Forajidos. Vacío

NOVELA POR ENTREGAS

Historias de tabaco en el viejo oeste

Capítulo 5: Venganza

Parte II

Raúl Melo

Como lo acordamos, a la mañana siguiente todo estaba listo para salir. En esta ocasión, pedí a Alyssa que me dejara hacer el viaje solo. Sentía la necesidad de reflexionar y conversar conmigo mismo durante estos días de viaje.

Ella accedió y colocó sus raciones a un lado de las mías.

-Para que no pases hambre-, me dijo mientras las colocaba cuidadosamente entre mis demás pertenencias. En sus ojos pude ver la preocupación por mi bienestar, pero también el deseo de darme la oportunidad de sanar en soledad. Nadie cuestionó esta decisión a pesar del peligro que pudiera representar dados los más recientes acontecimientos, pero aún así me dejaron partir.

Como si aquello fuera lo que realmente necesitaba, en el camino, un rostro conocido interrumpió mi soledad. Al galope, un fino Mustang me dio alcance, una hermosa bestia color paja montada por mi amigo Adahy.

 

-Awan, ¿cómo te va, amigo de humos? Supe lo que pasó y lo siento mucho. Seguramente él está con tu Dios-, me dijo al saludar.

-Yo no tengo un dios, pero seguro está en un mejor lugar que este, cualquier lugar es mejor que éste. Te agradezco.

-Veo en tu mirada que también te has ido con él, mi amigo. Siento algo que te afecta en lo más profundo de tu interior

-Ja, ¿sabes? No hay peor cosa que ver cómo se va la vida de un cuerpo donde sus ojos reflejan el miedo a la muerte y creo que eso fue lo que vi. Siento que morí junto con él porque es lo que yo también merecía. Le hice una promesa, Adahy, una promesa que le dio esperanzas y que no pude cumplir-, expliqué.

-Awan, John Doe, alguien, un desconocido, todo eso significa tu nombre, hermano. Y hoy no podría tener más sentido. Has perdido una parte de ti y hoy no eres nadie ni nada. Necesitas encontrarte para llenar ese vacío en tus ojos-, expuso con una paz que sólo en los nativos había podido encontrar.

-Yo lo que quiero es venganza, siento que no podré recuperar nada de lo que teníamos si no desquito la furia que llevo por dentro. Clinton debe pagar, Lafayette debe pagar. ¿Me entiendes?

-No, realmente no, no te entiendo. La venganza no traerá a nada ni nadie de vuelta. Entonces, ¿Qué ganarías con eso?

-Reconocimiento, tal vez. Que toda la gente sepa que no se pueden meter conmigo o con mi familia. Si el canalla de Lafayette se atrevió a hacer pública la muerte de J. C., yo quiero que también se corra por el condado entero que John Doe tomó venganza-, insistí.

-¿Reconocimiento? ¿John Doe? ¿Quién es esa persona? Sin importar cuántas bocas cuenten tu historia, no será hasta que de tu propia boca salga ese reconocimiento hacia tu ser. Creo que hace tiempo que no sabes quién eres, amigo. Nunca lo has sabido. No sé qué habrás sido antes, pero ahora eres ladrón y traficante de tabaco, también parece que fuiste padre, pero al mismo tiempo no lo fuiste. Has sido todo y nada, has sido lo que otros han querido que seas, has sido John Doe, un desconocido-, me dijo mientras cabalgaba a un lado de mi carreta.

-Y hablando de tabaco, ¿tienes alguno libre contigo?-, preguntó mientras estiraba su mano en búsqueda de un Black Bear.

-Claro, ten, disfruta-, respondí entregando un cigarro de mi abrigo y las cerillas para encenderlo. Yo también encendí uno para mí.

-¿A dónde nos dirigimos? Siempre te he encontrado por el camino, pero nunca te he acompañado más allá de las llanuras-, preguntó interesado.

-Voy hacia Callahan Ridge, allá se venden los cigarros.

-No conozco ese lugar, pero puedo acompañarte. Siento deseo de expandir mis horizontes hacia eso que llaman civilización.

Cabalgamos por algunas horas hasta dejar detrás el territorio indio y las llanuras. El desierto era el próximo destino, la noche caía sobre nosotros y parecía el momento justo para descansar.

Nos desviamos unos cuantos metros del camino principal para buscar un claro en donde montar nuestro campamento. Detuve la carreta, liberé a Lucky Bastard y le ofrecí algo de comer, hice lo mismo con aquel fabuloso Mustang.

-Se llama Kinta, en tu lengua significa ciervo. Es por su color dorado, como el de la yerba seca y obviamente los ciervos que en ella habitan. Lo hallé mientras estaba en cacería, él eligió su identidad, yo sólo la nombré. Y es a lo que me refiero contigo, mi amigo. Todos te han nombrado y te han elegido una identidad. Por todos me refiero a las personas, las circunstancias, todos, excepto tú mismo-, expuso mientras alimentábamos a los caballos y alistábamos la fogata.

El joven nativo que de a poco se convertía en mi amigo, no paraba de revolver mi mente con todas sus palabras. De alguna manera era posible que tuviera razón, pero yo sentía que dentro de mi no habría nada claro hasta asesinar a quienes acabaron con JC o bien, que ellos acabaran conmigo y me dieran el descanso que desde niño la vida me había negado.

En cada hecho trágico de mi vida, he salido ileso. El destino siempre me ha quitado a quienes quiero y me ha dejado vivo y sano detrás para poder sufrirlo. Tal vez sea eso lo que me tiene con la mirada vacía.

Seguramente se trata del hueco que dejó mi primera familia, el que amplió la partida de mi madre y mis amigos del circo, la de J. C. y la de cada alma que he arrancado de su cuerpo por hacer mis fechorías.

No negaré que muchos de ellos lo merecían, pero tal vez no era yo la persona o ser con derecho para reclamar justicia.

¿Acabar con Clinton o Lafayette me devolvería la vida o haría más grande este vacío en mi interior?

Esa era una buena pregunta que ahora rondaba en mi cabeza. No tenía una respuesta certera y no quedaba más que experimentar. Probar con el perdón y tratar de sanar mis heridas o probar con la venganza.

Un agujero más en mi alma probablemente no haría gran diferencia, así que matar a Clinton y Lafayette no sonaba tan mal. Es cierto que nunca he sabido quién asesinó a mi madre, así que no la he podido vengar. He matado a muchos en su nombre, pero no tengo certeza de su responsabilidad.

Eso es, es la respuesta que busco. El vacío en mi ser sigue vigente porque no he completado mi venganza, porque los hombres que me arrancaron trozos de alma siguen vivos. Clinton y sus hombres serán los primeros, serán quienes me muestren si de verdad esta forzada retribución me hará sentir mejor. Así es como sucederá. Decidido está.

Este monólogo interno sucede mientras de manera autómata coloco mi campamento y ayudo a mi amigo a encender el fuego. Recuerdo que cargo doble ración de alimentos. Le ofrezco algo de carne seca y pan, mientras Adahy prepara café.

-¿En qué pensabas?-, me cuestionó.

-En nada especial, pero creo que debo agradecer tu compañía y sabiduría, amigo-, le dije buscando otro par de Black Bears entre mi ropa.

Tomé el cigarro entre mis dedos y lo llevé al fuego de la hoguera. Con paciencia y movimientos constantes, ofrecí calor a sus hojas y esperé que la luz anaranjada de las llamas hiciera su obra. Alejé el cigarro de la luz y lo sacudí un poco entre la oscuridad. El halo rojo intenso se volvió evidente. Tomé mi cuchillo e hice un discreto corte en la perilla, apenas una rebanada.

Este es un ritual que pocas veces se puede o tiene la paciencia de realizar, pero cuando el humo se compartirá con un amigo, vale la pena hacerlo bien y esperar.

CONTINUARÁ…