Muere Don Conrado Plasencia

Murió en Florida Don Conrado Plasencia, este 27 de septiembre, hermano de Sixto y tío de Néstor Plasencia, herederos de una empresa que se remonta a 1865, cuando la familia de don Eduardo Plasencia dejó las Islas Canarias, de España, y emigró a Cuba –como tantos otros canarios que con el tiempo crearon las grandes marcas de habanos–.

A poco más de 40 años de establecerse en la isla, en 1896 uno de sus sobrinos, Sixto Plasencia, continuó el negocio tabaquero al abrir la finca Corojal, que durante 20 años tuvo un crecimiento sostenido. Con una nueva empresa, Los hijos de Sixto Plasencia, consiguió exportar y hacerse de clientes cada vez más importantes.

Sin embargo, Fidel Castro y la Revolución Cubana pusieron fin al sueño de la familia, cuando en 1963 confiscó las fincas tabacaleras y la fortuna lograda a lo largo de casi 70 años. Los Plasencia se refugiaron en México, y aunque pareciera que se fueron sin nada, llevaban décadas de experiencia, conocimiento y legado tabaqueros.

Tardaron dos años para instalarse y retomar el vuelo, desde cero nuevamente, pero ahora en Nicaragua, donde se establecieron en 1965, cuando don Sixto comenzó a sembrar sus semillas e inició una nueva etapa en esta historia de una familia que cruzó el océano y quemó las naves para sembrar tabaco y probar fortuna en el Nuevo Mundo.

Sin embargo, una revolución más truncó los planes de los Plasencia, ya que hacia 1978 el gobierno sandinista quemó las fincas familiares y los obligó, nuevamente, a escapar de un país convulso y el estallido social. Esta vez no fueron tan lejos, se instalaron en Honduras, donde abrieron la empresa Tabacos de Oriente, que dirijió hasta este día don Conrado Plasencia.

Con Néstor Plasencia al mando de la cuarta generación, la familia dio un salto al pasar del campo a la producción, y para 1986 Plasencia Cigars elaboraba un millón de cigarros al año. De igual manera, en 1990 logran volver a Nicaragua y reactivar las tierras que habían dejado, para llevar su producción a un récord insospechado de 33 millones de unidades anuales.

Los siguientes años fueron de crecimiento y expansión; a mediados de la década del 2000 fabricaban ya más de 30 marcas privadas que confiaban en la calidad de su materia prima, en sus maestros ligadores y su capacitada mano de obra tabaquera.