Los accesorios del pipa fumador (el fetiche nuestro de cada día)

 

Fumar puros es fácil, al menos en lo que a accesorios se refiere, más allá del obvio cenicero, que ningún fumador trae a cuestas consigo, todo fumador de puros, cuando se traslada a un lugar para ejercer su pasión, lleva en su cigar caddy o purera algunos ejemplares para decidir cuál encender en el momento; el encendedor regalón y el cortador de preferencia, y seria, un equipamiento somero y breve donde claramente el puro es el principal protagonista.

Fumar pipas es otra historia, y otra complejidad, y otra lista de accesorios mucho más larga y detallista, por lo que dependiendo de cada fumador, el volumen requerido para portar todos y cada uno de los accesorios puede volverse realmente un problema.

El fumador de pipas rara vez sale con un solo ejemplar camino de una reunión donde sabe que podrá fumar; escoge dos, tres, seis ejemplares dentro de su colección, generalmente los que hace más tiempo que no fuma; los acomoda en un estuche que normalmente mandó a hacer para tal efecto, y que puede llevar en la mano, sujeto al cinto o en una maleta o mochila, suma también dos o tres variedades de tabaco y listo. ¿Listo dije? No, en lo absoluto, ahora es que empieza lo bueno, o lo difícil, o lo obsesivo, juzgue usted por sí mismo y dele el nombre que quiera.

Supongamos que alguna de las latas de tabaco que escogió para la ocasión está cerrada, eso implica, en la mayoría de los casos, que está sellada al vacío, y para poder abrirlas, están diseñadas para hacerlo con la ayuda de una moneda y he ahí el primer e imprescindible accesorio: ¿una moneda cualquiera que tenga de casualidad en el bolsillo? Obvio que no, LA MONEDA, aquella que usted escogió por alguna razón específica y que en mi caso es, ¿alguien podría dudarlo?, una de cinco francos franceses acuñada en 1970, el año de mi nacimiento.

Abierta la lata, tiene una pieza de cartulina o papel grueso que recubre el empaque del tabaco propiamente tal y que busca aislarlo de las condiciones ambientales cuando la lata permanece abierta, para levantar esta pieza, usamos el punzón de la herramienta checa (el más clásico de los atacadores del mercado) porque obviamente necesitamos hacerlo con ayuda de un accesorio y no simplemente con los dedos.

Durante el inicio de este ritual, la pipa ya ha sido seleccionada y descansa en un portapipas a la espera de ser llenada, proceso que requiere, por supuesto, de la utilización de otros accesorios.

Ni una brizna de tabaco puede perderse durante el proceso de llenado de la pipa, colocando capas de tabaco poco a poco y apisonándolo con el dedo, le damos un último toque con el atacador propiamente tal, que bien puede ser parte del Trío (otro nombre dado a la herramienta checa) o puede estar improvisado con clavos de construcción, lápices de mina y una tachuela en el extremo, vainas de fusil o pistola o, en general, con cualquier elemento de diámetro menor a la cazoleta de la pipa, de extremo plano, e incombustible, que nos permita apisonar el tabaco de la pipa y también sus cenizas durante la fumada.

Antes de proceder al encendido, y si el estilo de la pipa lo requiere, colocamos en su boquilla un pisa dientes de goma, que evita dejar marcas de los dientes en ella, prolongando así la vida útil de nuestro preciado objeto para fumar. Por último, revisamos minuciosamente alrededor de la zona de llenado que ni la más mínima partícula de tabaco haya escapado de la cazoleta o de la lata y, tras cerrarla para que no pierda humedad, nos encontramos por fin listos, o casi, para comenzar a fumar.

Necesitamos entonces de la llama, que puede provenir de fósforos, encendedores tradicionales de gas o bien encendedores específicos para pipa y que tienen la curiosa particularidad que la llama sale, no podía ser de otra forma, hacia abajo, también los hay flexibles como se muestra en las fotografías que acompañan esta nota y que permiten adaptarlo a distintos estilos de pipa y formas y tamaños de cazoleta, permitiendo un mayor cuidado de las paredes de la pipa durante el encendido.

Luego fumamos, al ritmo y tiempo del que dispongamos para hacerlo, dejando descansar la pipa en el portapipas de cuando en cuando, apisonando la ceniza con el atacador, sosteniéndola entre los dientes sin miedo gracias al pisadientes, aligerando la compactación del tabaco con el punzón cuando nos hemos excedido en el apisonado, soltando la ceniza de las paredes de la pipa con el raspador, suavemente, accesorio que completa la trilogía incluida en la ya señalada herramienta checa. Fumamos hasta que escapa la última vuelta de humo, para luego vaciar las cenizas y observarlas en detalle para comprobar que fuimos capaces de dar combustión a todo el tabaco y solo queda como residuo una mínima cantidad de ceniza blanca, seña inequívoca de una perfecta fumada.

Y así acaba el ritual, cuando se apaga totalmente el tabaco, o no, ¿qué dicen ustedes? Los que creen lo último están en lo cierto, no podemos guardar una pipa sucia, no podríamos, no nos lo perdonamos, eso hace del fumador de pipa un hombre siempre paciente, pues debemos esperar un largo rato para que la pipa se enfríe por completo antes de separar sus partes y proceder a limpiarlas rigurosamente para lo cual sale a relucir la siguiente batería de accesorios.

Plumillas de limpieza, para el interior de la boquilla, y un pequeño frasco spray lleno de alcohol para humedecer ligeramente la plumilla y esta logre retirar la mayor cantidad posible de residuos al utilizarla (yo en lo personal, en vez de alcohol, uso Jack Daniels, que es para lo único que sirve), un set de escobillas rígidas adaptables a los distintos diámetros del conducto de aire de la cazoleta, un poco de cera incolora para darle brillo a la pipa, un trozo de fieltro para aplicar la cera y hacer las veces de pulidor y servilletas para retirar el polvillo de ceniza de las paredes interiores de la pipa, o el exceso de líquido en el espacio de condensación, en especial cuando se fuman aromáticos, componen el kit de cierre del ritual de la fumada, concluido este, la pipa fría, limpia y reluciente, vuelve a su estuche de transporte lista y dispuesta para la siguiente oportunidad que tenga la suerte de ser escogida para la función que fue concebida al venir a este mundo, ser fumada.

Y ahora la pregunta de rigor, al terminar estas líneas, ¿se siente usted lo suficientemente preparado o cree tener las características psicológicas necesarias para convertirse en pipafumador y cargar con la obligación implícita de adaptarse a llevar con usted todo este ritual? Por ahí está mi Instagram, si la ansiedad lo agobia, no dude en enviar un mensaje interno, a veces me acuerdo, entre tanta obsesión, que soy psicólogo.

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