Un nuevo oscurantismo

FORAJIDOS:

Historias de tabaco en el viejo oeste

Capítulo 3: La Guardia del Sur

Parte IV 

Raúl Melo

En una cita extraordinaria, La Cumbre se reúne en la mansión Lafayette. Kalvin recibe curioso a Paul Evergreen, Domenic Van Heusen, Montgomery Carrigan y Alfred Shugert, siendo éste último quien convocó a la sesión.

–Y bien, Alfred, ¿qué es lo que nos tiene aquí esta noche?, –inquirió Lafayette.

–No sabría por dónde empezar, caballeros. Desde que los militares se presentaron en la ciudad, más que mejorar, las cosas han empeorado. Sé que no llevo tanto tiempo aquí, pero también estoy seguro de que han sido los peores días en este lugar. No estoy en contra de la seguridad, de la supervisión, etcétera, pero también es un hecho sabido que la reciente ola de robos sólo ha ocurrido en el ramo del señor Carrigan, mientras que el aumento en la seguridad nos ha afectado a todos–, expuso.

–¿Y cuál es el problema, Alfred? ¿No estás de acuerdo en proteger los intereses de la tabacalera? Esa fábrica forma parte importante de la economía de este lugar, pero imagino que eso ya lo sabes, –respondió Kalvin, mientras encendía precisamente un Carrigan para acompañar o sobrellevar la reunión.

–Claro que estoy de acuerdo en proteger los intereses de Carrigan, pero también los del resto. Kalvin. ¿Has notado que el comercio ha disminuido en la zona? ¿Que estos mercenarios a tu servicio no hacen más que acosar a cada persona que entra o sale de la ciudad? ¿Sabes cuánto tiempo podrá soportar esta gente antes de que todos los negocios empiecen a quebrar? Esta decisión tuya no está ayudándonos en nada, –continuó el preocupado banquero.

–Kalvin, si me permites intervenir, –consultó el viejo Carrigan, esperando la aprobación del señor Lafayette, quien con un gesto de manos otorgó su licencia–. Agradezco infinitamente que te preocupes por mi negocio, pero la verdad es que siempre fui claro contigo sobre el hecho de que yo podía hacerme cargo de lo que estaba pasando.

Estoy seguro de que algunos agentes Firestone serían suficientes para custodiar mis carretas. No me diste oportunidad de demostrarlo y supongo que tuviste tus razones. Claro que estoy en desacuerdo con la llegada de La Guardia del Sur, pero sabes que cuentas con mi apoyo, –continuó el viejo.

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