Trasciende El Legado de Don Doroteo

Alberto Arizmendi

Trabajar ambos en marketing y conocerse por llamadas telefónicas y vía zoom, no implicaba que Juan Lugo y Brandon Dallmann –residentes en California y Nebraska, EE.UU., respectivamente– fueran capaces de crear una empresa tabacalera. Pero si a ello sumamos comprar tierras en la República Dominicana; lograr acuerdos con La Aurora, la compañía más antigua de ese país; incorporar al equipo a Jeff Moss, creativo experimentado de la industria; recibir apoyo del master blender Manuel Ynoa, y tener en menos de un año una cosecha y la primera línea de su marca, suena imposible… Sin embargo, sucedió así.

Es por ello que la Convención y Feria Comercial Internacional PCA 2022, este 8 y 9 de julio en Las Vegas, Nevada, sirvió de marco al lanzamiento de El Legado, 1936, la primera línea de Don Doroteo Cigars: una edición limitada a 33 mil puros con 14 años de añejamiento en humidor y cinco vitolas clásicas. Capa y capote son de tabaco Sumatra Ecuador, mientras que el relleno contiene hojas procedentes de Colombia, Nicaragua y del Valle del Cibao, República Dominicana.

UNA IDEA…

Juan Lugo nació y creció en Estados Unidos, donde la convivencia e historias de su abuelo materno, Doroteo Fermín Delgado, Papá Fermín (1920-2011), le permitieron acercarse tiempo después a los cigarros. Cuenta que en 2020, mientras fumaba con su hermano Misael, se le ocurrió preguntar en voz alta qué pasaría si pudieran producir su propio tabaco en República Dominicana. “Lo primero que piensas es ¿cómo, si allá no tenemos conexión con nada ni nadie?”.

A pesar de ello llevó la idea al papel, tal y como lo hace en marketing. Hizo un Plan de Negocio, estableció metas financieras y busco en la Internet toda la información relacionada, como las reglas de importación a EE.UU. El documento siguió creciendo hasta llegar a unas 20 páginas. “Algunas cosas sonaban locas, aunque otras fueron importantes después”, cuenta. No obstante, concluyó que la empresa era muy difícil y dejó el asunto a un lado.

Pero se reactivó un año después, cuando durante un seminario en Puerto Rico con colegas del ramo tecnológico, entre ellos Brandon Dallmann, fumando un puro dominicano su actual socio le preguntó si nunca había pensado en hacer algún negocio relacionado con el tabaco. De inmediato le esbozó su plan “y me propuso ‘vamos a hacerlo’… Pensé que lo decía de la boca para afuera, que era cosa del momento y luego se le olvidaría”.

Antes de despedirse en el aeropuerto Brandon le reiteró la seriedad de su oferta y Juan, de vuelta en California, se concentró en el desarrollo del proyecto que llevaría el nombre de su abuelo, como homenaje a quien dedicó la mayor parte de su vida al cultivo del tabaco y que además tenía una historia “grandiosa” tras de sí.

LA AURORA

Los nuevos socios se dieron a la tarea de avanzar. Juan estableció contacto con La Aurora buscando alguna forma de asociación, y tras analizar la historia laboral de Doroteo Fermín, quien llegó a ser uno de los cultivadores mayoristas de tabaco para la empresa, le respondieron una semana después. “¡Teníamos un trato! Cultivar tabaco para ellos, que también nos otorgarían derechos exclusivos para probar sus mezclas privadas envejecidas durante muchos años”.

En el Valle del Yaque compraron tierras que pertenecieron a su familia paterna por muchas décadas y eran yermas. Básicamente, La Aurora y su personal les ayudaron preparando el terreno y con los recursos necesarios para sembrar, desde el greenhouse hasta lo necesario para mantener las plantas durante su crecimiento y las hojas, tras la cosecha. Ya obtuvieron una primera producción.

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