Definiendo el je ne sais quois, el secreto del ron jamaiquino

GOLOSARIO

Diego Urdaneta Diamantes

Putrefacto, fermento incisivo, náuseas redolentes, cambur (banana) pasado, y otras palabras similarmente endulzantes y atractivas fueron utilizadas recientemente en una cata que hicimos en Rumbullion Club en Caracas, para definir a un ron de Jamaica. 

El ron jamaiquino es amado y respetado por muchos, conocedores o no. Sus aromas son famosos en todo el mundo por su potencia y la intensidad afrutada que presentan. Los más conocedores usan frases como “alto contenido de ésteres” y “larga fermentación”. Pero pocas cosas emocionan más a un fanático de rones que una conversación sobre “dunder”, ese ingrediente misterioso que hace que el ron de Jamaica tenga su sabor tan característico.

Qué conforma el dunder en sí es un misterio, pero una búsqueda rápida en el todopoderoso Google te mostrará que tiene cabezas de ganado, tripas de gallina, saliva de murciélagos (no chinos) y cosas peores, que se funden para hacer una masa volátil y probablemente letal de muerte lenta y dolorosa, almacenada en una bóveda subterránea. Al añadir algunas cucharadas de esta plaga en la cuba de fermentación del ron, y listo: el yenesecuá está listo. 

La realidad es mucho más sencilla, y muchísimo más interesante.

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