Cuando Puerto Rico vivió su esplendor tabacalero

Entre 1910 y 1940, Puerto Rico vivió uno de los periodos de mayor esplendor de su industria tabacalera. Durante estas décadas, el cultivo y la elaboración de cigarros adquirieron gran importancia económica, impulsados por la demanda del mercado estadounidense. En este contexto operó la Puerto Rico Tobacco Marketing Cooperative Association, que llegó a reunir a 4.800 agricultores, quienes alcanzaron cosechas de hasta 38 millones de libras de hoja.

Por la calidad de su producción, destacaron especialmente las regiones de Manatí, Tunas, Isabela y Arecibo, aunque también sobresalieron municipios como Caguas y Comerío. Estas zonas desarrollaron una importante tradición agrícola y manufacturera, abasteciendo tanto al mercado local como a los compradores del exterior.

La actividad tabacalera no se limitaba al cultivo. Una extensa red de talleres y establecimientos se dedicaba a la elaboración artesanal de cigarros, convirtiendo esta actividad en una fuente de empleo para numerosas familias puertorriqueñas. La fabricación llegó a extenderse por distintos municipios, donde los conocimientos sobre selección, preparación y torcido de la hoja pasaban de una generación a otra.

Aunque la época dorada había quedado atrás, la industria conservaba una presencia considerable en la isla. Para 1962 todavía existían alrededor de 800 establecimientos dedicados a la confección de cigarros, testimonio de la importancia que había alcanzado el tabaco en la economía y la tradición productiva de Puerto Rico.