San Lotano, la Gungnir de AJ Fernández

CIGARVOSS

Nicolás Valenzuela Voss

Es la Edición de Aniversario y en verdad estoy muy contento de ser parte de este equipo. No caeré en el cliché emocional para decir que somos familia, pero sí, que somos un equipo hermoso. Muchos han pasado por acá; gente de todas partes del mundo nos lee y colaboradores de diversas nacionalidades aportan, mes a mes, textos para aprender juntos y que la revista siga creciendo.

Algunos venimos del proyecto anterior y por lo mismo es imposible no recordar a nuestro difunto amigo Tomás. Pero bueno, es momento de celebrar, porque han sido años de grandes desafíos personales y gracias a Dios hemos permanecido y crecido.

En esta ocasión alegre decidí fumar un cigarro muy significativo: primero, porque mi amigo Josep, a quien cariñosamente llaman El Presi –por ser el Presidente de Genba Club– me lo mandó hasta Chile; segundo, porque su ligada me encanta; tercero, por ser de mis vitolas favoritas ante los sabores que entrega y su complejidad de armado, y finalmente, porque es de las primeras marcas de intensidad media alta que probé y me enamoró. Hablo de San Lotano, formato Lancero.

Todo fumador de respeto se pone de pie y se viste de etiqueta al hablar de AJ Fernández y la línea San Lotano. Hasta hoy no tuve el desagrado de fumar algo malo de la marca, y aunque hay cigarros que se amoldan más a mis gustos, en términos objetivos tienen gran consistencia. Toda ligada que probé está muy bien elaborada y es clara con sus pretensiones; no da sorpresas negativas.

Este Lancero lleva capa Cubra, un tabaco cubano que se adaptó muy bien al clima y suelo brasileños. De ahí su nombre, que mezcla las primeras sílabas de “Cuba” y “Brasil”. Un ejemplo más de que países estigmatizados por sus cigarros producen tabaco muy bueno.

El humo de esta belleza es denso, cremoso y con mucho cuerpo. Su fortaleza media alta está muy bien lograda y diría que se alcanza casi terminando el primer tercio. Comienza bastante amable y eso –desde mi perspectiva– se agradece. No soy fan de los tabacos que comienzan buscando el KO.

Como mencionaba, este Lancero viene vestido en tabaco Cubra, pero lo que esconde no es menos llamativo: un capote de Nicaragua y su tripa de la trinidad tabaquera, es decir Nicaragua, Honduras y la República Dominicana; el Dream Team de los países productores.

En frío, sus notas dulces y achocolatadas son muy presentes y aceleran el corazón por la emoción que genera probarlo. Como es costumbre –creo que no puede ser de otra manera– el corte a realizar es el recto –no confío en quienes gustan del corte en “V”, lo siento–, y el encendido con gas butano y encendedor de una sola llama. Para acompañar, un café orgánico de fortaleza media y acidez baja que ayuda a levantar los sabores de este tabaco.

El primer tercio –como antes mencioné–, comienza con una fortaleza media y notas principalmente dulces: regaliz y chocolate acompañados de un leve espresso y cuero, un poco más presente. Un tiro y combustión perfectos en una quemada muy pareja, invita nuevamente a apreciar el trabajo de los torcedores.

Lee el artículo completo: