El viejo Pescador y la diferencia en el tiempo

GUT FEELING

Gastón Banegas

“Tiempo es la medida del movimiento entre dos instantes”.

ARISTÓTELES.

Dentro de mis recuerdos, últimamente tan consultados, tengo la imagen de un señor de cabellos plateados, silencioso y casi ausente del mundo que lo rodeaba. Hace tanto así como 20 años que lo tengo en la memoria. Curiosamente no puedo dejar de idealizarlo como en color gris, como si fuera una foto vintage.

No recuerdo si era el tono de su atuendo, la poca luz con la que lo veía o simplemente lo represento en ese color, como a casi todo lo viejo. Al mejor estilo de un retrato, este señor tiene la vista perdida en aquel horizonte que oficiaba de separador entre un día claroscuro y un Río de la Plata en mismo tono.

Pescador o morador del tiempo, ¿quién sabe su verdadera profesión? Lo veía de madrugada y lo volvía a ver de trasnoche. Siempre en escala de grises, como si fuese una buena ceniza. Nunca le faltó su caña de pescar, el mate y una sillita playera un poco desvencijada, que no obstante ello servía a su propósito de apoyar camperas y bolsas con quién sabe uno qué contenido.

Aún pienso que se pasaba la vida esperando un buen pique. Y en cierto sentido, ¿quién no? Igualmente, por más que trato de esforzarme, no recuerdo que fumara, lo veía siempre con un cigarro en la boca y las manos ocupadas en su actividad. No importaba tanto el clima, claro, a excepción de lluvias. Alguien me dijo una vez que cuando llueve es muy difícil pescar.

Lo real era que este señor, en invierno o en verano, habitaba la Costanera de mi ciudad. Aeroparque “Jorge Newbery”, justo enfrente de la parada de taxis. Ahí, cruzando la avenida, solía ubicarse en el lugar exacto donde al regresar de mis viajes de trabajo hacía contacto visual. Muchas veces hicimos apuestas y en tantas las gané, viendo a este señor envejecido pescar y fumar.

Hoy los años han pasado y quien tiene canas soy yo, también. Y muchas veces me hallo como dicho personaje, tratando de sintonizar la misma frecuencia, fumando y matando el tiempo, y por qué no, tratando que conseguir un buen pique. Casi sin oír ni ver el mundo, en estado de desconexión con mi realidad…

O tal vez pensando cosas impensables, que si me permiten el juego de palabras es lo mismo que no pensar. Un estado de relajación total, todo lo contrario a las líneas que escribí la anterior oportunidad, cuando hablábamos de cata. Y opuesto a la propuesta que hoy les cuento.

Por aquellas épocas yo iniciaba el camino en todo orden y sentido. Mi contacto con el mundo del tabaco empezaba a virar 180 grados. Dejaba los cigarrillos comunes que estaban “de moda” y en su reemplazo empezaba a probar los puros y los habanos.

Algo de eso tienen que ver mis noches en el Club Real. Seguramente aquellas veladas forjaron en mi gusto ese no sé qué propio de los tabacos torcidos a mano, como uno que hoy quiero presentarles: Estrada Liga #2, que a casi 20 años de aquellos días en que miraba al viejo pescador, un tal Gabriel Estrada soñaba con hacer un puro nicaragüense.

 

En este caso, un puro que ya he mencionado con anterioridad. Si mal no recuerdo fue el primero que reseñé en una revista que ya no existe, y ahora Humo Latino Magazine continúa el camino que iniciamos hace más de dos años a puro trazo, tinta y bites.

Sin mucho más que decir, les cuento sobre un puro premiado recientemente: Estrada Vintage, by Joya de Nicaragua. Pero en este caso quiero ir más allá y me animo a comparar este gran puro con su abuelo, un cigarro que se denominó Liga #2 y dio origen a este tabaco hace más de 15 años.

El Estrada Vintage que he fumado es un Cónsul, cuyo cepo 52 y 114 mm de longitud presenta una fortaleza media y un sabor pleno. Hecho totalmente a mano, en su composición se emplean cinco tabacos diferentes de las mejores hojas de Nicaragua. Capa: Connecticut Shade (Ecuador); Capote: Habano Criollo Nicaragua (Jalapa), y Tripa: Habano Criollo de diferentes orígenes (Estelí, Jalapa y Condega).

Recuerdo haber notado en la primera reseña breve sabores a maderas (sobre todo roble) que se amalgamaban con notas algo cítricas. Lo confirmo al volver a fumarlo. En este caso no voy a hablar de la construcción, las imágenes son mejores para graficar la calidad del torcido artesanal, claramente un elemento clave de su distinción.

Este puro, que he fumado varias veces, es agradable y presenta gran evolución a lo largo de su recorrido. Dueño de un tiro excelente, no se necesita hacer esfuerzos para extraerle caladas de humo y sabor. En su inicio es algo suave y se presentan las primeras notas de maderas de roble claro. Gana intensidad a medida que lo voy fumando y logra un equilibrio perfecto entre la fortaleza y un gran sabor.

Les puedo contar que ahí donde promedia el tercio medio y va dando lugar al tercero, la cosa empieza a levantar. Se torna un poco más intenso, los sabores de maderas conviven con algunas especias, tipo el clavo y el anís, sin dejar de notar pimientas en primer plano. Esta característica en el sabor se mueve hasta el final, cuando se presentan nuevamente las notas iniciales a maderas, pero ahora con sabores a tostado-carbonizado. Gran puro. Lo acompañé con un café espresso que ayudó bastante a armonizar la fumada.

Pasaron veinte años desde que inicié en esos menesteres de los viajes laborales, casi el mismo tiempo que ocupó de guarda el GE Estrada LIGA #2, 2003, que he tenido el privilegio de probar. Hago un alto acá, porque no me es común fumar puros tan añejos y resulta muy interesante poder comparar la misma ligada con diecinueve años de diferencia. Es como viajar en el tiempo, o tal vez ser como un arqueólogo. No lo sé muy bien, pero les puedo decir que la experiencia me dejó nada más que sensaciones de regocijo.

Por empezar a la vista, la construcción es magnífica. La capa, oscurecida por el paso del tiempo, posee venas muy pequeñas y cambió el tono claro que suelen tener las capas Connecticut, en este caso por un color Habano, bien marrón.

Sus aromas en frío tenían redondez y dulzor. Se podía distinguir algo de heno y frutos secos, y si bien se notaban maderas, eran perfumadas por pizcas de dulzor. Algo como almíbar dulce y fresco a la vez. Al tacto lo noté firme, sólido, como si fuera un puro recién hecho. Nada qué reprochar. Lo visualicé y no observé flaquezas, todo tenía rigidez y vigor. No cedían las zonas donde ejercía presión con los dedos. Notable.

Cuando puse fuego lo traté con mucha suavidad, lo encendí con todo mi tiempo, sin recalentar demasiado el tabaco, lo esperé y estudié cómo se formaba la brasa. Quedé un poco abstraído del entorno, casi fascinado, como si el fuego y el tabaco en combinación formulasen un conjuro que no me permitía quitar la vista de la incandescencia lograda.

Apenas pasaron segundos y las notas aromáticas estaban ahí, viajando a través del tiempo en el aire. Y sí, era un Estrada Vintage, su identidad no estaba en duda. Tenía todo lo que había encontrado en mis anteriores fumadas, y algo más.

Si bien es cierto que el tiempo interfirió y complejizó los aromas en su genética, seguía siendo un GE Vintage. Con lumbre destaco su gran tiraje, diría impecable, fruto de una esmerada guarda, en la que el control sobre la temperatura y la humedad ambiente lo es todo. No era para menos, viniendo de parte de Gabriel Estrada, y tampoco puedo decir que me sorprenda por eso. Ya me ha convidado algunos cigarros con más de 15 años de guarda, que son lo más parecido a la magia de Disney que he notado últimamente.

Volviendo al GE LIGA #2, avanzando en el fumar todo es mucho más delicado. Las maderas astringentes de roble claro están ausentes, más bien ahora se destacan sabores a nueces y frutos abrillantados. El tiempo le quitó a este puro cierto vigor, lo educó y envejeció de manera muy cortés. No mandan tanto los sabores de pimientas picantes, podría decir que surgen otras pimientas más aromáticas, algo de Cayena y ciertamente nuez moscada. Gran sabor.

Acá hago un alto para hablar del concepto de la guarda. ¿Qué hacían ustedes hace diecinueve años? Este puro era enrollado y puesto en su caja, y luego de todos estos años ni siquiera tenía bloom en su capa, que permanecía intacta; opaca, pero perfecta. Yo me la pasaba volando en aviones de acá para allá.

Avanzo hacia la mitad del puro y sigo notando la identidad que les contaba, pero con un dejo dulce en el paladar. Ceniza un poco más frágil que un GE Vintage actual, pero no por ello caía o costaba sostener. Se quemó más que parejo, sin correcciones, y de la mitad del segundo tercio en adelante surgieron nuevos sabores evolucionados. Notas como chocolate y algo mineral al mismo tiempo; también se percibe un sabor a cuero húmedo, que es bien profundo, y una vez que lo detecto no me abandona hasta el final de la fumada.

No hace falta aclarar que hacer estas comparaciones me resulta muy interesante y disfruto de tamaña cata vertical con 19 años de diferencia entre un producto y otro. Para ir cerrando mis notas, un final sensacional. Este viejo cigarro me ofrece sus últimas fuerzas y tal vez –paralelismo al margen–, encuentro ese pique que, pienso yo, el viejo pescador buscaba tanto. Gracias, Gabi, un puro sensacional. Evidentemente no puede haber otra explicación: lo que fumé es producto de la pasión y los sueños perseguidos a lo largo de 20 años.

Tratando de poner un poco la mente en blanco y en busca de recuerdos, me es sencillo ubicar imágenes de bruma, noche, oscuridad, plata… Vuelvo al viejo pescador de la Costanera rioplatense que esta solo, sin siquiera un perro que le acompañe. Recorro su recuerdo y recibo en contraprestación cierta sensación de calma, similar a la que ubico luego de haber fumado.

Una serenidad que proyecto al retrotraerme en el tiempo, casi el mismo transcurrir que el del puro Liga #2, torcido en 2003. Es inevitable para no pensar en el pescador y este puro. Quizá algún día –yo no escribo el destino–, o en unos años, sea yo quien pesque y fume en la Costanera. Y quizá el cigarro que fume mientras tanto sea un Estrada Vintage.

Buenos humos, keep in Touch!

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí