
Sobre las pantallas en el interior de Barajas, como se llama popularmente al aeropuerto «Adolfo Suárez» de Madrid, aparece el destino: Sevilla. A sólo una hora de vuelo me esperaba una ciudad que, sin duda, todo trotamundos y apasionado a los buenos humos debe explorar –al menos– una vez en la vida.
Lee en la revista (gira tu dispositivo para mejor experiencia de lectura):
Master Habanosommelier
Madrid, entre humos
Aquí, en cada esquina aparece una edificación de estilo barroco que corona las calles empedradas donde se entreteje su historia, una vasta cultura que pervive gracias a esta gente –su alma–, caracterizada por sus ojos verdes; peculiaridad que llama la atención. Reitero que el sur de España vibra de otra manera, y es aquí donde se descubre la primera puerta, el parteaguas del tabaco en Europa.
Cuando Cristóbal Colón y sus tripulantes regresaron a España, luego de encontrarse con América, entre las enseñanzas, productos y alimentos que trajeron consigo estuvo la planta de tabaco, así como el ritual de la Cohoba. Y fue precisamente en la región de Andalucía donde tuvieron lugar sus primeras representaciones.
En Sevilla se instauraron los navíos para el comercio con las Indias y los primeros almacenes para recibir la materia prima: el Oro Cubano, como se conoció al tabaco en aquella época. Así que a principios del siglo XVI este territorio se convirtió, de algún modo, en la metrópoli europea del tabaco.
Fundada durante la edad antigua con el nombre de Spal, en el año 206 a.C., los romanos conquistaron la zona y la ciudad, conocida entonces como Híspalis. Al día de hoy, es la cuarta más poblada de España y la tercera con más turismo.
A través de videos había visto la Feria de Sevilla, con la que todo espectador se encanta ante los vestidos espectaculares estilo flamenco y los trajes elegantes de los caballeros. Pero antes de testificar la fastuosidad de la celebración, que dura siete días, tuve oportunidad de disfrutar del casco urbano y cumplir un sueño tabaquero, como le llamo.
Cada paso dado por esas calles del centro histórico, por cierto el más grande de Europa, me condujo hacia torres elevadas con detalles de estilo barroco. Sin pensarlo, seguí la Avenida de la Constitución y llegué hasta la Catedral de Santa María de la Sede o Catedral de Sevilla. Era muy temprano y con algo de suerte, por madrugar, encontré este espacio casi vacío.
Tiré de las altas y pesadas puertas de madera para encontrarme con una edificación que sin duda merece una columna completa; la catedral gótica más grande del mundo, sobre un espacio de más de 2.3 hectáreas, cuya construcción funde los estilos morisco, gótico, renacentista y barroco. Sus altas columnas, así como cada detalle en oro y plata sobre altares y mesas reflejan la influencia de los reyes católicos, pues en su momento esta ciudad fue capital y residencia de los monarcas.
Se puede acceder a los espacios y jardines a su alrededor, donde se encuentra desde hace algunos años la tumba de Cristóbal Colón. Vale la pena visitarla, aunque es recomendable adquirir los boletos con anterioridad, en línea, porque la fila para ingresar es enorme.
***
Con motivo de la feria, los balcones alegran las calles con sus tonos amarillos y flores. Son la antesala del Real de Alcázar de Sevilla. ¡Qué lugar! Conforme te acercas crece la muralla que rodea a este palacio, el más antiguo de Europa, erigido en la Edad Media. Al atravesar el patio principal e ingresar a los primeros salones, se encuentra una exposición dedicada a la cerámica andaluza, conocida como Cartuja, debido al nombre de la principal empresa que la produce.
Descansar unos momentos en alguno de los jardines –el de la Danza, el de las Damas y el estanque de Mercurio– con cientos de especies vegetales de todo el mundo, sin duda resulta inspirador. No en vano fue residencia de poetas y maestros de la pluma, incluyendo al rey poeta Al-Mutamid.
Retomando el camino, mis ojos y mente fliparon cuando ingresé al Patio de las Muñecas y a la Alcoba Real. En sus muros y techos, los detalles islámicos finamente tallados conviven con palabras en árabe. Las puertas que dan al patio conservan decoraciones de lacería y en algunas ventanas sobresalen las ruedas y estrellas de ocho puntas. Un cielo nocturno.
El Patio de las Doncellas es la zona más visitada y captada en fotografías por los turistas. Rodeado de arcos polilobulados, una de las formas decorativas más características del arte almohade, los cuatro de mayor tamaño marcan los ejes principales de este espacio. Todos ellos descansan sobre columnas de mármol en estilo corintio colocadas durante el Renacimiento, sustituyendo a las originales, de ladrillo.
***
Todo sueño tiene su momento, y como apasionada y profesional de la industria del tabaco anhelaba conocer la Real Fábrica de Tabaco de Sevilla, la primera de su tipo en Europa. Más de 400 años de historia que recorrí con calma, sobre sus pisos de cemento y escalinatas que contrastan con las paredes blancas. Aún se conserva un letrero del antiguo uso del edificio industrial que desde mediados del siglo XX alberga la sede del rectorado de la Universidad de Sevilla y algunas de sus facultades.
La antigua fábrica, del siglo XVIII, es una de las construcciones de mayores dimensiones y mejor arquitectura de su género en España, a la vez que uno de los más antiguos de esa tipología en Europa. Se extiende sobre una planta rectangular de 185 x 147 metros, con ligeros salientes en sus ángulos.
Glorioso… como el habano La Gloria Cubana Turquinos, vitola de galera Gordito, que me acompañó durante el recorrido de las salas principales y la biblioteca. Por los pasillos encontré una máquina de tabaco para picar, un molino, que me provocó una sonrisa. Al salir me detuve a observar la fachada blanca, de estilo barroco, y los bellos jardines que le rodean.
***
La tarde avanzaba y llegó el momento de asistir al evento principal: La Feria de Sevilla. La tradición marca tomar el almuerzo en la zona del barrio Triana y, si es junto al lago, mejor. Junto con un grupo de amigos degusté un pescado frito y el trago del día, un rebujito que contiene vino de jerez con fermentación oxidativa, refresco de lima y una hoja de hierbabuena, como decoración.
Llegar a la puerta de la feria, en el barrio de Los Remedios, implicó recorrer una avenida llena de restaurantes, bares y tiendas donde puedes convertirte en Sevillana. El sentimiento de los locales vibra en cada una de las mujeres vestidas con esos atractivos atuendos, que dan vida y color a los carruajes.
Llevada por el momento, tras comprar una flor y una mantilla, atravesé una puerta monumental, de aproximadamente cinco metros de altura, con los colores andaluces: rojo carmesí, amarillo albero, blanco y verde, para dar la bienvenida a los asistentes.
Las calles, totalmente de tierra, están dispuestas para los corceles y jinetes que acuden con una copa de rebujito en mano. El encanto de la feria es absoluto, ya que se puede fumar en cualquier parte. De hecho, en la vestimenta, de los bolsillos de pecho de algunas chaquetas y camisas sobresalen los puros.
Literalmente, enciendo el recorrido con mi Turquinos y un rebujito. Es un viaje al pasado, pues el evento surgió a finales del siglo XIX como fiesta ganadera y con el paso de los años se ha convertido en la celebración de la primavera más importante de la comunidad andaluza, ya que en la actualidad reúne a más de 3 millones de personas. Se realiza, al menos, ocho días después de la Semana Santa, y en casos excepcionales, total o parcialmente en mayo.
***
En sus inicios, la venta de ganado se realizaba en pequeños establos que se transformaron en casetas. La primera, con la intención de vigilar y mantener el orden público, se montó en 1849 y su estilo recuerda las tiendas de campaña.
Hoy, las casetas se decoran y son prácticamente casas a las que únicamente se puede acceder por invitación. El anfitrión se encarga de hacerte sentir parte de una familia que bebe, come, fuma y baila. Pero aun cuando existen más de mil, sólo 3 o 4 son públicas, lo que frente a la afluencia de visitantes podría considerarse injusto.
Al caer la noche se escuchan las sevillanas, que nos recuerdan la canción de César Cadaval:
Sevilla tiene un color especial,
Sevilla sigue teniendo su duende.
Me sigue oliendo a azahar,
Me gusta estar con su gente.






