Alférez: historia, tradición y calidad

Heredero de una historia del tabaco en Orizaba, Veracruz, que vivió sus días de gloria durante el virreinato y hasta mediados del siglo XIX, poco antes de la pandemia Albrand Antonio Sánchez Ochoa se hizo cargo de la empresa familiar, Tabacos Alférez. Ahora busca consolidar la marca al expandir sus líneas con la manufactura de una liga exclusiva, Black, y el retorno de la que creó su padre, bajo el nombre de Tradición.

La empresa nació en 1999 de la mano de don Antonio Sánchez Cejudo, fumador de puros “de toda la vida”, quien alentado por otro aficionado, su amigo Pepe Aranda, decidió asociarse y tener una marca propia. Así que comenzó por investigar, viajar a San Andrés Tuxtla y contratar a un torcedor muy experimentado que trajo a vivir a Orizaba.

Al final de cuentas una cosa era fumar y otra conocer los diferentes tipos de tabaco, sus ligas, guarda y hasta sus plagas. El negocio estaba en marcha, aunque en ese tiempo no había redes sociales y las ventas se hacían de otra manera. Se tomaba la Sección Amarilla y había que buscar tabaquerías para mandarles muestras.

El inicio fue complicado. Había gastos fijos, una nómina y puros en guarda, porque fabricaban más de lo que vendían. Así que en determinado momento la sociedad se disolvió y don Antonio asumió el riesgo. Químico de profesión, le llevó cuatro años perfeccionar su primera liga, con la idea de obtener un puro de buen sabor, que no irritara o fuera picoso, sino agradable, inspirado por la marca Arturo Fuente, que era su favorita.

Logró un muy buen puro de capa Sumatra, doble capote Negro San Andrés y tripa con mezcla de tabaco criollo, claro y oscuro, que presentó en cuatro vitolas: Corona, Manager (variación de la conocida en México como Ejecutivo), Robusto y Churchill. Muy suave, de sabor natural, que evoluciona con fortalezas y matices, ofreciendo un aroma agradable.

NUEVA ETAPA

Lamentablemente don Antonio falleció en 2021, aunque dos años antes había cedido la Dirección General a su hijo, quien siempre ha tenido el gusto por el tabaco y por la fábrica: “un negocio que me gusta mucho y en el que trabajé desde sus inicios”.

En el año 2000 Albrand Antonio estudiaba Administración de Empresas en una universidad privada en la ciudad de Puebla. Era costoso, por lo que su padre le daba mensualmente cinco cajas de puros, para que al venderlas tuviera dinero y así cubrir gastos personales.

“Al principio me costaba trabajo, hasta que entendí el negocio y dejé los puros a consignación. Así, al menos, nadie me decía que no. Pero como se vendían bien comencé a reinvertir las ganancias y puse hasta 20 vitrinas en restaurantes y bares, de tal suerte que las cajas de regalo no alcanzaban y acabé comprándole producto a mi papá”.

Tras concluir sus estudios y trabajar algunos años en empresas y de manera independientemente en otras ciudades, regresó a Orizaba con la idea de retomar la fábrica, que se había estancado. Entonces la reestructuró y a finales de 2019 relanzó la marca con una liga nueva y mejoras notables en el empaque, centrado en la comercialización.

La marca era intocable: Mi papá fue un apasionado de la Historia, y la razón del nombre es una mujer rebelde llamada Catalina de Erauso, personaje legendario y controvertido de los siglos XVI y XVII, quien escapó de un convento para convertirse en militar, logrando el grado de Alférez, y tras una vida agitada –que se conoce gracias a su autobiografía– murió en 1650 en Orizaba”, donde existe un busto en su honor.

Pero el resto, no. Así que busco ofrecer el mejor tabaco posible y como en México dispones de otros tabacos para capa, “que son muy buenas, saqué un puro con Habano 2000 oscuro, que me agrada bastante, con los tres tipos obtenidos de la planta: volado, seco y ligero, para hacer una mezcla entre sabor, fortaleza y combustión, y que cada vitola se distinguiera”.

También simplificó las anillas, que originalmente eran de colores de acuerdo con la vitola, por una en negro y oro que utiliza en los formatos Corona, Manager, Robusto, Churchill, Torpedo y Toro. Todos ellos conforman la línea Black, que se posicionará “en el lugar que le corresponde”, con una anilla de calidad premium y una experiencia completa entre el tabaco, la liga, el puro y su presentación.

LOS COLORES

Albrand Antonio habla también sobre el regreso de la liga original con la línea Tradición. “Es decir, la que conocieron quienes fumaron Alférez antes y que todavía preguntan por los colores. Tendrá sus cuatro vitolas de siempre…”.

Ambas líneas, en sus distintas empaques: el box, en una cajita de cartón individual y personalizable; la cartera, también de cartón, con cinco unidades, y las cajas de 24 puros elaboradas en madera de cedro sin bisagras ni broches metálicos. “Tienen mucha demanda porque mucha gente quiere un humidor y prácticamente lo obtiene al comprar la caja, porque también vendemos el higrómetro y el humidificador”.

En cuanto a la fermentación del tabaco, en el caso de Tradición es de 18 meses, y en el de Black, de 36 meses. “El secreto está en curado, que se hace con una receta de mi papá que obviamente no compartimos, y adicionalmente aplicamos Ozono para desinfectarlo y que permanezca libre de bacterias”.

Considera que el tabaco no debe de lavarse, porque pierde su sabor y esencia, y explica que en el caso de Alférez tampoco se fumiga, porque al final de cuentas es veneno y “nuestra idea es presentar un puro lo más natural posible.

“Nosotros invertimos para tener el mejor tabaco posible”, dice Albrand Antonio, quien siempre encuentra áreas de oportunidad que obligan a mejorar y le incentivan para seguir creciendo: “Mi reto personal no es ser la tabacalera con mayores ventas de puros del país, sino que Alférez sea reconocida por su calidad en el nivel internacional y consolidar la marca como la opción número uno de puros premium de México”.

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