
Hace tiempo leí con verdadero entusiasmo un editorial: ¡Palo a los antitabaco!, de mi buen amigo César Salinas, sobre la batalla que la Cigar Association of América (CAA), la Cigar Rights of América (CRA) y la Premium Cigar Association (PCA) mantuvieron desde 2016 contra las regulaciones de la Food and Drug Administration (FDA) en los Estados Unidos.
El asunto culminó con una resolución de la Corte Federal, que reconoció que dichas regulaciones era “arbitrarias y caprichosas”, abriendo una vía para considerar al tabaco premium como un producto de alto nivel y ampliamente diferenciado del resto de los productos de tabaco.
Haciendo amigos internacional
Su mayor importancia es que se ganó el respeto hacia los fumadores de tabaco premium, reconociendo que su elección es de un alto nivel y está sólidamente refrendada por los amplios informes sobre las propiedades terapéuticas de la planta de tabaco, que durante muchos años se ocultaron deliberadamente.
Una vez concluida esa batalla, es momento de buscar, promocionar y resaltar los servicios de los lugares que ofrecen un trato excelente a los amantes del tabaco, y ofrecen el servicio que este segmento de consumidores merece.
SERVICIOS PREMIUM
Vivir en la isla de La Palma, un pequeño territorio cargado de historia tabacalera, me hace sentir privilegiado, y proceder de estas familias con raíces en esta industria, todavía más.
Como desde hace mucho no tengo relación directa con los fabricantes, me he concentrado en disfrutar de lo que un buen tabaco puede ofrecer: un ritual que me permite un momento sublime, casi único, cada vez.
Suelo fumar en casa, pero si salgo soy muy exigente con el lugar donde viviré ese momento tan especial, trátese de un restaurante –estancia efímera–, o de un hotel, donde al pasar más tiempo la exigencia es mayor. Porque la idea es no sentir que molesto a quienes me rodean, o al camarero excéntrico que decidió emprender una cruzada templaria contra el fumador, sin el menor respeto de tu espacio y tus gustos.
Ésta es una premisa irrenunciable al salir de la comodidad del hogar; exigencia me permitió conocer a Alejandro Rodríguez, director del hotel Hacienda de Abajo.
Desde el primer momento manifestó su aprecio por el ritual, por nuestras tradiciones y cultura tabaquera de la isla, así como su interés por “saber algo más para apreciar la experiencia». Le motivó el recuerdo de su padre, fumador de puros, lo que evitó tener que explicarle lo que fumar supone para un amante del tabaco.
En el pasado reciente he debido soportar la presión del ambiente de los hoteles “sin humo”, a los que ya no acudo, porque te condicionan y desplazan a los rincones, junto a los contenedores de reciclaje, o a la esquina más profunda –sin iluminación– de un patio. O soportar que te atienda una camarera que odia profundamente a los fumadores y te da un trato casi vejatorio, de desprecio insultante.
Es hora de pedir la atención de un servicio experto, en el nivel de cliente excepcional y de gustos refinados.
Siempre he sido una persona de retos, y con base en estas experiencias me dedico a buscar lugares donde se nos respete y atienda con profesionalismo; que se nos quiera por nuestra educación y nivel de exigencia en la carta y en la bodega. Con el ánimo de que la isla sea lo que fue: un referente mundial en la guía de los fumadores de tabacos, catalogamos cada establecimiento visitado y hacemos una primera propuesta:
HACIENDA AZUCARERA
Ésta y otras razones me llevaron al hotel Hacienda de Abajo, en Tazacorte, isla de La Palma. La decisión fue sencilla: los amigos que me visitan para disfrutar de unos días juntos con la excusa de fumar un tabaco, hicieron que conociera el establecimiento. Así que reservé unos días para disfrutarlo y sentir que no sólo me apreciaban, sino que tenían muy en cuenta mi afición de fumar puros, pues los espacios disponibles para ello son de excelencia; un privilegio.
El edificio, de arquitectura tradicional, y su pinacoteca –con obras de los siglos XVI al XVIII– privilegian el patrimonio local, complementados con el restaurante El Sitio y un entorno natural ajardinado, con terrazas al aire libre. El Mirador es una atalaya al mar Atlántico, utilizado antiguamente para avistar las arribadas al puerto y alertar a los pobladores.
El hotel consta, dentro de un recinto amurallado, de cuatro edificaciones distribuidas alrededor de un jardín interior, donde antiguamente se ubicó una huerta. La Casa Principal de Tazacorte, del siglo XVII, forma parte del patrimonio histórico de Canarias, y su ampliación, con nuevas edificaciones de alto y bajo, responde a la tradición de añadir cuerpos que conforman una planta en «L» o «U», reutilizando maderas, sillares y piedras de edificios desaparecidos; una apuesta por la arquitectura sostenible.
UN POCO DE CONTEXTO
El desembarco para la conquista de la isla, por el adelantado Alonso Fernández de Lugo, se produjo en 1491 por Tazacorte. Es ahí donde se establecieron los primeros asentamientos en el valle de Aridane, por tener tierras más fértiles y suministro de agua de La Caldera de Taburiente –hoy Parque Natural protegido–, y una rada con condiciones excelentes para el fondeo.
En esas fechas, el principal objetivo de la conquista era el cultivo de la caña de azúcar, y la Hacienda de Abajo fue la primera y más productiva de su tipo en La Palma. Alberga un importante ingenio azucarero construido a finales del siglo XV o primeros años del siglo XVI por don Juan Fernández de Lugo, sobrino del conquistador.
En cuanto a la hacienda, la plantación original fue comprada en 1509 por la compañía alemana de los Welser, banqueros del emperador Carlos V, que en 1513 la vendó por 8 mil florines de oro a sus socios alemanes, don Jácome de Monteverde y su tío don Johann Biess, con todas las tierras y aguas desde el mar hasta la Caldera de Taburiente.
Don Jácome de Monteverde construyó la hacienda, que sus herederos ampliaron. Era un conjunto residencial e industrial, en cuyo centro se situaban las casas de los señores, que tenían su entrada principal y un gran balcón-mirador en sus fachadas traseras, con grandes vistas hacia el mar, los cañaverales y el ingenio azucarero.
En su interior se hallaban magníficos objetos suntuarios y utilitarios importados de Flandes y de Andalucía, gracias a las relaciones comerciales logradas con el viejo ingenio, desmantelado en 1840.
Posteriormente se añadieron otros edificios donde residían los miembros de familias destacadas que, por alianza matrimonial o compraventa, fueron parte de un reducido grupo de propietarios. Entre estas familias estaba la Casa de Sotomayor Topete, señores de Lilloot, Berendrech y Zuitland en los Estados de Flandes, cuyos miembros desempeñaron durante siglos un papel destacado en la vida de La Palma.
Don Pedro José de Sotomayor Topete Massieu Vandale (1689-1750), edificó la Casa Principal de Tazacorte, y sus descendientes han mantenido la propiedad.
COLECCIÓN INIGUALABLE
La venta del tan codiciado azúcar en Amberes, centro internacional de su comercio, hizo que La Palma recibiera en el siglo XVI el conjunto de esculturas y pinturas flamencas más importante de Canarias. La instalación hotelera posee el Premio Hispania Nostra a las Buenas Prácticas en la Conservación del Patrimonio Cultural 2014.
En total, la Hacienda de Abajo contiene más de mil 300 obras de arte, tapices franceses y flamencos de los siglos XVI al XVIII, la pinacoteca mencionada, porcelanas y estatuas chinas de las dinastías Tang, Ming y Qing, tallas religiosas europeas de los siglos XVI al XVIII, y múltiples objetos suntuarios que constituyen la mayor aportación de patrimonio artístico a la isla.
Pinacoteca y mobiliario son los principales atractivos para pasar las horas sin aburrirse. La simple contemplación, pieza por pieza, evoca una época pasada en la que los moradores de la hacienda se rodearon de objetos artísticos exquisitos, gracias a los intercambios comerciales con Europa, América y Asia; un comercio que nos dio a conocer variedades de tabaco tan importantes para la isla, como las Java y Sumatra.
LA PALMA Y SUS REFERENCIAS
La singularidad botánica es el mayor activo estratégico de La Palma. No es simplemente un destino geográfico, sino un ecosistema de resistencia y pureza que ostenta el título de Reserva Mundial de la Biosfera, y con una orografía abrupta, es la isla más alta del mundo en relación con su superficie y origen volcánico.
La isla impone un ritmo de producción dictado por la naturaleza, no por la demanda. Para el viajero con altas expectativas, el valor no reside en la opulencia, sino en el acceso privilegiado a lo que es escaso, heroico y profundamente vinculado a un territorio indómito.
Sus cultivos en pequeños bancales y producciones artesanales marcan tanto una calidad excelente como la limitación de sus producciones: tabacos, rones, vinos, sombreros, tejidos, frutas y hortalizas son el mayor valor de lo excelente y exclusivo.
Con uno de los mejores climas del mundo, árboles, arbustos, flores y plantas de todos los confines se entremezclan para formar uno de esos antiguos jardines de aclimatación que tanto contribuyeron a la difusión de raras especies vegetales procedentes de América y África a lo largo de los siglos XVIII y XIX.
También contiene especies endémicas canarias distribuidas en dos zonas de parterres irregulares, con pérgolas, fuentes y bancos, así como una piscina a semejanza de los antiguos estanques que, además utilizarse para el riego, tenían una clara función ornamental.
VIAJAR HACIENDO AMIGOS
La validación y consolidación de un producto artesanal requiere de un escenario a su altura. La infraestructura histórica, como las antiguas haciendas azucareras del siglo XVII, actúan como el marco necesario para que el vino, el ron y el tabaco cobren sentido pleno.
Fumar un puro en el hotel no es comprar un tabaco, sino ofrecer un ritual de tiempo y paciencia que resume siglos de maestría artesanal. Una experiencia única y exclusiva.
En el contexto de la SELECCIÓN by Fernando, y una propuesta de máximo lujo para los fumadores, elegimos el hotel Hacienda de Abajo, que representa un producto de élite para el maridaje y la importancia del factor humano, que define el ritual de fumar un tabaco premium.
Esto se liga a la calidad del tabaco en La Palma, como una experiencia única, repetible, que consagra al fumador como una persona excepcional, para respetar y atender con exquisitez y mimo.
Les espero en mi isla, para disfrutar juntos de un buen tabaco y de una experiencia única.






