Monte De León Cigars. Tabaco-Ron-Cultura: un lenguaje común

Alberto Arizmendi

Todo lo que hacen tiene como base sus experiencias, el amor y la familia, entendida como todas las personas con las que han compartido vida. Se autodescriben como traviesos, misteriosos, poco ortodoxos, aventureros y muchas otras cosas… añadiría ingeniosos y divertidos. Son Jellitza y Carlos De León, quienes en su Traveling Cigar Lounge llevan –además de puros–, un lenguaje común: Tabaco-Ron-Cultura.

En el ir y venir de una entrevista vía Zoom con cuatro participantes, sus voces se convierten en una sola, pues aun cuando las personalidades y puntos de vista parecieran opuestos, en realidad se complementan… De raíces puertorriqueñas, él nació en Estados Unidos y se mudó a la isla; ella recorrió el mismo camino, pero al revés. El punto de encuentro fue Fayetteville, Carolina del Norte; como si los padres de una y otro, por separado, hubieran lanzado un dardo sobre un mapa de EE.UU. y ambos hubieran caído ahí.

En ese lugar, ubicado en el valle Cape Fear, está una de las bases militares más importantes del país. Jellitza se mudó desde New Jersey, mientras que Carlos venía de Massachusetts. Eran adolescentes, cursaban los últimos periodos de la High School e hicieron amistad porque, además de ser boricuas, compartían culturas muy distintas a la tradición local. En sus familias no había soldados y a nadie conocían. Sus compañeros les miraban, como diciendo, “¿Y tú, qué haces aquí?”.

Carlos volvió a Puerto Rico, pero en septiembre de 1998 el huracán Georges destruyó la casa de su familia. Su papá estaba intentando reconstruirla, pero decidió que lo mejor era que regresara a Boston. Ingresó entonces al Ejército de los EE.UU. y un año después lo concentraron precisamente en Fort Bragg, la base de Fayetteville, donde Jellitza se había quedado mientras decidía qué hacer; si elegir la universidad estatal o volver a New Jersey.

Pero entonces se reencontraron y en menos de un mes fueron novios, prometidos y marido y mujer. “Para mí era el mismo Carlos –relata ella–, con otra ropa y menos cabello. Todo fue muy natural, fluyó bien, como que era lo que debía pasar. La gente me pregunta: ‘¿Él te pidió matrimonio y dijiste que sí?’. Yo no lo pensé dos veces, nada había qué pensar…”.

LA GUERRA

Tuvieron a su primer hijo, Isaiah, y Carlos fue enviado a Corea, donde permaneció durante un año. El destino siguiente fue Alemania, pero esta vez cerca de su familia, que se estableció en Kitzingen, Baviera. Resultado indirecto del 9/11, en marzo de 2003 inició la guerra de Irak, y le convocaron al frente de batalla poco después.

De nuevo en Estados Unidos, permanecieron juntos durante un año en Colorado y Jellitza se embarazó de su hija Nyjah. Pero antes de que naciera ella se mudó a Carolina del Norte porque Carlos debió regresar a Irak, desde donde llamaba por teléfono para, al menos, “escucharla llorar”. Corría el año 2007 y era uno de los momentos álgidos de esa guerra, pero consiguió una licencia de dos semanas para estar en casa.

La vida era una sucesión acelerada de hechos que se vienen encima en un instante: la familia lo necesita… una hija recién nacida… el amigo caído en acción… A los seis meses Carlos volvió malherido y la carrera militar llegó a su fin… “No hablo mucho de mi situación, porque hubo compañeros que pagaron con su vida el sacrificio más alto. Lo único es que todo cambió respecto de mi carrera militar, que me deparó un futuro inesperado”.

CIGARROS

Aunque sus primeras experiencias no fueron tan buenas, porque aspiraba el humo, Carlos probó los puros durante la guerra. Encender un cigarro permitía crear un momento especial: celebrar colectivamente una misión cumplida u homenajear a un hermano caído, recordando anécdotas.

Pero ahora las circunstancias eran otras y debía transitar hacia la vida como civil. Recibió apoyo de la organización Wounded Warrior Project. “Estuvo un año en un programa buscando carrera –cuenta Jellitza–, aprendiendo diferentes cosas. Así empezó el cambio que después nos permitió venir a Florida. Aquí estudié enfermería y nuestro hijo se graduó”.

También con ellos, durante un evento en Chicago, su amigo Luis Zaragoza lo llevó a un cigar lounge. “Cuando entré por esa puerta y percibí el ambiente, la seguridad de la gente, pensé: ‘ésta energía la quiero para siempre, es el negocio en el que voy a estar’.” Y regresó a casa tan motivado, que de inmediato llevó a Jellitza a vivir la experiencia.

Ella recuerda que por ser la primera vez, le ofrecieron puros saborizados. “Yo no quiero algo dulce, sino un cigarro”, protestó. Entonces de dieron un Petit Corona Davidoff Connecticut, con el que bebió un Long Island Ice Tea y “me encantó el momento: la música, la gente, el ambiente… Fue muy relajante, toda una experiencia”.

NUEVO EMBARAZO

“Ahí empezó el amor –continúa ella–, porque veía a Carlos más relajado y ambos compartíamos ese gusto. Creo fue como un nuevo embarazo. ¿Qué haremos ahora? Comencé a buscar, a leer y saber de las mujeres en la industria. Había todo un legado cultural por el uso del tabaco incluso en cuestiones espirituales. Tengo esas raíces. Lo quería saber todo sobre la construcción del cigarro, y así…”.

Carlos tiene siempre muchas ideas, aunque en ocasiones se quedan en buenos propósitos. No fue el caso, porque en 2018 iniciaron los trámites para obtener su licencia, aunque lo primero que concretaron fue el logotipo de la empresa. En realidad no sabían cómo conseguir cigarros, y cuando preguntaron aquí y allá, alguien les respondió en un e-mail que comenzar no sería fácil si no tenían, al menos, medio millón de dólares. Ese mensaje, impreso, cuelga ahora en una pared de su casa.

Decidieron seguir adelante y hacer videos, reviews. “Pero dijimos ‘¿Quiénes somos nosotros para hacer esto, si no llevamos años en esta industria, o cómo vamos a decir que un cigarro no sirve’,” dice Carlos. Pero al final de cuentas eran sinceros: Con un puro toma lo que te venga en gana; un vaso de leche, si eso quieres. Nadie puede ordenar algo a tu paladar.

Aunque en Youtube y luego en Instagram tenían cierto éxito, nadie sabía de la existencia de Monte De León Cigars. Hasta que un buen día, caminando por un mall, Carlos se fijó en un kiosko y se le ocurrió que un Traveling Cigar Lounge les daría oportunidad de vender cigarros en bodas y otros eventos.

Adaptar el remolque les llevó dos semanas y llenaron los armarios interiores con cajas de puros de marca, pero adquirirlos y degustar cada uno, para ofrecerlos, resultaba muy costoso, además de que la gente les preguntaba por los cigarros de la casa. Así que pensaron en buscar en Puerto Rico, porque además de impulsar a los productores locales, la idea era apoyar a esa gente tras el huracán María, que devastó la isla en 2017.

Empezaron a comprar los de La Hoja del Chan, Willy’s Cigars, Papiros, Yambó, La Bruja y El Chapu PR, con los que resurtieron su Cigar Lounge… y a los clientes les gustaron.

MARCA PROPIA

Durante unas vacaciones en Puerto Rico visitaron a José Gabriel Cruz, de La Hoja del Chan, quien les produjo sus primeras dos vitolas, y actualmente proyectan otras tantas con Willy’s Cigars. “Siempre estamos agradecidos con Gaby porque nos ayudó en el inicio”, refiere Carlos, y eso les permitió concentrarse en su marca propia a partir de marzo de 2020.

Monte De León pasó a ser Monte De León Cigars dentro de su Traveling Cigar Lounge, exclusivamente con empresas boutique de Puerto Rico, “para promocionar de verdad nuestra cultura y que la gente venga, vea y viva la experiencia completa”, afirma Jellitza.

También explica que todo lo que hacen se refiere a la familia y a lo que la vida les ha dado. Por ejemplo, los nombres de cada uno de sus cigarros son específicos, personales:

El Cuatrista

Uno de los instrumentos de cuerdas de Puerto Rico es el Cuatro Puertorriqueño, fundamental en la música campesina. Carly De León, padre de Carlos, es un gran intérprete y ahora su hija Nyjah también lo toca. Es un homenaje.

La Dama

Jellitza buscó que este puro definiera a la mujer, alejándola de la imagen de símbolo sexual utilizada en la industria. Está dedicado a quienes trabajan, son madres, luchan y logran la autosuficiencia. Infusionado con coñac, mantiene el sabor natural del tabaco.

La Teniente

Es un Connecticut con el que buscaron algo sencillo, cremoso, pero fino y cómodo, que llamara la atención. Está dedicado a las líderes del Ejército, quienes han hecho mucho por las Fuerzas Armadas, en las que hoy tienen un papel importante.

La Comandante

De acuerdo con su gusto, este cigarro de capa Habano tiene un poco de picor, de especiado, y eligió un formato Lancero. La Comandante es un reconocimiento a las que mandan y se hacen cargo.

Num. IV

Bautizado así en honor de su familia nuclear, con cuatro miembros, a este Box Pressed hecho en Nicaragua se le conoce también como Square; el cuadro que aparece tras las figuras en el logotipo de su marca.

Charlie Mike

Tiene un gran significado para Carlos, pues en el Ejército se utiliza el alfabeto fonético. Para referir las letras “A”, “B”, “C”, se dice “Alpha”, “Bravo”, “Charlie”… En el caso de Charlie Mike quiere decir Continue Mission, y siguen adelante.

1SG

El First Sergeant es un doble maduro, nombrado así por un compañero de armas de Carlos, al que considera su hermano y con quien combatió en Irak. Ahora posee ese rango y pronto será Sergeant Major –SGM Souza–. Es el tipo de vitola y mezcla que él prefiere.

El Capitán

Este Churchill Connecticut, como en el caso anterior, se dedicó a un amigo muy querido por Carlos que actualmente es Capitán –CPT Rivera–. Además, como su hijo Isaiah –2LT De León– también es oficial del Ejército, esperan que algún día alcance el grado.

PANDEMIA

De pronto vino la pandemia y afectó su negocio, porque a diferencia de quienes trabajan en un edificio, con el Traveling Cigar Lounge es necesario que la gente celebre eventos. No obstante, sortearon la situación con ingenio: “Todavía teníamos algunos cigarros de marca y en Instagram empezamos a ofertar paquetes sorpresa y la gente los compraba. Hicimos nuestro website y agregamos camisetas, buscando diferentes maneras de mantenernos vigentes”, cuenta Jellitza.

En esa circunstancia, que obligó a las familias a permanecer aisladas, llevar un negocio en pareja pudo ser difícil. Desde su perspectiva, implica aprender a ceder y haber vivido circunstancias de apremio ayuda a ser paciente. “Hay que echar a un lado el ego y entender cuáles son tus límites y reconocer las virtudes del otro”.

De hecho, ellos adoptaron para su marca el acrónimo FITFO, que proviene del término militar Figure It The Fuck Out, en relación con no preguntar cómo funciona algo, sino descifrarlo, descubrirlo, porque no importa cómo se haga… Debes buscar la manera de enfrentar cada obstáculo, y mejor aún si en ello aplicas creatividad. Porque al final de cuentas, así es la vida, hay que FITFO!

FUTURO

Este 2022 Carlos cumplirá 42 y Jellitza, 41 años. A pesar de su juventud, están llegando al punto de volver a estar solos, ya que Isaiah tiene una carrera en el Ejército y Nyjah se graduará próximamente de la High School. Su idea es continuar en esta industria, seguir aprendiendo del tabaco y de diferentes culturas; viajar por el mundo a esta edad, con madurez, porque seguramente vivirán esa experiencia de manera distinta.

No tienen una meta financiera para la empresa. Carlos explica que no esperan determinado volumen de ventas en los dos años próximos, por ejemplo, ya que primero están ellos como familia: “Si lo logramos o no, como quiera iremos hacia adelante”. De algún modo, este negocio es sólo una expresión más como pareja.

Tabaco-Ron-Cultura es para ellos un lenguaje común. Se dieron cuenta de todo lo que puede compartirse con un cigarro. “Decimos ron, pero en verdad es con un vaso de lo que sea; de una cerveza en Alemania, vino en Italia, whisky en Kentucky. No importa dónde estés –tercia ella–, porque en cualquier país, aunque no hables el idioma, si enciendes un puro llamas la atención y alguien se acerca. Puedes estar solo y verás que la gente se congrega a tu alrededor. Esa es la fórmula”.

Y así lo hacen todo: en su relación con las personas y en cada experiencia están presentes su amor por la familia, la cultura y el cigarro. “Esto nos ha hecho lo que somos: Monte De León –concluye–. Nos enseñó a ser más fuertes y ver las cosas de otra manera; a apreciar cada momento que la vida nos da”.

 

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