el diseño del logotipo y de las anillas, troqueladas, con bastante color oro. Llevan pequeñas bandas de colores rojo, amarillo, blanco y negro, para diferenciar sus vitolas.

Igualmente realzadas están sus cajas, que son de cartón porque “amo a los animales y la naturaleza. Son amigables con el ambiente, porque es una pena que las cajas de madera vayan a dar a la basura”, piensa. Los empaques ecológicos, en su mayoría cien por ciento reciclables, demuestran el compromiso de Tiquicia Cigars con el medio ambiente.

Aunque los productos y algunos souvenirs de la marca se encuentran en algunos sitios de Internet, el Website de la empresa se acaba de abrir. Prácticamente es el lanzamiento, “porque cuando ya me voy a tirar –afirma– me gusta tener todo en orden. Ahora hay suficiente tabaco almacenado, cajas, una página terminada y estoy lista. Entonces podemos ver cómo subir y darnos a conocer”.

TIQUICIA CIGARS

El nombre de la compañía o Sociedad Anónima es Tiquicia Cigars. La palabra “Tiquicia” es en realidad un Nickname (celebración popular del diminutivo “ico”, de los “ticos”) para nombrar a Costa Rica. En cambio, el de la marca Humo Negro se debe a un grupo local de fumadores denominado Black Smoke, que como les gusta decidieron llevar al Español. “Digamos que es coincidencia”, ríe Miguel.

Ambos coincidieron con el dueño de la fábrica que manufactura sus productos en que primero está la calidad. “Ni él ni nosotros estamos buscando vender por vender, sino obtener puros premium elaborados a mano con materia prima selecta, y que cumplan con todos los procesos necesarios para su conservación adecuada”, explican.

Sus puros –de fortaleza media– tienen como base un solo blend: tripa con tabacos de República Dominicana, Nicaragua y Ecuador; capote Habano 2000, y capa Habano Criollo 98 Ecuador. En cuanto a sus vitolas, tienen siete: Lancero, 7½ pulgadas, ring 40; Box Press, 6½ pulgadas, ring 54; Grand Sublime, 6½ pulgadas, ring 56; Toro, 6 pulgadas, ring 52; The King, 6 pulgadas, ring 60; Duque, 5½ pulgadas, ring 54, y Short Gordito, 4½ pulgadas, ring 62.

No desean más tamaños ni ligas, porque así tienen más control sobre los productos y su consistencia. Se asumen como una marca Boutique “y eso me gusta –asegura ella–. Disfruto de ir a los grupos de fumadores y darles a probar nuestros cigarros. No sueño con ser una más de las marcas famosas y grandes del mercado que al final pueden ir perdiendo la calidad por cantidad”.

Hace un año Nancy quiso aprender a rolar y para ello fue a la fábrica, a Costa Rica. La mujer que le enseñó tenía 15 años trabajando y tardaba un minuto en hacer un tabaco. “A mí me lleva unos cinco minutos. De hecho hice demostraciones como en tres eventos, pero la verdad que es muy cansado y acabas adolorida de la espalda, los brazos… las personas que se dedican a esto son admirables”. Y Miguel dice que aunque sea lenta, los puros le quedan súper bien.

TODO ES CALIDAD

Para cada decisión tomada, el Feedback de los clientes ha sido importante. Estuvieron en un evento en una tabaquería grande de Atlanta, y el gerente les dijo que nunca había visto a alguien vender la totalidad del producto que llevó en una sola noche. Otro caso es el dueño de una cadena de restaurantes, al que por casualidad vieron fumando uno de sus puros. Resulta que también es presidente de un Club de Golf privado e invitó a Nancy para que hiciera una demostración. Había como 150 socios y de ellos fumaban unos 50, que se fueron muy satisfechos.

Miguel considera que existe demanda. Y si de anécdotas se trata, refiere que fue a una agencia de Chevrolet a comprar un carro y el Manager le obsequió un Cohiba. “Lo miré, tú sabes, con los ojos para arriba y con pena, le dije: ‘esto es falso’. Él dijo ‘no, no es falso’. ‘¿Quieres que diga la verdad o que mienta?’. ‘Dime la verdad… respondió’. Se lo expliqué todo, le regalé unos tabacos de nosotros y ahora el hombre compra entre 200 y 300 cada dos o tres meses, porque fuma bastante los siete días a la semana”.

Ella también ha probado. Una vez fue a un Cigar Lounge muy grande en Tampa Bay, en el que había un grupo grande de aficionados fumando y tomando una copa. Repartió sus cigarros entre varios de ellos, para que los probaran, y quienes los encendieron dejaron el que tenían y empezaron a compararlos. “Quedaron muy contentos, y la verdad es que nunca hemos tenido alguien que nos diga que no le gustó”.

Tercia él: “La única cosa que te puedo decir, con mucha sinceridad y el corazón, es que únicamente nos interesa la calidad. Respeto y entiendo a quienes prefieren y se mantienen con una marca, pero yo creo que alguien que sabe y conoce de tabacos no le importa qué nombre tiene, sino cómo sabe. Por eso es que pongo el tabaco de ella frente a cualquiera que cueste 25 dólares, o hasta más…”.

Al final, el puro es un arte y fumar una actividad para disfrutar. Requiere de tiempo, de aprender, paladear, encontrar el sabor… los sabores y a reconocer sus características. Eso no se logra en un día. “La intención era hacer esto para regalar –recapitula MIguel– , pero no terminó así. A veces tú planeas por la mano izquierda y Dios te lleva por la derecha. No pasó a propósito, sino por accidente, porque no tenía la intención de abrir una empresa de tabaco, nada más pasó”.

VALOR Y TRADICIÓN

Para Nancy y Miguel, la cultura del tabaco se ha convertido en una forma de vida e incursionan en la industria bajo principios simples: ocupar la mejor materia prima en la producción de cigarros premium de la más alta calidad. De la mano de un profesional apasionado, contribuyen a ello maestros artesanos que siguen la tradición y estilo clásico costarricense, enfocándose en cada detalle.

Ella prefiere mantener una empresa pequeña que le permita ofrecer al público un buen cigarro a un precio razonable: “No es necesario que gasten 50, 32 ni 27 dólares, cuando yo les puedo dar un puro tan bueno o mejor por 10 ó 14. Me gusta que la gente esté contenta, feliz, que se emocione y diga ‘qué rico tabaco’, y que se le ponga un valor, claro, pero no exagerado, porque hay quien los vende carísimos y en realidad no valen eso”.

Esta es la filosofía de la empresa, y por ello cada anilla incluye la frase “Pura Vida”.

Más información: www.humonegrocigars.com