La mujer y el Tabaco

CULTURA DE HUMOS

Jose Bello

Para nadie es un secreto que el Mundo del Tabaco –casi en su totalidad– se ha proyectado como un entorno machista desde hace muchos años y no era normal ver a una dama con un puro en sus manos. De hecho, al verla, en ocasiones se solía juzgar su reputación, por incursionar en un entorno reservado a los hombres.

Este machismo se fomentó o proyectó desde los consumidores, pues algunos expresaban su necesidad de compartir este agradable mundo sólo con hombres y la presencia o compañía de damas les resultaba incómoda. Al mismo tiempo, los propios lugares de reunión, como Cigar Lounge y bares, utilizaban la imagen de la mujer que degustaba un puro de manera sexualizada, mostrando sus atributos físicos por encima del estilo o buen gusto al momento de elegir y degustar un cigarro.

Dicha cultura se extendió de tal manera, que en ocasiones muchas damas –por sí mismas–, al momento de compartir su fumada a través de una fotografía se enfocaban más en proyectar su físico. Esto, de algún modo generó que muchas mujeres se distanciaran de los sitios destinados a disfrutar del Arte del bien fumar, y que el desánimo se impusiera a su entusiasmo por compartir este mundo fabuloso.

No obstante, con el correr del tiempo, lo dicho hasta ahora cambió. Si nos preguntamos ¿cuál es el papel actual de la mujer en este arte?, sostengo que cada día que pasa podemos ver a más público femenino aprendiendo, asistiendo a catas, disfrutando con amigas, estudiando, publicando y atreviéndose a destacar el cúmulo de experiencias que una buena fumada nos deja.

Pero no sólo eso. Observamos también a mujeres increíbles como cabeza de grandes empresas de la industria, a promotoras de este arte fabuloso y líderes de opinión que llevan la esencia del buen fumar a cada rincón del mundo. Así, ellas invitan a todas a disfrutar de un puro; de algún modo les hacen saber que también merecen conocer lo fascinante de este placer y pueden experimentar grandes momentos durante una fumada o tertulia.

Hoy –desde mi punto de vista–, el mundo de los buenos humos ha cambiado para mejor. Compartir un buen puro con una dama es una experiencia de gran disfrute, porque ellas tienen una perspectiva diferente y compleja para entender y disfrutar de este arte, en comparación con los hombres. Podemos constatarlo, sin considerar el simple hecho de que –sin lugar a dudas– fumando se ven mucho mejor que nosotros.

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