El tabaco, en la memoria de la mujer sudamericana

Relatos y Retratos

Emmanuel Gutiérrez Pérez

“Muy amañada, porque gano todos los días mi peso en el trabajo de los aliños del tabaco, (…) No dependo de nadie, porque para eso tengo plata; conmigo no se mete la justicia, y teniendo gratos a los empleados de la casa, no hay quien oprima mi voluntad ni quien me haga sufrir”.
Manuela. Eugenio Díaz Castro, 1858.

En su novela costumbrista, el colombiano Eugenio Díaz Castro reflejó el carácter de las mujeres que se consagraban al torcido de cigarros, y tal era la soberanía que ostentaba este colectivo, que resistió una crisis exportadora de tabaco ocurrida a finales de la década de 1870, que debilitó considerablemente uno de los principales renglones de la economía de su país. Sin embargo, ellas persistieron en su labor de elaborar cigarros, y con ello, preservaron la cultura del disfrute del tabaco negro para las siguientes generaciones.

Y no exagero cuando les atribuyó a las mujeres ese rol de “preservadoras de la cultura colombiana del tabaco negro”, pues ocurrió que durante el boom del cigarro premium durante la primer mitad del siglo XX, la misma industria tabacalera colombiana comenzaría a fijar su consumo hacía el cigarrillo, estableciendo políticas fiscales desfavorables para el tabaco en rama y los cigarros, e incluso fomentando y casi que obligando a los cultivadores a enfocarse en el cultivo de tabaco rubio; no obstante, muchas torcedoras o chicoteras continuaron enrollando tabaco negro, destinados para un consumo mayoritariamente en poblaciones rurales.

Si bien Centroamérica ostenta con merecido orgullo de regiones que son un baluarte para nuestra afición al tabaco, donde la industria tabacalera es respetada por los gobiernos de sus respectivos países y, las fumadoras y los fumadores se reúnan a raudales para compartir y celebrar los humos; en el caso particular de Colombia, en estos últimos años se ha tornado habitual encontrarse con emoción y entusiasmo a más “amadores” del cigarro, aunque para ello hayamos tenido que esperar un par de décadas para ver como el tabaco retoma su lugar dentro de nuestra idiosincrasia, que parecía casi olvidada pero que afortunadamente siempre ha estado enraizada en la memoria de nuestras mujeres, que no dejaron de lado su vocación por torcer un puro.

Por ello comparto la historia del tabaco colombiano a través de cuatro mujeres, quienes preservan el legado de esas primeras torcedoras, fomentando el disfrute de esta afición desde diferentes roles y sirviendo como madrinas que guían a otras “amadoras”, para que se encuentren –como le ocurrió a Manuela, la heroína de Eugenio Díaz Castro–, quien huyó de los convencionalismos de la época y encontró un lugar donde las mujeres se congregaban en torno del tabaco, para disfrutar de la vida en sus propios términos.

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