
Además de periodista, Milton Bernal Castro (Guanabacoa, Cuba, 1960) es un artista plástico muy completo: Pintor y diseñador, sus obras al óleo y tabaco se han expuesto –además de su país– en China, Austria, Francia, España, Rusia, Alemania, Hungría, Panamá y México. Algunas forman parte de colecciones privadas o permanecen en Casas del Habano en otras regiones del mundo, y cuatro de sus pinturas se subastaron con excelentes resultados en el Festival del Habano, que se celebra anualmente en Cuba.
Ha realizado estudios de Técnico Medio en Diseño Industrial, Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana y Máster en Marketing y Gestión Empresarial. Es, además, graduado por la Escuela Superior de Estudios de Marketing, España (ESEM), y pertenece al Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) y a la Asociación Cubana de Artistas Artesanos (ACCA).
Es uno de esos artistas que sostienen sobre sus hombros la identidad cubana en circuitos internacionales, aunque todavía es poco conocido dentro de la isla. Aprovechando el eslogan que acompaña a los cigarros cubanos: “Fumar daña su salud”, él transmite otro mensaje a través de sus obras, pues reconoce la cualidad sanadora del arte en el mundo contemporáneo.
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–¿Cuál es su valoración sobre el ambiente cultural y artístico de Cuba?
–La cultura cubana se ha caracterizado siempre por su diversidad. Inmerso en el ejercicio creativo, trabajando con patrones complejos y viendo el tema de modo general, puedo decir que es verdaderamente fascinante.
Múltiples influencias a lo largo de la historia: europeas, estadounidenses, africanas y asiáticas, han dado forma a una identidad nacional particular. Cuba no es sólo una tierra de gran belleza, sino que también sus habitantes, a pesar de las dificultades económicas de los últimos años, se mantienen fértiles en su creación artística.
–Usted es conocido como El pintor del tabaco, aunque en realidad no pinta con tabaco…
–El proceso es un tanto complicado porque tiene una cuota de artesanía y otra de arte. La idea preliminar es un dibujo sobre un papel manufacturado que es, a su vez, una obra de arte y pieza única. Tiene un principio ecológico, porque nace a partir del papel de deshecho o reciclado, aunque prefiero denominarlo artesanal. Es decir, que desde que empiezas a trabajar lo haces sobre una obra de arte.
Después, defino dónde irá la hoja de tabaco en la obra: si es un desnudo la ubico en las precarias ropas; si es un retrato, quizá la pongo en la camisa o en el sombrero. Coloco ese papel sobre un lienzo, lo humedezco y una vez que se desmaya (sobre el lienzo) voy incrustando las hojas de tabaco, de acuerdo con la disposición en el dibujo.
Luego empleo un cilindro que me facilita la incrustación del papel manufacturado sobre el lienzo y pongo a secar –al Sol– la tela que se desprende del papel manufacturado, con el tabaco ya incrustado. Es decir, que papel y tabaco conforman una unidad, y ese lienzo no lo utilizo más hasta la próxima obra. Finalmente, lo coloco en el caballete y redibujo la figura y pinto al óleo.
–La fotografía de Joaquín Blez, considerado por muchos como el padre del desnudo en Cuba, lo ha inspirado especialmente para su producción artística.
–Soy un joven pintor en un cuerpo muy viejo, pues comencé a los 40 años, en el 2000, motivado por el trabajo fotográfico de Joaquín Blez, cuya obra conocí –paradójicamente–, a propósito de un viaje a Francia.
Estando en París descubrí una exposición de este pionero de la fotografía erótica y artística, considerado por muchos como el padre del desnudo en Cuba, quien nació durante la segunda mitad del siglo XIX y vivió casi cien años. Él comenzó retratando prostitutas, pero terminó haciéndolo con gente de la alta aristocracia habanera, y en la flor de su faena supo enfrentar a una sociedad pacata y prejuiciosa desde las revistas Carteles y Sociedad, que todavía pueden consultarse en la Biblioteca Nacional «José Martí» de La Habana”.
Me dije que, si yo pintaba las fotografías de ese artista sobre el papel, le daría un toque antiguo a mi trabajo. Desarrollé esa intención y un día me puse a conversar con un Bioquímico, quien me comentó que las hojas naturales del tabaco se podían conservar a través de un proceso que resguardaba su plasticidad y pigmentación. Entonces podría hacer óleos sobre papel manufacturado, con incrustaciones de hoja de tabaco natural.
–En su galería de personalidades hay algún mexicano… ¿ha podido mostrar sus obras en ese país?
–La presencia de mi obra en México ha sido en colecciones privadas, porque aún no he visitado ese bello país. He pintado a una de las personalidades imprescindibles en el universo histórico de México: Benito Juárez, quien llegó a simbolizar la dignidad de todo un continente.
De su paso por Cuba, se desconoce exactamente el lugar donde Benito Juárez vivió en La Habana, pero sí se sabe que aprendió el oficio y fue tabaquero; un trabajo artesanal para el que sus manos curtidas –por su origen indígena– estaban más que calificadas. Imagina sus manos pequeñas, pues era de estatura baja, torciendo delicadamente las hojas de tabaco hasta hacer con ellas puros gruesos y de buen forjar, que le sirvieron para apenas sobrevivir. Luego viajó a Nueva Orleans, donde también desempeñó esta actividad durante un tiempo. Esa obra fue mi modesto homenaje hacia él.
Hice también un cuadro inspirado en Mario Moreno, Cantinflas, quizá uno de los mayores íconos culturales de México, quien por cierto usó el tabaco como recurso mnemotécnico en su discurso artístico.
–En ningún otro lugar del mundo se cultiva un tabaco mejor que el de Cuba, y hablar de ello nos refiere al arte, tradición y nacionalidad, ¿cierto?
–El tabaco cubano define nuestra identidad: en Cuba se da el mejor tabaco del mundo –y no estoy diciendo nada nuevo–. La historia del tabaco está, también, muy vinculada a muchos escenarios, como la política, el cine y la música.
Por ejemplo, el afamado actor estadounidense Édgar G. Robinson interpretó a un personaje mafioso que siempre llevaba un tabaco en la mano; también el músico cubano Compay Segundo –que en sus inicios fue tabaquero– era fumador de Habanos… Es imposible imaginar a Winston Churchill sin un tabaco en la boca, y se entiende que la orden de alzamiento contra el colonialismo español vino dentro de un tabaco. En otras palabras, el tabaco está muy enraizado y creo que utilizarlo en mi obra es una fortaleza.
–¿Qué tabaco fuma usted y cuál es el que más disfruta?
–Sólo fumo tabaco cubano, sin marcas… no le hace falta. Baste decir que el tabaco que fumo es el de más fortaleza en su sabor y es mejor no hablar de mis defectos… Prefiero hacer que la gente disfrute del tabaco convertido en obra de arte en el trabajo que realizo.
–¿La imaginación es parte de su proceso creativo?
–Aprendo más de los cosecheros, porque ellos tienen mil anécdotas y cosas que contar. Porque el campo diariamente te enseña algo y confirma aquel refrán que se ha quedado en la cultura cubana, que dice: “La historia del tabaco es bien larga”. Preferí el estilo figurativo, especialmente el desnudo de mujer como centro de la sensualidad, en una intimidad amalgamada con tabaco.
–A pesar su presencia en circuitos insospechados del mercado del arte internacional, usted no renuncia a tener su punto de partida desde Cuba.
–Mis obras han participado en cuatro subastas de la noche de gala del Festival del Habano, así como en subastas de diversos eventos realizados en La Habana, siempre alusivos al entorno del consumo y el disfrute del tabaco. Pero como un proyecto nuevo, sinceramente quisiera tener la oportunidad de exponer en México.
www.miltonpintordeltabaco.com
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Tel: +53 52817451
Calle N no. 334, Vedado, Municipio Plaza de la Revolución, La Habana, Cuba.






