
Pocas personas tienen el privilegio de saberse herederas de una tradición familiar centenaria en el Mundo del Tabaco, y Francisco Rodríguez Paxtián es uno de ellos. En 1910 su abuelo, don Juan Rodríguez López, comenzó sembrando en tierras ajenas el legado familiar que hoy, 113 años y cuatro generaciones después, con cultivos propios, Tabacalera R. Paxtián traduce en uno de los mejores tabacos mexicanos de exportación, así como puros premium reconocidos en México y el mercado internacional.
Paco, como le llaman sus amigos, lleva el tabaco en la sangre, porque “en el mundo no existe otro cultivo tan fascinante, extraordinario y completo… hay que dedicarle mucho tiempo, conocerlo y ser conscientes del trabajo y la constancia que implica, convencidos de que debe hacerse con paciencia y entrega, pero sobre todo con amor”.
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LA REVOLUCIÓN Y EL ABUELO
Como documenta el Atlas del Tabaco en México, los estados de Veracruz y Oaxaca fueron la fuente primaria de producción de tabacos oscuros para exportación, mientras que el estado de Nayarit ya destacaba –a principios del siglo XX–, en la producción de tabacos rubios de la variedad Virginia, utilizados en la fabricación mecánica de cigarrillos que iniciaba en el país. Los principales destinos de los tabacos labrados mexicanos eran Alemania, Inglaterra y Francia.
Entre 1875 y 1900, de acuerdo con el historiador Daniel Cosío Villegas, “los cantones de Córdoba, Orizaba y Jalapa fueron inicialmente los principales productores de tabaco, pero como sus tierras no eran del todo apropiadas, pronto disminuyó el cultivo. Se abrió entonces la zona sur del estado y el norte y occidente de Oaxaca. Los primeros tabacos del sur de Veracruz que irrumpieron en el mercado fueron los de la cuenca del río San Juan… los de San Andrés Tuxtla y Acayucan pronto adquirieron fama”.
El primer antecedente importante de la industria moderna del tabaco se registra en 1875, cuando el francés Ernesto Pugibet fundó la fábrica de cigarrillos El Buen Tono, con capital mayoritariamente francés, una pequeña parte alemán y algunos accionistas mexicanos. Por su parte, los alemanes contaban con las fábricas La Violeta y La Mexicana, en Orizaba, así como La Flor, en Tepic, Nayarit.
El monto de la exportación mexicana, poco significativo dentro del volumen total del comercio internacional del tabaco, aumentó de 150 toneladas en 1878 a más de 700 en 1891; de allí en adelante osciló generalmente entre mil y mil 500 toneladas con años excepcionales en que ascendió hasta a 3 mil toneladas. Las principales fábricas de puros se encontraban en San Andrés Tuxtla, Córdoba, Orizaba y el Puerto de Veracruz, en el estado del mismo nombre, así como en la Ciudad de México, Puebla y Guadalajara.
Pero llegó 1910 y con ello el inicio de la Revolución Mexicana, un periodo de guerra civil que terminó con la dictadura de Porfirio Díaz, pero también –con el paso de los gobiernos posteriores–, con la próspera, extensa y muy valiosa industria tabaquera de México; años durante los que se consolidó la última y más importante región productora de tabacos negros para cigarros puros en la actualidad: San Andrés Tuxtla.
Paco recuerda las pláticas de su abuelo, quien le contaba que en aquel entonces los principales empresarios y productores tabaqueros eran alemanes, para quienes precisamente don Juan Rodríguez sembraba. “Ellos ya traían cierta cultura del tabaco y empezaron a enseñarle las personas de la región”.
Como muchos hombres de su generación, don Juan comenzó a trabajar en los tabacales a los 14 años y se casó a los 15. Desde entonces, y hasta sus últimas fuerzas, se la pasó en el campo. Inició con una hectárea. “Recuerdo incluso que cuando era niño me iba con él a sembrar tabaco y me pagaba como un peso. Era una siembra de temporal, porque no existía el sistema de riego, pero llovía muy frecuentemente y nos dábamos unas mojadas y enlodadas tremendas, que incluso nos decía: ‘¡ustedes así no sacan ni para el jabón!’.»
Don Juan fue originario del corazón tabaquero del Valle de San Andrés, cuna de los más grandes torcedores que ha dado el país: la comunidad de Sihuapan, y desde que tiene uso de razón se recuerda en los tabacales de su abuelo:
“Él siempre me decía que en el cultivo del tabaco nunca se deja de aprender. Es una actividad bastante noble, pero sobre todo fascinante y extraordinaria, fuera de lo común, porque se requiere demasiado carácter, templanza, experiencia y conocimiento para obtener una cosecha exitosa”. A pesar de que don Juan no fue productor de cigarros, siempre se armaba sus jolochitos, unos tabacos rolados de forma artesanal, sin prensa y muy rústicos, que “fumaba todo el tiempo”.
El trabajo de su abuelo, como muchos tabacaleros hoy en día, consistía en cuidar de la siembra hasta la fermentación. Actualmente se utilizan termómetros para medir y controlar la temperatura de las trojas de tabaco, “pero antes no se usaba eso. Mi papá me contaba que metían la mano entre el tabaco y si se sentía muy caliente, entonces comenzaban a voltear las trojas”.
«Mi abuelo –continúa Paco– trabajó hasta que la fuerzas se lo permitieron». Dice que hasta los 96 años le veía de madrugada cargando su azadón, cojeando, para irse a su parcela, «porque cuando amas el campo, cuando la tierra te ha formado, no hay día que no quieras pasarlo ahí».
Sin embargo, don Juan nunca hizo empresa. Siempre fue agricultor que iba rentando tierras, las más descansadas y con mayor rendimiento, y todo el producto se lo vendía a los alemanes, quienes introdujeron el cultivo de tabaco en San Andrés. Llegó a cultivar hasta siete hectáreas, pero su verdadero legado, la herencia millonaria que dejó tras su muerte, a los 102 años, fue el conocimiento transmitido a don Víctor, su hijo, quien llegaría a coordinar la siembra de hasta 300 hectáreas de tabaco.
EL ARTE DEL TABACO
Como su abuelo, el padre de Paco, don Víctor Rodríguez, comenzó en el campo a los 14 años, se casó a los 15 y tuvo ocho hijos. Desde entonces hasta hoy, pasados sus 83 años, el campo y el cultivo de tabaco han sido su vida entera. Muy joven fue contratado por una familia importante de tabacaleros en San Andrés, con quienes trabajó y perfeccionó todo el conocimiento heredado durante más de 20 años.
Durante el tiempo que trabajó en campos ajenos nunca tuvo vacaciones, y no porque no se las dieran, sino porque no las pedía. Para él, el cultivo es una pasión, una forma de vida. “Mi papá me decía que el tabaco es como un ser humano; conforme lo eduques y lo trates vas a tener calidad en tu producto. Son muchos los cuidados, detalles y conocimiento aplicados, porque nunca dejas de aprender o de hacer cosas nuevas, diferentes, para obtener una cosecha de calidad excelente”.
La disciplina marcial de quien se dedica y apasiona por el campo es igual en todos lados, y don Víctor es ejemplo: un hombre que a las cuatro o cinco de la mañana está listo para irse a la parcela.
Gracias a todo el conocimiento adquirido –agrega Paco–, junto con su padre logra rendimientos de hasta dos toneladas por hectárea. Todo ello es producto de la experiencia ganada durante generaciones, «así como del cuidado y atención que uno brinda al cultivo, pero sobre todo, de la perseverancia y la disciplina”.
Y es que, explica, el tabaco es un cultivo al que debes dedicar el mayor tiempo disponible… y un poco más, porque si hay que ir por la noche a trabajar “se tiene que hacer”. A veces, por ejemplo, el tabaco ya está casi de corte, y muchos dicen, “hay que esperar para no invertirle, ya no hay nada por hacer”, y tras unos cuatro o cinco días cae una plaga o las plantas se dañan.
“He aprendido tanto de mi padre… siempre me dice: ‘todos los días, así pareciera que no hay que hacer nada, debes estar al pendiente, porque no sabes qué pasará. Hay que ir y ver el tabaquito, porque con este cultivo no existen vacaciones, hay que darle todos los días’. Cuando vamos veo que mueve las hojas, las alza y las ve por todas partes, esperando no encontrar algún problema”.
Tras dar estudios a todos su hijos, Paco y uno de sus hermanos hablaron con él para pedirle que dejara de esclavizarse para otros y tuviera un negocio propio. Y aunque respondió que para él no era esclavizante, sino apasionante, aceptó y hacia 1990 comenzaron una nueva aventura familiar: Tabacalera R. Paxtián.
“Decidimos comenzar con el cultivo propio de tabaco y más tarde con la fábrica de puros. En este tema estrictamente somos mi papá, un hermano y yo, y en los últimos cinco años se sumaron los nietos, dando origen a la cuarta generación en el cultivo del tabaco. Somos una familia con raíces muy humildes, muy unida y en todo nos ayudamos, así que cuando hay que hacer alguna labor donde requerimos la participación de alguien, siempre intervenimos y estamos en frecuente comunicación. Pero él es el jefe y se hace lo que diga”.
Entre otras anécdotas que don Víctor le contaba sobre el tabaco Negro San Andrés, está que antes la semilla la desarrollaban en la montaña debido al clima, siempre con neblina y lluvia constante. Así que simplemente tiraban las semillas y germinaban solas. “Luego iban en mulas o en burros para traerlas en cajones de madera y venían a sembrar al valle. Una de las particularidades del Negro San Andrés es su resistencia; incluso se le puede dejar sin sembrarlo por varios días».
Tan bueno es, que su capa se considera “la mejor capa madura del mundo”, y la demandan y utilizan las grandes marcas de puros en el nivel mundial. Hoy esta especie de tabaco se está revalorizando, al punto que la demanda de capote y tripa ha ido creciendo de forma exponencial.
Esta familia siembra más en la parte montañosa de San Andrés Tuxtla, donde las plantas se desarrolla muy bien y tienen características muy específicas, “mejores” a las del tabaco sembrado en el valle, “donde las tierras ya están cansadas. Pero en la montaña, como hay ventajas, hay desventajas, sobre todo el costo de sembrar tan lejos, pues hay que pagar más a los trabajadores y los caminos son complicados. Cuando llueve hay que abrir brecha, meter maquinaria, pero la calidad es garantía. Eso ofrecemos en Tabacalera R. Paxtián”.
EL BUEN CIGARRO, UN PRIVILEGIO
Hace 23 años, cuando la familia decidió incursionar en la manufactura de cigarros premium, comenzaron con un tabaquero y productos sin anillas. Pero en 1994, cuando Paco se graduó como Ingeniero Industrial, decidieron adentrarse en la elaboración de puros.
Él mismo diseñó todas las marcas de la empresa, pero fue Privilegios la que le quitó el sueño: «quería ese concepto, pero no relacionado con los privilegios suntuosos o que denigran la decencia humana, sino esos que invocan e invitan a la celebración del privilegio de la vida, como la libertad, la alegría, la felicidad de ser tú mismo, de convivir y de tener buenos momentos con la familia y los amigos, porque son los únicos privilegios que el hombre no puede rechazar. Al contrario, debe aceptarlos con dignidad y placer”.
Así que dio rienda suelta a su imaginación y concluyó el diseño de la anilla, pidiendo consejo a un profesional en el diseño de marcas de puros famoso en el mundo, quien no agregó más al concepto ni al arte: estaba listo.
Nació así el nombre más representativo de la tabacalera y una de las marcas mexicanas con mayor prestigio nacional y reconocimiento internacional, que coloca a este puro mexicano entre los mejores del mundo. “Son los únicos privilegios que el hombre puede poseer con presunción y disfrutar con devoción”, sentencia.
Al catálogo se suman las líneas de Del Paraíso, llamados Elemental, Especial, Fusión México-Nicaragua, Mexike y Premium; las de R. Paxtián, Premium y Secrets; de Privilegios, Especial, Premium y Selecta, así como de TabaRicos, con Cubanitos, Junior y Thabanitos, que ofrecen al fumador un abanico de decenas de vitolas para satisfacer cualquier paladar.
Comenta Paco que desde 2018 prepara y diseña una nueva marca, con mucho orgullo y pasión, seguro de que superará en calidad y empeño de todo lo creado hasta ahora. Una marca premium icónica de la cultura mexicana, que por su naturaleza “saldrá a la luz cuando deba salir, sin importar que sean uno o dos años más. Somos afortunados, porque tenemos tiempo y paciencia para esperar… A lo bueno hay que darle tiempo, pero a lo realmente excelente hay que darle su lugar, para lograr carácter y autenticidad únicos”. Por ahora sólo adelanta el eslogan: El Sabor del Arte.
“Cada vitola tendrá una identidad y diseño propios, y estoy convencido de que será un éxito en el mercado porque se trata de tabacos bien añejados, con un tratamiento especial y un puro hecho de la mejor manera». Será una Edición Limitada de cigarros con el máximo nivel de detalle, para dignificar la calidad de los puros premium mexicanos”.
A MANERA DE COLOFÓN
La mayor satisfacción que le ha dado esta industria –concluye Paco– es poder trabajar al lado de don Víctor y estar muy consciente del origen de su familia, gente de la cultura del trabajo y del esfuerzo.
“Últimamente veo que la fortaleza física de mi padre empieza a menguar, pero pareciera que para volar más alto, porque siempre nos ha inculcado el trabajo, la perseverancia y el optimismo. Es alguien que, a pesar de sus 83 años, se levanta a las cinco de la madrugada con un optimismo superior al de cualquiera de nosotros, que todavía estamos nuevos. Tiene sus proyectos, sueños, anhelos… Eso lo he valorado muchísimo en los últimos tiempos, al ver cómo se conduce y te inculca sus conocimientos, los valores que debes seguir para salir adelante en este maravilloso Mundo del Tabaco.
Los principales consejos que su padre le ha dado, y que ahora él transmite a sus hijos y nietos, son: “Nunca manchen el apellido de la familia, para que las puertas siempre se les abran; condúzcanse siempre con honestidad, humildad y gratitud, y trabajen en todo momento con determinación, optimismo y disciplina. Solo así podrán cosechar la mejor recompensa al hacer un buen trabajo, que es la oportunidad de ser respetados y vivir con congruencia y dignidad”.






