
Madrid, entre humos
Una lucha que nació en el sur de España
Sofía Ruiz / Master Habanosommelier
De acuerdo con la Real Academia Española, la palabra poesía significa «idealidad, lirismo, cualidad que suscita un sentimiento hondo de belleza manifiesta o no, por medio del lenguaje». A esta misma emoción profunda de encanto le podemos denominar Andalucía, una zona al sur de España donde por la mañana, cada rayo de luz, junto con los primeros cantos de las aves, te hace sentir vivo y lleno de alegría.
Las vides que llenan los paisajes, sus ciudades con edificaciones de influencia árabe y cristiana, además de los acordes de la guitarra flamenca, permiten abrazar a una cultura icónica en la salinidad de cada sorbo de jerez. No se puede estar aquí sin visitar una bodega jerezana, templo blanco con piso de arcilla y altos techos de madera, donde las botas (barricas) añejan su oro líquido.
También aquí, una poesía a la belleza se gestó décadas atrás, con una lucha por la igualdad y equidad de género. Su nombre es un plural femenino: Las cigarreras de Sevilla, Cádiz y Gijón.
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Hacia finales del siglo XVIII, en Sevilla, la producción de tabaco en polvo y elaboración de cigarros a mano estaba a cargo de varones. Se pensaba que las pesadas fases del proceso industrial para obtener tabaco en polvo (azoteas, monte, moja, entresuelos y repaso), así como los fardos voluminosos de las hojas, el manejo de los caballos durante la molienda y el picado de la materia prima –en una especie de morteros–, demandaban necesariamente su fuerza superior.
Pero el declive del tabaco en polvo y el aumento en la demanda de cigarros, que resultaban de mala calidad y sabor, en comparación con los procedentes de Cuba, propiciaron la evolución de la industria.
Aunque las fábricas establecidas en Cádiz, La Coruña y Gijón, entre otras, contaban ya con presencia femenina en los procesos de elaboración de los cigarros, 1813 marcó un hito en la lucha por la igualdad en la industria. Cerca de 6 mil mujeres se integraron como fuerza laboral a la Real Fábrica de Cigarros de Sevilla, formando la mayor comunidad de cigarreras en la historia, que sumó a 23 mil por toda España.
El archivo de la fábrica conserva la siguiente solicitud de empleo de las primeras, dirigida al Superintendente en Comisión de la Real Fábrica:(*)
Señor:
Matias Martinez, dependiente de la Real Fábrica de Tabacos de esta ciudad, en la que ha servido fielmente a S.M. por el largo espacio de quarenta y nuebe años en el empleo de portero, en el que fue jubilado con (…) su sueldo, el 31 de octubre de 1809. Dise con todo el respeto devido ha llegado a entender se trata del establesimiento de quadra de mugeres para la labor de sigarros, y como lo abansado de su edad a mas de 80 años le hace temer su sercana falta, por la que deven quedar en el mayor desamparo tres hijas mosas que le rodean mayores de 29 a.
Suplica a Vd. tenga presente a una de ellas para Portera, y las otras dos para sigarreras, en consideracion a ser hijas de la casa siéndolo de uno de sus empleados, y por más tiempo ha servido en ella, y con la puntualidad, fidelidad y escrupuloso desempeño que es público en ella.
Fabor que espera mereser de V.I. cuya justificación le consta. Dios guarde a V.I. m. a.
Sevilla 7 de diciembre de 1812.
Firma: Matias Martinez.
* (sic).
La primera fábrica de tabacos en Europa, una de las industrias más exitosas de la época, dio origen a una comunidad de mujeres que desencadenó los primeros movimientos feministas. Hoy en día sus pasillos los recorren estudiantes y profesores, ya que es sede de la Universidad de Sevilla.
Gracias a la calma, delicadeza y paciencia de las mujeres, así como el sexto sentido que es nuestro verso y prosa, comenzaron a ganar espacios en todas las áreas y procesos de elaboración, administración y mantenimiento, desempeñándose como capataces, maestras, pureras y cigarreras.
Pero a pesar de la alta calidad de su trabajo y mayor productividad, su salario era menor al de los hombres, carecían de seguridad social y era ley que una enferma perdía su empleo. Esto desencadenó sus primeras huelgas y protestas, que permitieron la igualdad salarial, la existencia de cunas para los hijos menores en sus puestos de trabajo, mayor libertad en el interior de la fábrica y flexibilidad laboral.
Al luchar codo a codo y compartir la mesa surgieron una hermandad y solidaridad inquebrantables. A ninguna compañera se dejaba atrás; marchaban y protestaban todas, por todas. Y con la introducción de las primeras máquinas, al ver comprometido su trabajo, las cigarreras participaron en distintas protestas y amotinamientos entre 1838 y 1872.
Algunas de ellas rechazaron el matrimonio y prefirieron unirse a los primeros sindicatos. Su capacidad de lucha, organización y valentía alcanzaron tal nivel, que se decía que ningún movimiento obrero triunfaría sin la presencia de las cigarreras de la Real Fábrica de Sevilla.
Esto alentó a otros movimientos feministas, como la huelga en la Fábrica de Tabacos de Gijón –fundada en 1823–, donde a principios de 1903 se quiso imponer un trabajo más laborioso, con menor retribución. La respuesta de pitilleras y empacadoras fue negarse rotundamente, y ganaron aun cuando los dueños amenazaban con cerrar las fábricas.
A 120 kilómetros de Sevilla, otro movimiento se gestaba entre las trabajadoras de la Fábrica de Cádiz. Su rebeldía se originó en las infinitas jornadas laborales y bajos sueldos, en comparación con sus compañeros. Este grupo de mujeres inició un movimiento que evolucionó hasta el siglo XX. En pleno 2025, la lucha por la igualdad sigue, para que las mujeres tengamos más espacios en la industria.
Algunos consideran que el oficio de cigarrera nació en Cádiz, desde donde se extendió por todo el sur de España, mientras que la política Ana María Ruiz-Tagle afirma que “el feminismo y el movimiento de la mujer trabajadora no se pueden estudiar sin conocer el mundo de las cigarreras sevillanas”. Reconozco que los esfuerzos de todas, a lo largo de la historia, han rendido frutos.
Actualmente, la mayoría de los habanos en las fábricas en Cuba son hechos por mujeres, que también ocupan más de 50 por ciento de los puestos en el proceso de torcido; tienen espacio en las mesas de escogida y en las de selección, y aportan, por su habilidad manual, una colocación única en las anillas, un despalillado mágico y una cosecha, hoja por hoja, con respeto a la máxima calidad.
También han ganado puestos de trabajo en el ámbito comercial, fungen como técnicas de calidad en las fábricas, e incluso han creado marcas emblemáticas. Las actuales estrategias de posicionamiento y de innovación tienen sello de mujer, y la cultura del tabaco cuenta con su voz, que anima con conocimiento cada cata, experiencia y conferencia.
Dedico esta columna a todas las mujeres que trabajan en la industria, a quienes he tenido la fortuna de conocer y se han convertido en amigas. Agradezco el conocimiento compartido, las charlas, consejos, risas y este sentimiento común de sororidad. Algunas me han dado grandes oportunidades en este camino, con el que busco abrir espacios para las que vienen detrás y buscan desarrollarse.
Recordar es volver a vivir… Aludo al sur de España en pleno centro de Madrid, bebiendo Jerez en La Venencia (Echegaray 7), con su barra y bancas de madera. Fino en mano, me acomodo en un rinconcito de un local diminuto, desde donde observo… No es posible fumar, así que el deseo del sabor de un habano me llevó hacia una locación cercana –de nuevo Andalucía–, donde me espera una mesita exterior bajo los típicos murales sevillanos.
«Las apariencias engañan», dice el refrán, que comprobé al ingresar al lugar y pedir un Pedro Ximénez. Me quedé sin palabras, yo que soy de hablar sin parar. Viva Madrid fusiona lo antiguo con una propuesta fresca y moderna de vinos, destilados y tragos. Si pasas por ahí, no te pierdas el salón interior, que te recordará los años treinta, revestidos con una exquisita decoración moderna.
Levanto mi copa y enciendo un habano por cada mujer. Espero que en el futuro no debamos «celebrar» un día ni un mes; que la igualdad sea un asunto cotidiano y la lucha sea por conservar la hermandad, el conocimiento, la fuerza y la amistad. Al final, “somos verso, cigarreras, prosa, tabaco y fuerza envueltos en humos y poesía”.






