FORAJIDOS. Un amigo en el camino

Historias de tabaco en el Viejo Oeste

Capítulo 3: La Guardia del Sur

Parte III 

Raúl Melo

La producción estaba lista, las ágiles manos del niño y el viejo habían trabajado durante días para surtir el pedido que la gente de Callahan Ridge nos había solicitado con un paquete de anillas muy bien contadas.

El proceso de anillado era complicado pero no tanto como torcer cigarros y es por ello que Alyssa y yo, los menos hábiles de la habitación, éramos los encargados de dicha tarea. Con las manos aún pegajosas y manchadas de resina, me avoqué a mi siguiente tarea de hombre-bestia: Cargar todos los paquetes en la carreta.

Las distancias en este mundo son largas, cada viaje a Callahan, por más ligero que se haga con el paso del tiempo, suele durar varios días, por lo que acarrear provisiones y el equipo de campamento también era prioridad.

Con el vehículo lleno, el espacio de JC dispuesto en la parte de atrás, Lucky Bastard alimentado e instalado al frente, nos decidimos a partir. La farsa de la familia seguiría en pie, por lo que Alyssa y yo, como feliz pareja, viajaríamos en la banca al mando de las riendas y como cada día de viaje, el señor Rubens permanecería en casa pendiente de la fabricación de los cigarros y de recibirnos en un par de semanas con un suculento platillo para acariciar nuestras cansadas almas.

Con las patas de caballo y ruedas sobre el camino, el viaje comenzó. Los cambios en el paisaje nos indicaban qué tan lejos o cerca nos encontrábamos de nuestro destino. El recorrido siempre inicia descendiendo a través del bosque, con un clima húmedo y fresco, luego, antes de encaminarnos hacia la frontera estatal, por un par de días recorremos los valles de la zona, nuestro coto de caza y el lugar al que hasta hace no mucho llamé mi hogar.

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