El toque de Janiv Erez

Alberto Arizmendi

De origen israelí, Yaniv Erez sirvió en el Ejército de su país –como todos y todas allá–, y al término de su vida militar se dedicó tanto a la contabilidad como a las finanzas, hasta llegar a ser Director Ejecutivo (Chief Executive Officer, CEO) de una empresa importante. Sin embargo, antes de cumplir 30 años emigró a la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, en busca de un sitio en el ámbito de los negocios.

“¿Por qué Nueva York? –repite, para responder–. Cualquiera a quien le preguntes, de donde sea que venga, piensa en estar en esa ciudad al menos una vez en la vida. Tal vez no para establecerse, pero sí conocerla. Es un sitio muy especial, un mundo distinto. Yo fui porque quería hacer algo grande, diferente… No es que Israel me pareciera pequeño, pero quería aún más y definitivamente era el lugar para hacerlo. Tomé un gran riesgo que después de algún tiempo me retribuyó”.

Comenzó a trabajar los temas financieros de una empresa judía en la que era algo así como el hombre del dinero, “pero rápidamente me di cuenta de que eso no era lo mío, que necesitaba hacer otra cosa”. Así que al poco tiempo, en 1999, incursionó en el mercado inmobiliario del área metropolitana, donde además de la compra-venta de propiedades se dedicó a adquirir residencias para su renta posterior.

Él mismo se describe como “muy agresivo” en el ámbito de los bienes raíces, y al mismo tiempo se considera un hombre con suerte, ya que en 2006 dejó esa actividad. “Si lo analizamos fue una decisión afortunada, tomando en cuenta lo que pasó en 2008”, dice, con referencia en la llamada Burbuja o crisis inmobiliaria de EEUU, que provocó una gran recesión y afectó incluso a la economía mundial.

Fue durante esos años que Yaniv inició su relación con el cigarro como negocio: “Me mudé a Miami Beach, Florida –cuenta–, y después de un par de meses de retiro comencé a ganar peso; pasaba los días sentado al aire libre, fumando y bebiendo, haciendo prácticamente nada. Entonces me dije: ‘me gusta el cigarro y quiero fumar lo que se me antoje’.”

Como sabía de la calidad de los puros en la República Dominicana, viajó para allá y compró “unos cuantos miles” que inicialmente eran para sus amigos y para él, “pero al cabo de un tiempo me di cuenta de que a la gente les gustaban y traje aún más y más, hasta que se convirtieron en una actividad comercial, económica…”.

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