Asiaraf Serulle Joa, entre leyes y Tabaco

Alberto Arizmendi

Abogado especializado en Negocios Corporativos; Derecho Societario y Comercial; Propiedad Intelectual, y Compra y Contrataciones, Asiaraf Serulle Joa tiene como centro de operaciones la ciudad de Santiago de los Caballeros, en la República Dominicana, muy cerca de los polos tabacaleros de Tamboril y Villa González.

Ahí nació en 1977, y se crió también. De la infancia recuerda que su padre, aunque Abogado, poseía una finca y junto con sus tíos sembraba tabaco para cigarrillos. No sabe si de ahí le surgió involucrarse en el sector, al que se ha enfocado profesionalmente durante más de una década.

Ya era aficionado a los puros; de hecho, probó el primero a los 18 años. Narra que estaba en la playa con la familia y al caer la tarde su padre le invitó a caminar. “Estábamos hablando y él tenía dos cigarros en el bolsillo. Le dije, ‘pero dame uno, ya que tú estás fumando’. Eran Davidoff, recuerdo. Él me dijo: ‘tú no sabes fumar’. ‘No, dije yo, pero se aprende…’.”

En adelante fue un gusto ocasional, pero hacia 2015 llamó su atención mucho más. Iba a los Cigar Lounge, compraba distintas marcas y comenzó a probar. Vivía en la capital dominicana, aunque pronto regresó a Santiago y eso le permitió relacionarse con los dueños de marcas nuevas o boutique, así como de empresas grandes.

Conoció a don Eladio Díaz, considerado como uno de los mejores Master Blender, que comenzó a enseñarle a degustar y a conocer el cigarro; a Francisco, Chico Rivas, “a quien le agradezco de verdad”, y a otras personas notables, como Junior Torres, José Blanco, Ernesto Pérez Carrillo y don Jochy Blanco.

Tener alguna relación con ellos hizo que el plano profesional apareciera de manera natural. Alguien le planteó una duda sobre un registro de marca, otra persona buscaba constituir una compañía… “y comencé a brindar servicios profesionales, sobre todo a los jóvenes que van creciendo dentro del sector”.

UNA OBRA DE ARTE

En la República Dominicana su familia es muy conocida. Hijo del matrimonio formado por el abogado Julián Serulle Ramia y la señora Ming Lling Joa, es el mayor de tres hermanos y su nombre, Asiaraf –explica con buen humor ante la pregunta obvia–, significa “Asia-Arabia y África”. Su padre es descendiente de inmigrantes árabes, y su madre, China-Dominicana.

Este año la firma paterna, Serulle & Asociados, cumple medio siglo y su atención se extiende del área laboral y de la Seguridad Social hacia el asesoramiento de empresas en distintos órdenes. Estas bases han permitido a Asiaraf escribir una historia propia en el Mundo del Tabaco: “La pasión me nació con los amigos, en los cigar lounge cuando salía de mis labores, porque el cigarro te lleva a conversar, departir junto con un trago, un café o lo que sea…”.

Cuando regresó a Santiago, luego de trabajar durante algunos años en el sector de las telecomunicaciones, comenzó a investigar más sobre los puros, a leer y aprender de otras personas. Esto le llevó a entender mejor al sector, su mercado y el producto.

“Visité un par de fábricas pequeñas y cuando vi a los tabaqueros construyendo los cigarros en la galera, pensé: ‘esto es una obra de arte’. Están hechos a mano por mujeres, hombres, y en su proceso, desde las semillas hasta el producto final, pasan por más de 200 manos. Todo ello conlleva empeño, esfuerzo y amor”.

Dice que cuando los turistas recorren las fábricas, al llegar a la galera los tabaqueros les aplauden porque los visitan, pero debiera ser todo lo contrario: “Somos nosotros quienes debemos aplaudirles por la gran obra de arte que elaboran”.

Habla orgulloso sobre la República Dominicana, una isla privilegiada por sus distintos tipos de suelo, donde el tabaco llevado al cigarro ofrece infinidad de notas, cremosidad y hasta dulzura. “Con los amigos aprendí a ir probando grado puro mientras van creando una liga, porque al final lo importante no es la marca, sino el empeño y amor con que el Master Blender va conformando las mezclas”.

El cigarro dominicano tiene siglos, desde la colonización española, pero ahora vive un segundo boom de la modernidad, tras el auge de los años noventa con su entrada al mercado internacional y la exportación, incluso de materia prima.

“Ahora –expone Asiaraf–, lo que estamos buscando es la manera de que el cigarro y el tabaco sean como el ron dominicano: una marca país, y que se declare Patrimonio Cultural de los dominicanos”.

EN ZONA FRANCA

Sostiene que lo importante de trabajar para la industria tabacalera es saber qué necesita quien te busca. La mayor parte de las asesorías se relacionan con registros de marca, propiedad intelectual y asuntos societarios; desde la constitución de una compañía hasta cómo poder entrar a zona franca y completar los requisitos para lograrlo.

Pero el sector involucra un sinfín de actividades como el comercio exterior, la industria de la transformación, en su nivel, y otros asuntos agrícolas o agroindustriales, así como sus relaciones laborales. “Una fábrica, por ejemplo, es un ente social regulado en temas impositivos, laborales y/o comerciales. En todo ello, el rol del Abogado está presente”.

Refiere que a media pandemia de la Covid-19, las regulaciones de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) motivaron temor, pues ante el volumen de las exportaciones de cigarros a ese país se podría generar una crisis. Encontrar soluciones rápidas ayudó a evitar la merma en las ventas y la consecuente reducción del personal de las fábricas.

Cuenta Asiaraf que cuando un joven le pide asesoría para registrar una marca, su primera recomendación es sobre la consistencia del producto: “Si no tiene capacidad para que su liga actual sea la misma el año próximo –es decir, que tenga consistencia–, mejor que no entre a este negocio, porque va a perder dinero y el mercado no lo aceptará. Soy muy sincero, porque el profesional no sólo debe buscar dinero, sino que mi cliente quede bien porque ambos crecemos unidos”.

Entre otras ventajas competitivas de la República Dominicana, que se mantiene como número uno en la exportación de cigarros, está el sistema de Zona Franca. “Es principalmente un tema impositivo que beneficia el comercio internacional. Muchas empresas y marcas extranjeras vienen acá, porque además de mano de obra más barata, los impuestos son menores y la exportación e importación se facilitan”.

EL ABOGADO

En un principio recibía ofertas de sus amigos para fungir como asesor legal, hasta que se involucró con la Asociación Universal de Tabaqueros Dominicanos (Unitadom), que reúne a un grupo de dueños de marcas y tiendas. Esto comenzó a abrirle las puertas y con el tiempo sus relaciones fueron creciendo, hasta que le llamaron de la Asociación Dominicana de Cigarros y Tabaco (Adocitab).

“Ahí está una gran persona, que es Radhamés Rodríguez, su presidente y dueño de una empresa grande, El Artista. Junto con él, varios miembros son propietarios de fábricas y marcas: doña Altagracia Ovalles, de Abeja Cigars; Francisco Matos, propietario de la marca Congressman, don William Ventura, Ángel Gómez, Elba Rodríguez, Radhames Pérez, Marco Arias… y ellos buscaban conformar una asociación que no se quedara únicamente en Tamboril, sino con cobertura nacional”, agrega Asiaraf.

Por el momento, su membresía supera las 50 empresas de distintos tamaños y sectores, pues abarca desde cosecheros hasta productores, fabricantes, marcas, artículos de empaque y todo lo relacionado con el sector. “Con esto se escribe un capítulo nuevo en la República Dominicana”.

Con el respeto que merecen los diferentes tipos de agrupaciones que existen, en muchos casos gremiales, pero en otros, tan importantes como la Asociación de Fabricantes de Cigarros Dominicanos (Procigar), que ha aportado grandes logros en los sectores nacional e internacional, afirma que la unidad es lo más importante para alcanzar el objetivo de fortalecer al producto nacional en el mundo.

Esto implica que el productor y el cosechero accedan a los beneficios que el Estado o el Gobierno pueda otorgarles, o que –como siempre se ha querido–, exista un parque de zonas francas para el sector tabaco y también puedan estar ahí los miembros actuales y futuros de la Adocitab.

“Que además de los exportadores de materia prima y del producto final se incluya a otros miembros del sector, como quienes fabrican las anillas y el celofán. Porque si estás fuera, pagando todo lo correspondiente a impuestos, se te hace mucho más costoso… y definitivamente esto no es un producto barato”.

COMPARTIENDO UN CIGARRO

Como resultado de sus indagaciones “de intruso y abogado” en las fábricas pequeñas y grandes, hace cinco años nació su página Compartiendo un Cigarro. Cuando visitaba una empresa, muchas veces le preguntaron si lo que buscaba era sacar una marca, pero a Asiaraf sólo le interesaba saber más.

Lanzarse a las redes sociales le ha representado aprendizajes múltiples, porque este tema nunca se agota. Además de fumar, conoces a las personas y “he hecho muchos amigos del sector, gente con la que nunca pensé que podría conversar. Imagínate, sentarte con Eladio Díaz, Jochi Blanco, Carlitos Fuentes, Ciro Cascella, Chico Rivas, Manolo Quesada o Leonardo Leo Reyes, Augusto Reyes, uno de los mayores productores de tabaco del país, es como ir al Disney World cuando eres niño”.

Además, “que se abran y cuenten su historia, que te digan cómo surgieron, la manera de hacer algunas ligas y que te las den a probar, es un honor”, piensa Asiaraf, bajo el principio de sacar el máximo del producto y del amigo, en el mejor de los sentidos. Esta actividad le llamó la atención y lo llenó; más, porque durante la pandemia inició sus live y se ha entrevistado con personajes internacionales, como Néstor Andrés Plasencia, CEO de Plasencia Cigars, y con A.J. Fernández, establecidos en Nicaragua.

En Instagram, por ejemplo, ha logrado casi 7 mil seguidores de manera orgánica: “Es muy satisfactorio que valoren lo que haces. He ido creciendo como apasionado, como una persona que valora el tabaco y desea que el producto dominicano se proyecte en el nivel internacional como marca país. Para mí eso es lo más importante”.

Asiaraf cree que cuando te piden probar un cigarro te dan la potestad de ser sincero, y la ejerce. “Lo fumo, y si no me gusta por tal y cual razón, se lo expreso al propietario de la marca: Creo que a tu cigarro le falta esto, lo otro, o que posiblemente el proceso que utilizaste no es el adecuado. Pero le pongo en claro algo: para mí paladar, porque cada paladar es diferente. Pero mi deber es decir la verdad para que el producto mejore”.

NUEVA GENERACIÓN

Califica como “sorprendente” el cambio generacional que la República Dominicana está viviendo. “Cuando voy a un Lounge me encuentro con varios dueños de marca, jóvenes que en veces no llegan a los 30 años, y ahora mismo los propietarios de empresas con mucha tradición están educando, preparando a sus hijos para tomar el mando.

“Eso lo tranquiliza a uno –continúa–, porque sabes que el producto dominicano va para mucho tiempo más. El beneficio de un relevo familiar es que se aprovecha íntegramente la experiencia de quienes hoy te forman, aunque a algunos padres les cuesta trabajo ir cediendo un poquito”.

Paralelamente, observa la continua aparición de aficionados, fumadores a quienes les gusta conocer los productos desde su nacimiento o elaboración. “Lo que más te puede sorprender es la cantidad de mujeres que están fumando. Diez años atrás no era así, ya que el cigarro estaba reservado para los hombres de la clase alta”.

“Como decía –concluye–, aquí la mayoría de los jóvenes quieren aprender a fumar cigarro. Lo digo porque hijos de amigos muy cercanos, por ejemplo, cuando nos reunimos me han preguntado qué hacer, porque quieren iniciarse en el cigarro. Cuando son mayores de edad, les recomiendo que prueben todos los que puedan y no se enamoren de una sola marca. Quien se apasiona de esto debe conocer todo tipo de variedades para sacarle lo máximo al producto”.

REGULACIÓN

La política sanitaria restrictiva implica un problema en el nivel internacional. De hecho, en la República Dominicana no se puede fumar en lugares cerrados, a menos de que se trate de un Cigar Lounge. No obstante, en países como Estados Unidos la situación es crítica.

Cuando viaja, Asiaraf es de quienes se acompañan de 40 ó 50 cigarros, tanto para el consumo propio como para obsequiar a los amigos. Relata que el año pasado estuvo en Nueva York y regresó con buena parte de su cargamento: “Me dicen, tú puedes fumar en la calle, pero debes estar a tantos pies de una escuela, a tantos pies de una oficina… Entonces, ¿dónde fumas? Es muy difícil… ya que fumar un cigarro es estar en paz y hablar con el cigarro, no vivir en estrés”.

Argumenta que a diferencia del cigarrillo, fumar un puro es un placer, no un vicio. “Y de hecho en la República Dominicana hubo un proyecto de ley anti-tabaco que no se ha conocido mucho, pero fui de los primeros en plantear en un grupo que era absurdo cohibir al producto nacional número uno, que no puedas utilizarlo ni producirlo. ¿Sabes a cuántas personas vas a tirar a la calle, sin trabajo?”.

De hecho está de acuerdo en reglamentar, pero no en impedir que alguien fume en un área abierta o en un Lounge, pues buscaban limitarte hasta en tu propia casa. “Respetamos el anti-tabaquismo, pero no puedes mezclar y confundir lo que es un vicio como el cigarrillo, el vaper o la hookah, con una obra de arte que es una pasión”.

Al final, las diferencias son claras. Con el puro no bajas el humo a los pulmones ni hablamos de un producto que contenga químicos.

CONCLUSIÓN

Para Asiaraf elaborar un cigarro, tener una marca, no es para hacer dinero de la noche a la mañana. Se trata, siempre, de poner un producto a consideración de otra persona, quien bajo su criterio determinará si es bueno o malo. “Consecuentemente, cada quien dirá que los puros o habanos que su país está produciendo son los mejores, y como dominicano siempre apoyaré a los nuestros.

“Ahí están los estudios, las estadísticas, que muestran que siempre hemos estado dentro de los primeros. Por algo será… y eso merece respeto. En consecuencia, sostengo que quien quiera lanzar una liga debe saber que el producto dominicano es el mejor. Si usted compró tabaco hace seis meses, debe garantizar tener esa misma calidad al año siguiente, logrando la consistencia del producto. Si no tiene capacidad de hacerlo, no se meta en este en este mercado, porque dejará en mal a nuestra marca-país”.

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