StillWell Star English No. 27

TOBACCOLOGY

Luciano Quadrini

Una vez más escribo sobre un lanzamiento reciente que además de llamar mi atención me despertó curiosidad desde el primer momento: StillWell Star, que en mi opinión marca un antes y un después en cuanto a unir dos mundos paralelos del universo del tabaco; un crossover perfecto de amistad entre los tabacos para puro y para pipa. Si ambos tienen cualidades sobresalientes, ¿por qué no combinarlos?

Cabe mencionar que no es tarea fácil, al menos para los simples mortales. Pero no me sorprende que hayan logrado esta proeza dos mentes que, además de inquietas, respiran tabaco: Steve Saka y Jeremy Reeves, eminencias de la industria que desde Dunbarton Tobacco & Trust y Cornell & Diehl, respectivamente, se amalgamaron como si fuesen dos hemisferios cerebrales conectados por hebras de humo.

¿Qué puede aportar el tabaco para puros al de pipa?

Creo que un punto fundamental es la comodidad del cigarro, al que basta cortar y encender para disfrutar de sus sabores. Como fumador de puros y pipa estoy al tanto del tiempo requerido por ambas actividades. La pipa exige más atención y paciencia, desde su carga, el encendido y cadencia de la fumada, para que no se apague, hasta la limpieza y cuidado del instrumento luego de la fumada y posterior enfriamiento.

Otro aspecto importante a considerar es la evolución que puede llegar a tener un cigarro de 52 de cepo y 6 pulgadas de largo, en comparación con una carga de –en promedio– 3 gramos de tabaco en una pipa estándar.

En el cigarro, el instrumento para fumar es el tabaco mismo, que por su proceso de curado al aire y fermentación tiene –a mi parecer– un perfil de sabor más agresivo en el buen sentido de la palabra, debido también a que no suele utilizarse ningún tipo de aditivos para modificar su sabor.

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¿Qué puede aportar el tabaco para pipa al de puro?

Las variantes en los procesos de curado en el tabaco para pipa es un punto más que extenso. Los hay curados al aire (Burley), al sol (Orientales), con estufas (Virginias), con humo de madera de roble (Kentucky), con humo de maderas aromáticas (Latakia), etcétera. Estos diferentes procesos aportan a las hojas cualidades aromático-gustativas de lo más variadas, completamente diferentes entre sí.

Esto se complementa con dos conceptos de uso cotidiano en el tabaco para pipa: el casing, que es la adición de elementos químicos para hacer ajustes al sabor de la hoja en el principio del proceso de mezcla. Utilizando alcohol como carrier, se adiciona azúcar, azúcar negra, melaza, vainas de vainilla, anís, etcétera, para modificar el balance, cuerpo e incluso el after taste del tabaco. El alcohol transporta estos sabores, penetra en la hoja y al evaporarse los deposita en el tabaco.

Por otra parte, el topping refiere a los sabores –más evidentes– adicionados al final del proceso de mezcla. En ello se utilizan elementos como vainilla, cereza, ron y jarabe de maple, entre otros.

Ambos procesos dan al tabaco para pipa una versatilidad inmensa, a la hora de abrir el abanico de sabores y aromas.

Al conocer y manejar las ventajas de ambos mundos, Saka y Reeves crearon StillWell Star, en cuatro vitolas con características propias, que comparten capa (Ecuador Habano), capote (Negro San Andrés) y tripa (Nicaragua).

  • Aromatic No. 1: contiene Black Cavendish, Golden Virginias y Burley. La perilla está endulzada y su fortaleza de suave a media.
  • English No. 27: contiene Burley, Orientales y Latakia chipriota. Fortaleza media.
  • Bayou No. 32: contiene Bright Virginias, Red Virginias y St. James Parish Perique. Fortaleza de media a alta.
  • Navy No. 1056: contiene Red Virginias, Golden Virginias, Orientales y Latakia. Fortaleza media.

Todas las vitolas vienen en formato parejo de 6 pulgadas, cepo 52, y únicamente se diferencian de sus hermanas por la anilla de pie. Su construcción es perfecta, tanto visualmente como al tacto.

En frío, el aroma a Latakia se percibe desde que se saca del celofán. Destacan las maderas como el roble, con reminiscencias a leña por los aromas ahumados y el cuero. Vale aclarar que la Latakia se genera en el ahumado de tabacos Orientales con maderas aromáticas durante cinco o seis meses.

Especias como la nuez moscada y la canela predominan en la capa, condimentando una nota a cacao amargo. El pie es un poco más herbáceo y las maderas se entremezclan nuevamente con el humo. Es un ahumado suave pero, se percibe fácilmente y está muy bien balanceado con el resto de los aromas en frío. La calada en frío es pura Latakia.

Desde las primeras bocanadas el ahumado va impregnando toda la boca. Abren el juego notas a pan tostado y una madera de cedro muy suave, que empuja desde el fondo. La Latakia ataca desde el frente y se funde –parece ir tostando– todos los aromas que van surgiendo. Ahora es el turno de las almendras.

En este primer momento la fumada es bastante seca y las notas dulces escasean. La sensación es bastante similar a la de una mezcla inglesa en pipa. No me emociona demasiado este comienzo –debo admitirlo– por la monotonía del ahumado, pero a la vez noto que tiende a tornarse más hacia el sabor del tabaco de puro, ya sea porque me acostumbro paulatinamente al ahumado, o porque los maestros ligadores así lo quisieron.

Hacia el segundo tercio aparece la pimienta negra con un picor que va en aumento. La madera de cedro ahora toma fuerza y la acompaña un dulzor de almíbar suave, mientras que el ahumado complementa ahora los sabores, con un pequeño paso al costado. Debo aclarar que no soy fanático de las mezclas inglesas para pipa; me inclino más hacia el Burley o los Va/Per.

El humo es abundante y cremoso. Mientras me concentro en la textura del humo aparece una nota salina que me corre el foco por unos segundos. En el retronasal continúa dominando el ahumado de la Latakia, apoyado en una nota a cuero. Por suerte, la monotonía del primer tercio se ha roto y el cigarro comienza a evolucionar favorablemente hacia mi gusto personal.

Durante el último tercio el ahumado y el cuero aumentan, como si pulsearan para ver cuál domina las papilas gustativas. La puja termina cuando un aroma a café tostado balancea a estos dos titanes y les complementa a la perfección, coronando el final de la fumada. Como presagiaba su construcción impecable antes de encenderlo, la combustión se mantuvo siempre indoblegable.

Dejo el centímetro que queda del puro en el cenicero para que muera con dignidad y me pregunto: ¿Será simplemente una cuestión de comodidad que las cuatro vitolas tengan 6 pulgadas de longitud y 52 de cepo? Prefiero pensar que la relación capa-tripa de estas medidas sea la ideal para que ambos tabacos –el de puro y el de pipa– se expresen de manera tan armónica.

Me comprometo a consultarlo con sus creadores y ampliar la información, en un artículo próximo, del proceso mental que siguieron para elaborar un puro con estas características, en el que las estrellas son dos caras de la misma planta: el tabaco.