Una mujer puede siempre…

Alberto Arizmendi

Veinte años atrás Dolores María Campos Parra, Lola, regresó a su pueblo, como llama cariñosamente a Sihuapan, una de las congregaciones del municipio de San Andrés Tuxtla, en Veracruz, México, donde se produce el afamado tabaco NSA que hoy se encuentra en muchas ligas de los puros y habanos más reconocidos del mundo.

Estuvo fuera muchos años. Vivió en Tampico, Tamaulipas, donde su esposo ejerció como Ingeniero Químico y ella fue una “linda ama de casa”, platica entre risas. Pero volver siempre te conduce hacia tus raíces y las suyas, por línea paterna, estaban en el tabaco. Su abuela tuvo cultivos en la localidad vecina de Calería y “de niños íbamos al relajo de la sembrada, a la pachanga, porque teníamos amigos en las labores del campo”.

Lola es la penúltima de seis hermanos, la única mujer y cabeza de Puros Artesanales de Sihuapan, la empresa familiar que fundaron entonces y que produce las marcas Monyaz, Larios y Sihuapan, pero que luego –una cosa llevó a la otra– les permitió incursionar en la siembra del tabaco Negro San Andrés como materia prima y para su venta en rama, y que ahora auspicia el establecimiento del primer Museo del Tabaco en México.

¡AQUÍ ESTAMOS!

De entrada, su presencia impone. Pero esa primera impresión causada por el semblante adusto de Lola empieza a cambiar cuando escuchas la voz mesurada de quien te cuenta las cosas reproduciendo diálogos, incluso los propios, ocasionalmente salpicados de las malas palabras que caracterizan a los veracruzanos de la región, en quienes son sazón, que no ofensa. Mejor aún cuando muestra esa sonrisa que sobresale en su rostro moreno.

“Hemos tropezado con muchas piedras, pero aquí estamos”, dice, cuando se refiere al camino andado con su empresa. Porque desde el principio “la cosa no era a ver cómo nos va. Establecimos un plan de trabajo porque no teníamos todo el dinero del mundo y hacer puros es caro. Mis hermanos pensaban que sería muy difícil: ‘te vas a enfrentar a muchos hombres’, me dijeron.

“A ellos les da cosa andar discutiendo con la gente, pero a mí me encanta el pico y sí me peleaba, porque éramos nuevos en este asunto”. De entrada no les resultó tan simple conseguir a personas que supieran hacer bien los puros, y adicionalmente una empresa muy grande, la de los Turrent, dominaba el mercado y establecía condiciones: “Después de ellos, fuimos los primeros o segundos del pueblo en entrarle a esta industria”.

Con sus marcas, que incluyen tres ligas en distintas vitolas, Puros Artesanales de Sihuapan incursionó primero en el mercado nacional. Montaban pabellones en las ferias y la Secretaría de Turismo del estado les brindó algún apoyo tras participar en un concurso “porque los nuestros fueron los mejorcitos de entre los pequeños productores”, recuerda Lola.

Luego se abrieron paso en los principales destinos turísticos, como Cancún, Puerto Vallarta, Los Cabos y Acapulco, lo que les dio pie para exportar a Canadá y Alemania. No obstante, se brinda la misma atención a quienes compran en cantidades pequeñas: “Tengo clientes muy consentidos –cuenta–, empresarios que por ejemplo ahorita en Navidad me piden cajas para regalo. También seguimos atendiendo a quienes nos llaman para bodas y bautizos”.

Son precisamente esos clientes “pequeños” quienes se han mantenido más constantes, pues la circunstancia mundial por la pandemia de Covid-19 y el recrudecimiento de las leyes anti-tabaco en México han provocado que el mercado decaiga. En hoteles y restaurantes los puros ya no se pueden exhibir, y a los empaques deben agregarse calcomanías de “advertencia” con imágenes verdaderamente desagradables.

Aunque sus productos con totalmente artesanales, naturales y se diferencian en todo de los cigarrillos, se metió a todos en el mismo cajón. Lo importante es que esta tabacalera cuenta con los permisos necesarios y cumple con las normas establecidas.

INDEPENDENCIA

Tras el establecimiento de la empresa, uno de los hermanos de Lola que vive en Estados Unidos le sugirió que sembrara su propio tabaco. “Entonces comenzamos y hace como 12 años fue nuestra primera experiencia. Gracias a Dios todo salió muy bien y de ahí empezamos a obtener nuestra materia prima. Eso es muy importante para garantizar una misma calidad”.

Es claro que la siembra es laboriosa y dependes de elementos de la naturaleza que no controlas. Años atrás las temporadas de lluvia, de calor y de los nortes estaban más acentuadas; ahora, en Los Tuxtlas puedes vivir todos estos fenómenos meteorológicos en un mismo día. También está el cuidado de la planta, que en los sembradíos de Lola se busca mantener con productos naturales, como el ajo, para el control de plagas.

Dice que a pesar del “tiempo loco”, en estas tierras volcánicas el tabaco se da muy bien en dos cosechas anuales, con una producción promedio de 1.2 a 1.5 toneladas por hectárea. “Nosotros sembramos únicamente tabaco Negro San Andrés, del que obtenemos capa, capote y un volado entre claro y oscurito, para darle un buen sabor a nuestros puros”. La fortaleza o tripa se conserva hasta tres años, antes de usarla.

Pero además de calidad, sembrar le ha otorgado independencia, certidumbre. Antes tenía que comprar todo el tabaco para elaborar sus puros; ahora basta con ir a la bodega. Relata que cuando firmó el convenio para exportar a Alemania se estableció una cantidad de puros, pero luego aumentaron el pedido y temió no poder cubrirlo. “¿A quién le vamos a comprar?, pensaba. Claro, hay mucha gente que te vende, pero no buen tabaco. Afortunadamente todo salió bien”.

LA CALIDAD

Cabe destacar que la mayoría de quienes participan en la empresa son mujeres, a las que apoya para salir adelante. En las labores de siembra participan más de cien personas, y algunas se encargan del mantenimiento de las plantas, que crecen en campo un promedio de 70 días. De ahí sigue el corte, cuando las hojas se llevan a una galera donde un grupo se encarga de trenzar las hojas verdes y ponerlas en alto para iniciar su secado.

Llegan entonces los “lumbreros”, encargados de la “lumbre-humo” o fogatas en las que utilizan madera de Palo Mulato, pues de acuerdo con Lola es creencia de los viejitos que el tabaco obtendrá así el color y mejor sabor: “Nosotros lo hemos experimentado y no sé si es la fe o qué cosa, pero nos ha resultado”.

Las trenzas se bajan un mes después, cuando las hojas están bien secas, y esperamos la blandura. Se trata de que tengan elasticidad, porque cuando el tabaco se pasa o se quema adquiere tonos negros y verdes, será amargo.

El producto se lleva de la galera a otra bodega, donde se conforman las trojas para su fermentación. El proceso tarda tres o cuatro meses, durante los que el tabaco se voltea y su temperatura debe controlarse. La siguiente tarea, conocida como rezago, es una selección de las hojas de acuerdo con su calidad, separando las que se utilizarán para la capa, tripa, media banda y banda.

Las hojas que se utilizarán como capa y vestirán a los puros –explica Lola– deben ser de primera, de tono muy firme y parejo, limpiecitas. “Nosotros tenemos gente con mucha experiencia. Aprendo de ellos, porque voy y checo. Yo digo ‘bueno, ésta sí me gusta para capa’.”

Finalmente se hacen pacas que se envuelven con manta, petate o yute, aunque estos dos últimos materiales son difíciles de encontrar en la actualidad. Se entiende que una paca bien cuidada puede durar hasta siete o nueve años, pero en este caso se almacenan un año antes de sacarlas a la venta.

PRECIO JUSTO

El tabaco Negro San Andrés tiene alta demanda mundial. Hace más de una década Lola comenzó sembrando una hectárea, pero gracias a una asociación en 2022 sembrará seis u ocho, lo que representará unas diez toneladas por ciclo agrícola. Pero no sólo se trata de vender su tabaco, porque un grupo de productores locales se unió para aumentar sus posibilidades de comercialización:

“La idea es apoyarnos todos, porque hay gente aquí en el pueblo que no tiene dónde vender u ofrecer su tabaco y le estamos echando la mano. Hay hijos de esos cosecheros a quienes les decimos que aprendan, porque en un futuro ellos sean los beneficiados”.

Aunque la exportación es otro escenario de este negocio, los productores medianos y pequeños de Los Tuxtlas saben que es posible. “Nuestras aspiraciones son muy fuertes –afirma–, queremos salir del país a poner un punto de venta, porque ahorita con la pandemia se nos ha dificultado viajar y asistir a las ferias internacionales. No obstante, uno de nuestros socios está en República Dominicana para abrirnos mercado”.

No desconoce que entre los grandes productores de tabaco y puros hay un mundo con reglas, ritmos, eventos, etcétera, pero también para los demás es posible avanzar. Pero una condición es tener tu negocio en regla: “Siempre he dicho que debes estar en orden para poder dar un brinco más. Cuando vendes algo debes facturar, pagar impuestos y así… Si quieres tener una marca reconocida debes hacer las cosas correctamente.

“No digo que seré competencia de Miguel Turrent ni de los Carrión ni de nadie, porque ellos tienen muchos años en esto y nosotros estamos en pañales, aunque tengamos 20 años. Pero también creo que no debes compararte con otros. Haz bien tu trabajo y te vas a recomendar tú solo. A mí nunca me ha dado miedo salir a vender… y gracias a Dios vendimos”.

Este grupo de productores locales recibe apoyo de un amigo en sus trámites de exportación y están conscientes de la necesidad de mantener y acrecentar su prestigio con base en la calidad. Y por supuesto, el propósito es establecer un precio y “obtener un pago justo por lo que te reporta desde que siembras hasta que cosechas. Tu trabajo no lo puedes regalar”.

VENTA DIRECTA

La zona tabacalera de Los Tuxtlas abarca principalmente Sihuapan, Calería y Comuapan, localidades del Valle de San Andrés, pero también algunas partes más cercanas a la montaña, donde existen más de cien productores pequeños y medianos. No obstante, quienes trabajan de manera independiente no llegan ni a la mitad, pues las grandes empresas los refaccionan y así los comprometen a venderles. Esto sucede porque cultivar tabaco es costoso “y no es fácil aventarse, por más que tengas las tierras”.

Lola prefiere ofrecer su tabaco de manera directa. Hablarle al cliente, por ejemplo, de las características de la tierra de Los Tuxtlas y hacerle un puro ahí mismo. Mostrar las hojas para capa, capote y la tripa: “Esto es lo que te puedo vender. Aquí está el puro, pruébalo. Si te gusta, hablamos después, y si no te gusta, de todas maneras este tabaco te lo doy en tanto… Porque si te digo que está muy rico, pero no pruebas, ¿cómo?

Y mira que hay gente que viene y ni fuma. Entonces les digo, ¿cómo es que andas comprando tabaco? Digo, ‘uta madre, pues sí está cañón’. Pero regularmente les hago puros, el muestreo y todo, para que sepan. Por ejemplo, tenemos un comprador que no sé si lo ha probado o no, pero le mando el producto directo a Nicaragua”.

A pesar de todo lo que en este momento representa un obstáculo, como la imposibilidad de viajar, la pandemia, la ley anti-tabaco, etcétera, hay al mismo tiempo un gusto creciente por el tabaco Negro San Andrés en distintos mercados del mundo. “De hecho sí –responde Lola–. Lo usaban en el Davidoff, por ejemplo, y muchos productores de Nicaragua y República Dominicana vienen a buscarlo”.

MUSEO DEL TABACO

Dice Lola que la inquietud de fundar un Museo del Tabaco surgió hace muchos años, porque cuando participaban en las ferias internacionales les preguntaban qué podían ver en Veracruz y en la zona de San Andrés Tuxtla, qué más les ofrecían. Y entonces se le ocurrió responder que pronto se haría algo para que vinieran a conocer todo el proceso del tabaco, desde la siembra hasta la cosecha, así como la elaboración de puros.

“Pero nadamás lo decíamos, no hacíamos nada”, ríe. Hasta que un buen día se reunió con Nidia Hernández, cocinera tradicional y operadora turística, quien secundó la idea. “Nos resultaba muy pesado y pensamos que no lo íbamos a lograr, pero teníamos otro amigo que nos decía: ‘¿cómo fregados no van a poder?, si las mujeres siempre pueden…’. Y de ahí todo mundo nos animó.

“Teníamos años trabajando, tratando de incluir en los recorridos turísticos la visita a los sembradíos y nuestra fábrica de puros. Y entonces me decidí. Dije ‘a ver cómo me sale, al fregadazo, pero lo voy a poner…’. Entonces ha sido tocar puertas y últimamente se nos dio”.

Lola se refiere a que el sábado 27 de noviembre presentaron el proyecto de lo que será el Museo del Tabaco, ubicado en las afueras de la ciudad de San Andrés Tuxtla. De hecho, ya ocupa la casa-club de una instalación turística con diez cabañas, donde se colocaron imágenes del deshoje y otras etapas del cultivo, así como algunos objetos relacionados con la manufactura de los puros.

Anunciaron su apertura a principios de 2022, como parte de la ruta turística Travesías del Tabaco. Quiero que la gente conozca la historia del tabaco –afirma–, porque hay cosas que todos dicen y no son ciertas. Además, nos daría mucho gusto “que la gente conozca a los pequeños productores de Sihuapan, una comunidad muy pequeña, pero bonita. ¿Y qué significa Sihuapan? Agua de mujeres guapas… Aunque las guapas ya se casaron”, dice, mientras ríe.

El entorno natural de esta congregación es la región de Los Tuxtlas, apreciada por su enorme riqueza. En 1998 recibió la denominación de Reserva de la Biósfera y abarca 155 mil hectáreas con selvas, montañas, lagos, cascadas, ríos, manglares, pantanos, playas, pozas, cavernas, volcanes y cientos de especies singulares de flora y fauna, donde el Ecoturismo es una actividad creciente.

 

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