Compañía General de Tabacos de Filipinas. La Flor de la Isabela

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VITOLFILIA

José Antonio Ruiz Tierraseca

Abordamos en este mes de marzo sobre una temática ciertamente poco conocida en el desarrollo de nuestra vitolfilia como es Filipinas. Si aspiramos a comprender y conocer mejor la vitolfilia mundial debemos trasmitir a nuestros lectores, futuros coleccionistas, y a todos los vitólfilos cómo se fundó en el país asiático la más importante fábrica de tabacos.

La Flor de la Isabela era por aquel entonces la más afamada fábrica, la primera de las instalaciones que la Compañía General de Tabacos de Filipinas levantaba en los terrenos adquiridos en Manila, Isla de Luzón, en las proximidades del río Pasig. El creciente éxito de sus elaboraciones hizo muy pronto necesario la ampliación de su planta de talleres en los que en un momento determinado llegaron a trabajar cinco mil operarios.

En la zona más elevada y atractiva de la capital del archipiélago filipino situó la compañía su factoría. Los terrenos eran conocidos como “Predio de San Marcelino”, en uno de los distritos y centro de actividad industrial y mercantil más importante de Manila, al que se accediía a traves de la hermosa avenida del Marqués de Comillas, llamada así en honor del que fuera fundador y primer Presidente de la Compañía General de Tabacos de Filipinas.

Obligatorio se hace darles a conocer la personalidad de Antonio López y López, primer Marqués de Comillas (12 de abril de 1817, Comillas, Santander-16 de enero de 1883, Barcelona), emigró muy joven a Cuba, recalando en Santiago de Cuba donde se enriqueció, como tantos otros indianos, con el negocio tabaquero.

El Excmo. Sr. D. Antonio López y López, primer Marqués de Comillas, fundador de la Compañía General de Tabacos de Filipinas, S.A. y primer Presidente de su Consejo de Administración.

Su actividad económica fundamental estuvo radicada en Barcelona. Fundador de una empresa naviera, por concesión del gobierno español, la Compañía Trasatlántica Española, Antonio López tenía fuertes conexiones en el gobierno de Madrid, por ello consiguió la exclusividad en el traslado de soldados.

En efecto, Antonio López y López emparentó con el catalán Juan Gëll y Ferrer, diputado y senador, persona de una gran importancia en la industria metalúrgica catalana, por lo que sus descendientes controlaron, a traves de los buques de la Trasatlántica, la exclusisvidad del correo marítimo, el traslado de soldados y el avituallamiento del ejército. Y una vez perdida la Guerra de Cuba, en 1898, controlaron el regreso de soldados y de los peninsulares radicados en Cuba, Filipinas y Puerto Rico.

Fundó en 1871, en colaboración con varios catalanes, el Círculo Hispano Ultramarino de Barcelona y en 1881, la Compañía General de Tabacos de Filipinas, desde entonces además de en Manila, radicó en Barcelona.

Bonito anuncio de la Compañía General de Tabacos de Filipinas.

En la mayoría de las anillas de La Flor de la Isabela se representa el escudo de la compañía, anillas y litografías que servirían para decorar, adornar y ornamentar la totalidad de sus labores.

El Valle del Cagayán, en donde la compañía tenía sus magníficas haciendas tabaqueras, comprende parte de la cuenca del río del Gran Cagayán que nace en las estribaciones de los montes Caraballos Sur, baña las provincias de Isabela y Cagayán, de Sur a Norte y desemboca en el Mar de la China, en el extremo septentrional de la Isla de Luzón, la mayor del archipiélago filipino.

Anilla gigante de “La Flor de la Isabela” Nuevo cortado.

Las plantaciones de tabaco de Isabela y Cagayán, por su lozanía y desarrollo tenían un fino y penetrante aroma, que hicieron famoso al tabaco filipino, que competía con el mejor tabaco del mundo. Es curioso que una planta, cuya semilla originaria fue importada de México por los españoles en el siglo XVI, significó en aquellos años para Filipinas una de sus principales fuentes de riqueza.

Al establecerse la compañía en aquel país, adquirió sus primeras fincas agrícolas en la mejor zona tabaquera del Valle del Cagayán, sistematizó los métodos de cultivo, seleccionando cuidadosamente las clases, especializando a millares de colonos y empleados, creando, en fin, las espléndidas y ricas haciendas que allí poseía y precisamente donde nacía el mejor tabaco del Extremo Oriente.

Lo mejor de esta tabaco se empleó en La Flor de la Isabela, en las múltiples elaboraciones de esta fábrica. Además, la Compañía General de Tabacos de Filipinas servía a Europa y otros países, grandes cantidades de tabaco en rama cosechado en el valle y en otras regiones del archipiélago, millares de quintales anuales. Más de 60 por ciento del tabaco producido en las islas era elaborado por la compañía.

Tanto por la calidad de sus elaboraciones, como por el volumen de su producción, La Flor de la Isabela estaba a la cabeza de las fábricas de tabacos de las islas y posiblemente entonces se la podría catalogar como de las mejores del mundo. Sus embarques anuales constituían la más importante proporción de la exportación del tabaco elaborado en aquel país. Aunque los cigarros de esta gran fábrica llegaban a todos los mercados del mundo y las marcas de sus ricos tabacos eran muy populares en todas partes, las principales remesas se enviaban a los EE.UU., China, Japón, Australia y a los más importantes países europeos.

Vista, etiqueta de caja de puros.

Para alcanzar tan alta cota los directivos de la fábrica fueron formando y seleccionando, durante muchos años, su personal tabaquero, que era el más hábil y experto, en las elaboraciones manuales, que trabajaba en el país. Numerosas familias de operarios, bajo la dirección de expertos maestros procedentes de Cuba, fueron formando, después de largos años de práctica, el cuadro de tabaqueros y cigarreros expertisimos de La Flor de la Isabela y constituían la élite de los elaboradores del tabaco filipino.

Introdujo esta fábrica en el país la elaboración de “vitolas”, estilo cubano, que consiguieron una gran aceptación, especialmente en Estados Unidos, donde contaron con un mercado creciente.

La extraordinaria demanda que alcanzaron los productos de tan prestigiosa firma fue en aumento de día en día, por lo que se hizo necesario la ampliación de la planta primitiva de la fábrica. Los elaborados manuales tanto de cigarros como de cigarrillos hicieron que trabajaran constantemente en sus talleres cerca de cinco mil 500 operarios, a los que habría que añadir el alto personal directivo y administrativo.

Por aquel entonces esta fábrica sacrificó todo en favor de la máxima calidad de sus productos, consiguiendo un profundo conocimiento del gusto del público consumidor, producto esto de una larga experiencia, llegando a crear el cigarro ideal de lujo por su finísima y seleccionada hoja, su capa escogida y una elaboración irreprochable. Ningún fumador de buen gusto desconocía los famosos Vegueros finos, los Isabela excelentes, los Senadores o los

Invencibles, todos podían deleitarse con el exquisito aroma de los ricos Perfectos, Regalías, Misiones, etcétera.

La Flor de la Isabela. Entrada a la fábrica.

En las grandes líneas transpacíficas, en los rápidos trenes continentales, en los mejores hoteles de Oriente, Europa y América, en los clubes y balnearios, en las grandes fiestas aristocráticas, en los banquetes suntuosos, las selectas labores de La Flor de la Isabela eran las preferidas por el fumador de gusto refinado, aquel que era un buen conocedor del buen tabaco. Prueba irrefutable de ello era el creciente aumento de la producción de la fábrica, que en aquellos lejanos tiempos duplicaba año tras año sus pedidos de cigarros puros, cigarrillos y picadura.

A la Compañía de Tabacos de Filipinas se la denominó, familiarmente, en aquellas islas, “La Tabacalera”. Cuando en otros países de Extremo Oriente se ofrecia un cigarro de “La Tabacalera”, en cualquiera de sus variedades y exquisitas clases, constituía el más rico y agradable obsequio que poddia apetecer un distinguido fumador. Los cigarros y cigarrillos de “La Tabacalera” por el especial cuidado que ponían en la elección del tabaco en rama que se empleaba en todos sus productos eran los más selectos y estimados en aquellos lejanos países.

Anuncio oficial de venta de puros filipinos de la C.G.T.F. (Década de 1890)

 

La dirección de la fábrica persiguió siempre el ideal de que sus elaboraciones, tanto en la primera materia empleada como en la transformación industrial, fuese lo más escogido, lo más seleccionado y perfecto que se producía en las islas Filipinas. A la fábrica La Flor de la Isabela, se debía buena parte de la fama que adquirieron en el extranjero los tabacos filipinos.

La Compañía de Tabacos de Filipinas, que desde el principio estableció su sede en Barcelona, ha tratado de evolucionar a traves de los años. Ahora la fábrica continúa y reposa en los recuerdos de un pasado glorioso.

La Compañía General de Filipinas se fundó en Barcelona, el 26 de noviembre de 1881, con unos objetivos prioritarios orientados al cultivo, compra, fabricación y venta de tabaco en las Islas Filipinas, tambien la adquisición de terrenos, su explotación y cultivo para la obtención de tabacos y establecimiento de toda clase de fábricas y talleres al servicio de la empresa.

 

Imagen del taller de despalillado de la fábrica.

Los fundadores fueron los señores Don Antonio López y López en nombre propio, Don Isidoro Pons y Roura, en representación del Banco Hispano Colonial y también como apoderado de la Banque de París y de los Países Bajos, con sede en París, y Don José Carreras y Xuriach con poderes de la Sociedad General de Crédito Mobiliario Español, domiciliada en Madrid. La Flor de la Isabela fue la primera gran fábrica instalada en Manila en las proximidades del Río Pasig.

 

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