Humos celestes

CigarVoss

Nicolás Valenzuela Voss

“La fe es asombro en presencia de la incógnita divina, es el amor de Dios que es consciente de la diferencia cualitativa entre Dios y el hombre, y Dios y el mundo”.

 Nuestro jefe de la revista, César, me ha insistido hasta el cansancio volver a escribir sobre cristianos que marcaron historia de la iglesia y más allá, pero que también compartían nuestra afición de quemar tabaco. A través de estas líneas quiero contarte sobre Karl Barth (se pronuncia Bart), un teólogo amado por muchos.

Como todo cristiano fumador, fue un hombre que se mantuvo en la controversia y no por temas que le competen solo a la iglesia, sino que fue enérgico en criticar a los cristianos que apoyaban la ideología Nazi de “sangre y tierra” y por consecuencia era parte de los fundadores de la Iglesia Confesora. Esta era una iglesia que nació en respuesta al intento del gobierno nazi alemán de crear una Iglesia Cristiana Alemana, impregnada de las ideologías fascistas de dicho partido político.

Karl Barth nació en 1886 en Basilea, Suiza, hijo de Fritz Barth, profesor de Nuevo Testamento e historia de la iglesia primitiva en Berna, y Anna Sartorius. Habiendo estudiado en las mejores universidades de la época, como lo fueron Berna, Berlín, Tubinga y Marburgo, en Berlín fue donde se acogería bajo el alero de famosos teólogos liberales como Adolph von Harnack.

No quiero aburrirte con un texto sobre la teología liberal, pero al mencionarla debo por lo menos describirla a grandes rasgos para que no te imagines cualquier cosa. La teología liberal básicamente nace cuando parte de la Iglesia (entiéndase al grupo de cristianos y en este caso a los líderes de la época post reforma) comienza a cuestionar los credos (creados por el hombre a base de estudio de las doctrinas nacientes de la Biblia) y reemplazarlos por la experiencia personal y la razón. En resuman, decían que el cristianismo debería adaptarse a los desarrollos de la cultura moderna.

Mientras ejercía su labor de pastor, veía cómo lentamente Alemania tomaba una postura muy militarizada y sus antiguos profesores apoyaban esto (algo no muy alejado a la realidad actual con pastores norteamericanos que apoyan las intervenciones armadas de su país). En su celo por la enseñanza bíblica y ver cómo el gobierno nazi estaba permeando y permeó parte de la iglesia cristiana en Alemania, Karl comenta: “Jesucristo… él es la única palabra de Dios… rechazamos la falsa doctrina, como si la Iglesia pudiera y tuviera que reconocer como fuente de su proclamación, además de y al lado de esta única Palabra de Dios, aún otros eventos y poderes, cifras y verdades, como revelación de Dios”.

Por este tipo de declaraciones y otras más, daba a entender de forma explícita que no estaba dispuesto a prestar juramento de lealtad incondicional al Führer, por lo que fue despedido. Luego le fue ofrecido la cátedra de Teología en su natal Basilea. Desde ese lugar continuó defendiendo las causas de la iglesia confesora, los judíos y todo oprimido en cualquier parte del mundo. Visitaba constantemente la prisión de Basilea y puedes encontrar uno de sus sermones hacia ellos en Liberación de los Cautivos.

Tras esta incansable lucha revestida de valentía, el brezo respirando incandescentes brazas de tabaco y las nubes de humo que salían cual suspiro y subían al cielo, fueron los tramoya, acompañantes de Barth. Libro tras libro, ensayo tras ensayo, publicados fueron aromatizados por el roomnote de las fumadas de Karl.

 

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