Los hermanos Pattison y la crisis del whisky

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GUT FEELING

Gastón Banegas

Si usted que lee la revista es una de esas personas que también le gusta el whisky le traigo una pequeña historia de no hace tanto tiempo atrás. Desde hace algunos años se sabe que los precios del destilado han subido, en algunos casos muy arriba. No hace mucho, gastar más de 50 dólares en una botella de bourbon parecía un poco tonto; en estos días, es algo más común a pesar de que comparto bastante esa idea. Y si consideramos el whisky escocés es aún más caro, pero no siempre fue así. El whisky escocés ha pasado por varios ciclos de auge y baja, con precios altos cuando la industria estaba funcionando muy bien y precios bajos durante las contracciones.

El Pattison Crash fue una gran contracción a fines del Siglo XIX y principios del XX, y cuyas implicancias se sintieron durante décadas mientras la industria luchaba por recuperarse de los cierres masivos que el fenómeno ocasionó. Esto es lo que les puedo contar:

A finales del Siglo XIX el whisky escocés de mezcla estaba en su apogeo, en parte gracias a que los viñedos en Francia habían sido devastados por el la filoxera que logró paralizar la producción de coñac. Por tal razón el whisky comenzaba a reemplazar al brandy como la bebida espirituosa elegida por los caballeros ingleses. Dicho producto escocés, además también iniciaba de manera muy veloz a transformarse en una bebida de gran aceptación en todo el mundo.

Los protagonistas de esta revolución del whisky escocés ahora son nombres conocidos como John Walker & Sons, John Dewar & Sons y James Buchanan & Company entre otros más. Sin embargo, una compañía casi desconocida en estos tiempos estaba en el centro de las actividades. Esa firma se llamó Pattisons, Elder & Co.

Los hermanos Robert y Walter Pattison tenían un negocio de mayoreo de lácteos en Edimburgo, que rápidamente reconvirtieron al reconocer una oportunidad de negocios en el floreciente comercio del whisky de mezcla. De manera muy veloz, haciendo trueques de vacas por espirituosas, Robert Pattison fundó la compañía Pattison, Elder & Co (Elder como socio accionario).

Al auge de la industria en general no le faltó tiempo para que prontamente los hermanos Pattison comenzaran a mezclar sus propios whiskies a finales de 1880, lo cual les posibilitó desarrollar sus propias marcas. Entre las principales que se conocen: Moning Dew y Royal Gordon. El negocio prosperó rápidamente y breve la compañía cotizó en Bolsa de Valores.

En 1896 la empresa Pattisons Ltd, como salió al mercado, ya poseía un capital de 400 mil libras esterlinas, y con el fin de asegurar el suministro de bebidas espirituosas para mezclar, adquirió la mitad de las acciones de la destilería Glenfarclas, mientras que la empresa también tenía participaciones sustanciales en Oban, Aultmore y Glenlivet Distilleries Ltd.

Por desgracia para los Pattison gran parte de su crecimiento y posterior éxito comercial se basó en el crédito. Los inversores y los grandes bancos ofrecían a la compañía importantes sobregiros y mientras el auge de whisky continuaba el crédito se extendía. Durante este periodo los hermanos comenzaron a disfrutar de un estilo de vida bien lujoso. Según menciona el historiador del Whisky Gavin D. Smith, los Pattison compraron mansiones en el campo en Clovenfords, cerca de Galashiels, y Peebles en Scottish Borders y grandes oficinas palaciegas revestidas en mármol dónde trabajar en la ciudad en Leith’s Constitution Street.

El gasto de marketing cada año se incrementaba más y más, triplicando hasta llegar a 60 mil libras (prácticamente inaudito en la época victoriana) dotando a sus campañas de marketing de mucha popularidad. Invirtieron grandes sumas de dinero en publicidad extravagante. Con gran astucia apalancaron las crecientes ventas de sus marcas y las relacionaron con el orgullo reinante en todo el imperio británico producto de su poderío militar.

Uno de sus métodos favoritos para obtener publicidad era llegar a la estación de tren de Galashiels o Peebles un poco tarde para tomar el tren de la mañana a Edimburgo y, después de asegurarse de que la prensa local estuviera alerta, alquilaban un tren privado a un costo de cinco libras por milla (gran lujo para ese momento) para transportarlos a sus importantes juntas de negocios en la capital. Probablemente su campaña más conocida fue entrenar a 500 loros grises africanos para que repitieran frases como “¡Compre whisky Pattisons!”, antes de regalar las aves a los taberneros de todo el país.

A simple vista la Compañía Pattisons Ltd parecía ejemplificar todo lo positivo y empresarial del whisky escocés en la era victoriana tardía, pero no todo era lo que parecía. Fue tal de excéntrica y mala su administración que, para mantener todos los negocios en funcionamiento, los hermanos adoptaron la práctica de malversar los registros de existencias de whiskies y sus cotizaciones (base en la cual se establecían las garantías para préstamos bancarios) de esta forma lograron sobrevaluar la propiedad en posesión de whiskies en la empresa. El resultado de estas maniobras fraudulentas fue que, sobre registro contable, el valor de las acciones de Pattison Ltd era sustancialmente más alto de lo que eran en realidad.

Los Pattison, para mantener todo “en movimiento” sin sospechas también, pagaban dividendos a los accionistas del capital, para asegurar a los inversores que todo estaba bien, aunque había rumores sobre la fragilidad financiera de los Pattison desde 1894.

Desde principios de 1898 comenzó a sentirse una leve recesión en la industria, principalmente debido a las grandes existencias de whisky acumulado, la empresa le debía dinero a DCL y luchaba por obtener crédito del banco, que ya había retirado su apoyo. Para fines de diciembre de ese año, la empresa colapsó por completo después de que se descubrió que no solo sus gastos estaban fuera de control, sino que también habían estado falsificando los libros contables. Los números se habían “retocado” tanto y el valor de sus acciones estaba tan inflado que cualquier intento de rescate estaba condenado al fracaso.

Parecía que el dúo Pattison también había estado manipulando sus productos (una desgraciada práctica habitual hoy en día en algunos mercados del whisky). Ejemplo: los hermanos utilizaban en sus productos whisky irlandés barato mezclado con una pequeña cantidad de licor escoces de mayor calidad y haciéndolo pasar por Fine old Glenlivet, con la palabra “Glenlivet”, el nombre de la Región de Speyside en ese momento, considerada una palabra clave por su excelencia en los whiskies que se elaboraban. Como dicen en mi país, una truchada.

El 5 de diciembre de 1898 las acciones preferenciales acumuladas de Pattisons se desplomaron en 55 por ciento y, unos días después, el Clydesdale Bank se negó a renovar el crédito de la empresa, lo que provocó el inicio del procedimiento formal de quiebra. Con el proceso en marcha, se detectaron inconsistencias en la contabilidad por un monto superior a unas 500 mil libras esterlinas, siendo los activos de la empresa menos de la mitad de esa cifra. Robert y Walter Pattison fueron posteriormente juzgados y condenados por fraude y malversación de fondos.

El Crash Pattison no solo afectó a la empresa y su personal, sino también a los acreedores. Como resultado, otras empresas quebraron y muchos proveedores chicos en escala también cerraron. La reacción que siguió fue tan severa que toda la burbuja que rodeaba a la industria del whisky estalló y los buenos tiempos terminaron. Los precios del whisky cayeron, con consecuencias obvias para toda la industria. La producción se contrajo más de 30 por ciento en menos de una década.

La construcción de destilerías, que había en ese tiempo, dando trabajo a muchos obreros durante las décadas anteriores, se detuvo abruptamente y no fue hasta 1949, tiempo después de la Segunda Guerra Mundial, que se construyó una nueva destilería: Tullibardine. Muchos historiadores concluyen en decir que los hermanos Pattison por sí solos no causaron el crash, sino que fueron una especie de “acelerador” para que se desarrollara la crisis que golpeó a la industria del whisky escocés, ya que por aquel entonces el nivel de existencias acumuladas de whisky no guardaba relación con el nivel de ventas.

El accidente de Pattison fue solo el comienzo de tiempos difíciles para la industria del whisky escocés. La Primera Guerra Mundial llegó pisándole los talones, seguida por la Prohibición de EU, y luego la Segunda Guerra Mundial. Afortunadamente, la industria aprendió una poderosa lección sobre cómo mantener su calidad y reputación por encima de todo, llegando hasta estos tiempos en donde se puede disfrutar la gran variedad de buenos whiskies escoceses tanto de mezcla como de malta única.

De mi parte, voy a aprovechar para servirme una copa de una buena malta y buscar algo qué fumar y pensar un poco en el próximo artículo que pueda escribir acá en la revista.

Keep in touch.

 

*Fuentes: G. Smith / A. Bernard / A. Andrews.

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