Carlos Lozano, Corazón de Lobo

Aunque nació en el puerto de Acapulco, Guerrero, desde muy niño Luis Carlos Lozano Lobo fue llevado por su familia a Guadalajara, Jalisco –una de las ciudades más importantes de México–, donde a pesar de vivir en un ambiente netamente urbano creció influenciado por la vida del campo.

“A mi papá le gustaba mucho sembrar –relata–. Él trabajaba fuera de la ciudad, pero regresaba cada ocho días y los fines de semana nos íbamos a un rancho cerca de Puerto Vallarta. Cultivábamos hortalizas, mango, papaya, y desde ahí me empezó a gustar la agricultura. Esas tierras estaban a nivel del mar, pero hacia la Sierra teníamos además árboles de aguacate y de durazno”.

Una vida sencilla: “Lo que más me gusta del campo es la interacción que logras con la tierra. Ahora está de moda esto de conectarte con la naturaleza para desechar las energías negativas, pero en aquel entonces yo sólo veía que los campesinos y los niños de mi edad andaban descalzos y me quitaba los zapatos. Con ellos aprendí a usar la resortera (tirachinas) y nos íbamos a cazar iguanas, que luego comíamos”.

Carlos dice que son el tipo de experiencias que las nuevas generaciones ya no tienen “y les hacen falta”, porque su padre y los trabajadores del rancho le enseñaron a usar el azadón, el machete y las tareas básicas de la siembra. También, a arriar y ordeñar vacas, montar a caballo, sacar agua del pozo y encender la bomba para regar. “Todo eso me marcó, porque lo que cuidas te da un fruto que después cosechas.

“Me acuerdo que cargábamos la camioneta y nos íbamos a la Central de Abasto de Guadalajara a vender nuestros productos –continúa–, y mi papá se enojaba mucho porque veíamos cómo actuaba la mafia. Ni bien llegabas, quienes estaban al frente del negocio le advertían a los compradores: ‘Ahí va tal carro con tal producto, y no le paguen más de esto’. Así recuerdo mi infancia y cómo fui haciendo pininos en esto de la agricultura”.

Lee en la revista (gira tu dispositivo para mejor experiencia de lectura):

FRONTERA Y NEGOCIOS

Quería ser Agrónomo, pero interrumpió sus estudios porque se casó muy joven, a los 20 años, y lo dejó todo para sacar adelante a la familia. Con ese afán tuvo distintos empleos, hasta que en 1998 un primo lo invitó a trabajar en la ciudad de Tijuana, Baja California, en la frontera norte de México.

“Él tiene un negocio de bonetería, mercería y papelería al por mayor, con dos tiendas en Tijuana y una distribuidora en Estados Unidos que envía los productos mediante servicios de paquetería. En ese tiempo me encargué de la tienda en el otro lado, siempre pendiente de mantenerla surtida, así como de las ventas y de coordinar a una chica que llamaba por teléfono a todos los negocios buscando pedidos”.

Rememora: “En cuanto llegué me lancé en un camioncito de la empresa por la Autopista Interestatal 5, sin conocer, desde San Ysidro (distrito fronterizo de San Diego, California, con México) hasta Vancouver, Canadá. Llevaba mercancía y anduve 15 días rancheando –como decimos–, porque visitaba todos los pueblitos buscando tiendas de mexicanos. Les ofrecía nuestros productos y fue una experiencia muy buena, porque regresé con una cartera de clientes grande”.

Esta actividad, que desarrolló durante dos años, le permitió invertir paralelamente en los bienes raíces con una inmobiliaria de Tijuana. Así que comenzó a comprar casas adjudicadas o de remate, para rehabilitarlas y después venderlas; una actividad y fuente de ingresos que hasta hoy mantiene.

Cuenta que, en ese andar, por medio de un amigo conoció a una persona que hacía negocios internacionales a gran escala en commodities, que es el mercado de las materias primas o productos básicos. Aunque tenían la intención de trabajar juntos, nunca se concretó negocio alguno, pero afortunadamente –por su cuenta– Carlos encontró a un cliente estadounidense que necesitaba azúcar.

“Empecé a buscar, pero fue un show, porque el mundo azucarero es hermético, cerrado. Hasta que di con el Grupo Santos (Ingenios Santos), con sede en Monterrey, Nuevo León. Fui a hablar con ellos y logré que me vendieran azúcar, que luego exportaba a Nueva York”. Hasta que el mercado se cerró, en 2022, y la escasez del producto en México le dejó prácticamente fuera.

A sus 54 años, Carlos considera que la frontera lo ha tratado muy bien, porque ahí comenzó a crecer, estableció su empresa actual: Quality One, y sus negocios de exportación se extendieron a materiales como el hierro y a los vegetales. Además, se ha relacionado en ese nivel con mucha gente de distintos ámbitos, lo que finalmente le permitió acceder al Mundo del Tabaco.

CULTIVOS DE TABACO

Carlos había conocido y desarrollado amistad con Eliazar García, quien se dedicaba a los negocios agrícolas en San Andrés Tuxtla, Veracruz, México, y en 2019 le ofreció una posibilidad de inversión. “Me dijo que estaba sembrando tabaco para una tercera persona, pero lo dejó colgado, o algo así, y me contó del rendimiento del cultivo y sobre el negocio. Así que fui a verlo, empezamos a hacer números y le pedí conocer más sobre el tema”.

Lo llevó a conocer los campos y le explicó cada uno de los procesos: desde la selección de semillas hasta los trabajos en el vivero, el trasplante, las llamadas labores culturales y procesos intermedios, el corte, manejo en la galera, y el cocido, fermentación y añejamiento del tabaco. “Es negocio, le dije, lo veo redituable. Y entonces aporté los recursos para que sacara esas siembras que tenía empezadas”.

No era fumador, aunque de joven consumió cigarrillos durante un tiempo. De hecho, su primer puro se lo dio Eliazar, quien había mandado hacer algunas piezas con un artesano local. “Ya sabes… me explicó cómo encender y cómo lo tienes que llevar, sin pasarte el humo, degustar en boca y cuando mucho botarlo por la nariz (retrogusto).

“Empecé y al principio sí, fue suave. Tras un primer amargor me dio ese saborcito como achocolatado, de especias, que tiene el tabaco Negro San Andrés, pero cuando iba a la mitad del puro empecé a sudar como loco y le dije ‘hasta aquí. Me siento mal’. Y bueno, me senté a superar el estrago de la nicotina. Eliazar me dijo: ‘sí, ya sabía que eso te iba a pasar, pero no te quise advertir’.”

A partir de entonces se adaptó y poco a poco fue desarrollando su gusto por los cigarros. Con toda honestidad, Carlos se autodefine como fumador primerizo, por su tiempo como aficionado. En cuando a la actividad empresarial, explica que tenía como antecedente su gusto por la agricultura, pero los viajes constantes a San Andrés Tuxtla le permitieron estudiar y empaparse de esta actividad, más allá del simple negocio.

Durante cuatro años se ha mantenido como productor y exportador de tabaco en rama, llevando el buen producto mexicano a Nicaragua y la República Dominicana. La primera siembra fue de menos de 10 hectáreas y obtuvo 7 u 8 toneladas de Negro San Andrés, variedad en la que se especializa, aunque en octubre próximo iniciará con Sumatra, que tiene otra temporada de siembra.

Año con año ha aumentado la superficie cultivada, de tal suerte que ahora se abarca de 40 a 50 hectáreas para atender a un mercado cautivo, como es el caso de un cliente mexicano que adquiere buena parte de la cosecha y distribuye a diferentes tabacaleras en el extranjero.

EL CORAZÓN DE LOBO

Conocer el Mundo del Tabaco permitió a Carlos concluir que al tener lo primario, que es la siembra, es factible incursionar en otros terrenos, y así nació la idea de tener una marca de puros. En uno de sus viajes a Veracruz, Eliazar le presentó a Dolores Campos Parra, Lola, fabricante y Sommelier que accedió a elaborar las mezclas y producir los cigarros.

Ella tiene una fábrica en San Andrés Tuxtla, donde en 2022 se comenzó con las muestras de los primeros tres blends de la marca. Se trata de cigarros “muy ligeros, no tan sofisticados, pero de alta calidad y muy buen sabor, que llevan como garantía el tabaco propio. Aunque en algún caso se adquirió la capa”.

Elaborar los puros fue un proceso relativamente rápido, “porque tengo tabaco para capote y tripa que se ha estado añejando desde hace tres años. Ella me preguntó que deseaba y de principio le pedí fortalezas de suave a media. Empezamos a probar las ligas, y ya le fui diciendo súbele, bájale… lo que se hace cuando fumas.

“La idea fue obtener sabores que me agradaran, pero como sé que no sólo deben gustarme a mí, también le pedí uno de fortaleza media y otro de media a fuerte. El último es un Grado Puro, con tripa, capote y capa Negro San Andrés”. Todos ellos conforman la línea Llamado de Humo, de Corazón de Lobo.

Un equipo de Marketing le ayudó a concretar el nombre e imagen de la marca. El logotipo es un lobo con alas, acompañado de lobos con cabeza de águila, que es uno de sus animales favoritos. “Lobo” es su apellido materno –poco común en México–, con el que sus compañeros lo identificaban en la escuela, y las alas hacen referencia a un sueño recurrente durante su infancia. “Me pareció atractivo porque es diferente y sugiere, desde otras ópticas, elementos mitológicos o místicos. Aunque al final lo que debe gustar a la gente es el sabor de los puros”.

La producción mexicana abarca tres blends con fortalezas suave, suave a media y fuerte, con base en tabacos cultivados en la tierra volcánica de esta zona del estado de Veracruz, presentados en capas Sumatra y Negro San Andrés, con cinco vitolas: Coronita, 5 pulgadas, cepo 42; Robusto, 5 pulgadas, cepo 54; Corona, 6 pulgadas, cepo 42; Gran Corona, 6 pulgadas, cepo 50, y Churchill, 7 pulgadas, cepo 50.

PUROS EN DOMINICANA

Como resultado de sus viajes a la República Dominicana y el análisis de otros aspectos de la industria, Carlos pensó que el mejor lugar para manufacturar puros era ese país, donde ya desarrollaba operaciones comerciales. Junto con Lola –quien se sumó a la venta de tabaco– y otro socio local estableció la empresa Tabamex, que ahora tiene una fábrica operando en Tamboril, la Capital del Cigarro, en la provincia de Santiago de los Caballeros.

Abrieron sus puertas este año, “pero en 2022 comenzamos a ver bodegas y luego se adecuó el lugar, contratamos a la gente y todo eso. Lola, quien había comenzado con este propósito tiempo atrás, es socia y encargada del establecimiento. Actualmente tenemos a una docena de personas trabajando y se producen las marcas Monyaz, que es de ella, y Corazón de Lobo”.

En este caso, los puros de Carlos se presentan con dos ligas distintas, manufacturadas con su tabaco Negro San Andrés y capote dominicano, en capas NSA y Connecticut. Abarcan las cuatro vitolas más comerciales: Robusto, 5 pulgadas, cepo 54; Corona, 6 pulgadas, cepo 42; Gran Corona, 6 pulgadas, cepo 50, y Churchill, 7 pulgadas, cepo 50. La idea es lanzar próximamente su Grado Puro.

El objetivo de la marca en la República Dominicana es que las y los aficionados conozcan cigarros que lleven Negro San Andrés en capote y tripa. “¿Cómo habrían de gustarles, si no los han probado?”, porque es importante quitar esa idea falsa de que el tabaco mexicano únicamente es bueno para capa. Por eso hablo de llevar también el llamado Grado Puro”.

De acuerdo con Carlos, la paradoja del lanzamiento de su marca es que proyectó hacerla primero en México, pero será en la República Dominicana debido al Reglamento de la Ley General para el Control del Tabaco, que prohibió fumar en todo lugar público, incluso al aire libre, así como todo tipo de publicidad. “Estoy tramitando un amparo, a ver qué me resuelven, porque nos ataron de manos”.

Bajo esas limitantes, Corazón de Lobo se da a conocer de boca en boca, con los amigos, en Cigar Lounge que ahora funcionan como clubes privados y algunas tabaquerías. Por el contrario, en la República Dominicana está en varios puntos de venta y tras su presentación oficial “sentará un precedente para nuestro país”.

EL EJEMPLO, UN LEGADO

El crecimiento se prevé desde la isla, punto estratégico para llegar al mercado estadounidense. De hecho, con apoyo de otra empresa se enviaron muestras a Nueva York, donde se están abriendo algunos puntos de venta mientras se realiza el trámite –en paralelo–, de los permisos para importación de tabaco de Quality One, que también funciona en EE.UU.

En cuanto a sus precios, responde que están en el rango de los siete dólares por unidad, lo que resulta tanto aceptable como accesible. Además, aprovechando la vocación turística de la República Dominicana, comenzarán con una cajetilla de cinco puros, para que el consumidor no tenga que adquirir la caja de 20 o más unidades, independientemente de la comercialización por pieza.

Asegura que la calidad de sus puros se debe al añejamiento del tabaco mexicano –mínimo tres años– utilizado en capote y tripa: “Me di cuenta de que es igual que el vino, pues entre más tiempo pasa tiene mejor sabor y te ofrece una fumada excelente. Mi línea de puros tiene ese plus y te da otro feeling. Espero ver qué aceptación logran”.

Respecto del mercado, como empresa joven, su propósito es captar a los fumadores nuevos y en ello enfoca tanto el Marketing como el perfil de fumada. En lo primero, la imagen de la marca es el cantante Omar Sorpresa, mientras que en lo segundo, las fortalezas suaves a medias resultan ideales para quienes se inician en la afición.

Pero la oportunidad de negocio que Carlos visualiza es más amplia: “Además de sembrar otras variedades y mantener los puros premium, pensamos también en el tabaco molido para fumar en pipa, liar y mascar, y quiero hacer cigarritos de sabores; esos que en Veracruz llaman Jolocho o Joloche, producidos más en serie, bajo un proceso menos artesanal; una línea comercial, con algo rápido de fumar y muy económico. Mientras nos vaya bien con la obtención de la materia prima, podremos llevar más productos al mercado”.

Visualiza en unos años una empresa fuerte, consolidada. “Con la marca vamos por buen camino, porque tenemos la ventaja de controlar el producto desde su origen y podremos incursionar en los mercados de Estados Unidos y Europa. En México, además, lanzaría los puritos de sabores, pues el switcher ha sido un boom entre la gente joven de Norteamérica. Todo ello, con el respaldo que nos da la buena cosecha y el empeño que le ponemos”.

Como persona de bien, habla de dejar un legado a sus hijos; más que bienes, el ejemplo de que “todo se puede. Soy una persona que pone mucho corazón en todo lo que hace y aunque sólo tuve estudios de bachillerato creo que he llegado lejos. A las nuevas generaciones y emprendedores les digo que con perseverancia, trabajo y disciplina todo es posible. Quiero proyectar que, cuando te propones algo y sigues con rectitud ese camino, puedes alcanzar cualquier meta”.