
En 1857, el tabaco cibaeño era el principal producto de exportación de República Dominicana. La región del Cibao, en el norte del país, concentraba una enorme riqueza gracias a su producción y comercio, lo que le otorgaba un importante poder económico, aunque tenía una influencia política limitada frente al gobierno central.
El presidente Buenaventura Báez provocó una crisis al emitir enormes cantidades de papel moneda sin respaldo y utilizarlas para comprar la cosecha de tabaco a precios que perjudicaban a los productores. Mientras los billetes perdían su valor, el gobierno obtenía oro y plata, dejando a numerosos comerciantes y cosecheros al borde de la ruina. La operación desató la indignación del Cibao y convirtió el conflicto económico en una rebelión política.
El 7 de julio de 1857, los cibaeños iniciaron una revolución y establecieron un gobierno provisional en Santiago de los Caballeros. Tras casi un año de guerra civil, Báez renunció y partió al exilio en junio de 1858. Su gobierno había obtenido oro y se había apoderado de la cosecha de tabaco mediante aquella operación monetaria, mientras el presidente abandonaba el país derrotado. Así, el tabaco se convirtió en el detonante de una revolución que sacudió el poder político dominicano.






