Comandante y Ávalon

HACIENDO AMIGOS INTERNACIONAL

Fernando Sanfiel

Quería preparar algo muy especial para esta última entrega de saborear tabacos mexicanos. Fue de forma premeditada el que dejara un Comandante para cerrar esta serie. El Comandante fue el que me dio una oportunidad y fue también el que impulsó esta sección de Haciendo Amigos©, consiguiendo su internacionalización.

Gracias Comandante.

EL TABACO COMANDANTE

Su formato es de una pirámide de 150 mm y cepo 52. Con 14.8 gramos a la llegada y 15 gramos cuando lo fumé. Ahí está la diferencia de su rendimiento. La guarda de siete meses le hace alcanzar su estado óptimo. Hidratado a 60 por ciento y una sobre hidratación, para la ocasión, de 70 por ciento Cigarmedics.

El tabaco es encapado en Habana México. Capote Negro San Andrés. Tripa Negro San Andrés y habano México.

He fumado esta pirámide apartado del mundanal ruido, en mi refugio del norte, en Manos de Oro, al que se le atribuía especiales dotes para hacer negocios, reconocido por sus paisanos y dio su nombre al barrio. El Comandante tenía algo de Manos de Oro y así quise sentirlo en una fumada con el alma y el corazón.

No tomé notas más que las justas. No importa la dirección del viento ni el porcentaje de humedad. Solo sensaciones, aromas y sabores.

Es por esto que mi amiga Valentina me hizo una propuesta con la que rompe todas las reglas de los maridajes ortodoxos. Complementar, sumar y acompañamiento de sabores. Pues esta vez no. Esta vez se trataba de “despertar” del ritmo lento y espiritual de la fumada. Un toque de realidad de cuando en cuando.

En el aspecto técnico sé que la ceniza cayó, de forma espontánea, a los 38 minutos y a los 61. De tiro fácil y dulce. Con el amargo justo de San Andrés en segundo y último tercios.

Desde el inicio me deja impresionado por su suave sabor y baja fortaleza. Se fuma con sumo agrado, no dejando ninguna nota discordante. Es pura ficción, pues al comienzo del segundo tercio ya deja escapar su raíz mexicana acentuando el dulzor y cremosidad del tabaco de San Andrés.

Es el momento de marcar un antes y un después en la marcha de un maridaje. Y por tanto damos el primer sorbo de Ávalon.

Sí, claro que sí. Cumple las expectativas. Te despiertas de la calidez de una fumada suave. Entras en el mundo ácido de la manzana ligeramente maquillado por el ron Brugal Siglo de Oro y el toque de la remolacha para contrarrestar las manzanas.

Manzanas gallegas de una sidra artesanal, Maeloc, que no conocía y que me fue presentada por Valentina.

Desde este momento sí son premeditados los “despertares” de la fumada con este maridaje de ruptura.

Los cambios de ritmo evocan cambios de escenario geográfico entre México y Galicia (España). Cambios y maridajes de escenarios, de personas y de personajes que dejan muy marcado esta fumada de un Comandante.

Sin quererlo y por arte de magia, la mente configura un escenario alternativo, imaginario e ideal, donde solo tienen cabida las buenas personas.

ÁVALON. LA PROPUESTA PARA UN COMANDANTE.

Este coctel toma su nombre de un lugar idílico, inaccesible para el común de los mortales.

Ávalon es una isla que se cita en la mitología celta. Al estar creada por misterio e imaginación, hoy en día solo forma parte de nuestro imaginario. Si hubiera existido en la realidad solo unos pocos privilegiados hubieran tenido acceso a ella, por su contacto con la naturaleza exuberante que relatan. Pero no hay persona que dé fe de ello y por tanto las sensaciones que transmitía, no se conoce su ubicación ni tampoco de su existencia.

La isla aparece por primera vez en el siglo VII, en el libro Vita Merlini (La vida de Merlín), escrito por Godofredo de Momont; ahí nos describe Ávalon como “la isla de las manzanas” al ser ese su significado de Ávalon, en Bretón.

La describe como un paraíso donde no existe la vejez y predomina la paz. No hay sufrimiento y las personas gozan de una unión espiritual. Allí habitan nueve Reinas Hadas. Una es Morgana, la media hermana del Rey Arturo. En la isla se encuentra gran abundancia de manzanas y de todo tipo de frutas sin importar la temporada del año.

A Ávalon se le relaciona directamente con Arturo. Después de la batalla de Camland, la hechicera Morgana lo traslada a la isla y lo hace dormir con uno de sus hechizos. Lo guarda en un lecho dorado, junto a tres hadas, durante tres días hasta que el rey se recupere y pueda liderar nuevamente a su pueblo.

Hay dos caminos para llegar a Ávalon.

Por mar, donde los elegidos pueden abordar una embarcación que aparece y desaparece ante todos. Es un espectáculo para los que no pueden acceder al trayecto, aunque el pasajero elegido debe adivinar el nombre de los tripulantes del barco.

El otro camino es por tierra. Solo puede transitarlo si es acompañado por uno de los seres mágicos que habitan en estas tierras, la niebla. Elemento que permanentemente rodea la isla. De este modo la isla se hace invisible y solo la pueden ver los que llegan a ella.

Dice la leyenda que esta barrera de niebla es la que mantiene alejado al mundo común y el mundo real de fantasía, para el que el común de los mortales no está preparado para acceder.

Durante el reinado de Enrique II, el abad Henry de Blois ordenó la búsqueda por todos los sitios de un ataúd que contenía una inscripción que rezaba: “Aquí yace sepultado el Rey Arturo en la isla de Ávalon”.

Son muchos los lugares que se asignan la ubicación de Ávalon pero la más cercana es la Torre de San Miguel, Gastonbury, en el Condado de Somerset, donde se encuentra la colina Gastonbury Tor, que sitúa la torre en su cima. Un lugar de culto religioso en la época Celta donde los sacerdotes paganos hacían sus rituales y por ello se creía que la torre era la entrada secreta a otra vida.

También se dice que el lugar era en la Ile Aval en la costa de Bretaña y otros en Burgh-by-Sands, en Cumberland junto a la muralla de Adriano (fuerte romano de Aballaba).

Más recientemente el novelista británico Robert Graves la situó en la isla española de Mallorca, donde más tarde se marchó a vivir.

¿POR QUÉ ÁVALON?

Esta propuesta está basada en lo marcado de su sabor a sidra. Su característica acidez que, en los tabacos, nunca es una característica muy pronunciada de sabor. Por tanto, de forma premeditada vamos a proponer un cambio hacia el contraste. Lo diferente pero sutil. El ron marcará el ritmo de sabores que, tradicionalmente, sí maridan a la perfección con tabaco.

En esta arriesgada propuesta, tanto Valentina como yo quedamos “a los pies de los caballos”. A vuestras más atinadas opiniones y gustos, puesto que nada tiene que ver esta con las anteriores propuestas*.

De igual modo esperamos que les guste. Tomen el riesgo de probarlo y, si así lo estiman, forme parte de esos momentos tan especiales para fumar con pedigrí.

INGREDIENTES

Sidra Maeloc natural ecológica                                       7 cl

Zumo bio remolacha y limón                                          1 cl

Sirope spasy (no casero)                                                1 cl

Licor Riviere di mat Arange vanille des tropique              2 cl

Ron Brugal Siglo de Oro                                                  5 cl

2 dash Bitter ginger

Lo decoramos con remolacha, hoja  de limón y vaina de vainilla. Una flor seca.

*Este coctel es el ganador de la competición patrocinada por la empresa de  sidra artesanal Maeloc en Barcelona.

Bueno queridos amigos, esta vez todo fue diferente, sublime y melancólico a la vez. Imaginario…. ¿O no?

Gracias por ser como sois. ¡Hasta la próxima!

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