Echarse un polvo: la historia del tabaco inhalado

¿Sabías que la expresión «echarse un polvo» podría tener su origen en una antigua costumbre relacionada con el tabaco? Antes de que el puro y la pipa se popularizaran, una de las formas de consumir esta planta era en polvo, mediante una preparación conocida como rapé. Su uso, probablemente originario de Sudamérica, llegó a Europa durante el siglo XVI, donde comenzó a emplearse con fines medicinales y, posteriormente, se convirtió en una práctica recreativa.

Durante el siglo XVIII, el rapé alcanzó una enorme popularidad entre los círculos aristocráticos europeos. Su consumo se extendió tanto que surgieron numerosas variedades aromatizadas con distintas esencias y especias. También se desarrollaron utensilios específicos para su preparación y consumo: pequeños ralladores para triturar las hojas, cucharillas para aspirar el polvo y elegantes cajas para conservarlo, algunas elaboradas con materiales costosos y acabados ornamentales.

El rapé terminó convirtiéndose en un símbolo de distinción y refinamiento social. Aspirarlo era parte de los rituales cotidianos de la aristocracia, tanto en reuniones privadas como en acontecimientos públicos. De esta costumbre procede una de las explicaciones populares sobre la expresión «echarse un polvo»: se dice que algunos caballeros se retiraban momentáneamente para consumir rapé, aunque con el tiempo la frase habría adquirido una connotación diferente. Aunque esta relación etimológica no está plenamente demostrada, sí forma parte de las historias que rodean el antiguo consumo de tabaco en polvo.