Carlito nuestro de cada día (el día que fuimos rockstars)

Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar, con el tumba’o que tienen los guapos al caminar… usa un sombrero de ala ancha de medio la’o… lentes oscuros pa’ que no sepan qué está mirando

Rubén Blades y Willie Colon

El comienzo de esta historia tiene unas bambalinas que son contadas en otra nota de este mismo número, también firmada por Cigarvoss y Cigarmaltandpipe y que se adentra en los detalles que comenzaron en una video llamada desde Bologna y terminaron en el encuentro que da lugar a estas líneas.

En países de habla española, como los nuestros, el apellido Fuente es relativamente común, más común aun es el nombre Carlos, entonces, ¿cómo es posible que no uno, sino dos Carlos Fuente sean parte del exclusivo Club de 19 miembros que constituyen el Salón de la Fama del Tabaco?

La respuesta está en la perseverancia de una familia que durante 108 años, desde la llegada a Estados Unidos del patriarca Arturo desde su natal Galicia, ha resistido azotes climáticos, incendios y revoluciones y ha construido un legado que hoy, en el mundo entero, hace de Arturo Fuente una marca icono para los fumadores, cautivados por las características del tabaco dominicano utilizado en su fabricación, por el cuidado en su elaboración y por la constante innovación en un mercado siempre ávido de novedades que alimenten la necesidad de diversidad de oferta que requiere siempre el fumador habitual.

Para llegar a la entrevista (virtual, mediante videollamada) tuvimos que correr por las calles de Miami llevados con gentileza por nuestro amigo Tony Pichs, hasta la mesa preparada por Miguel Cuenca y su esposa para encontrarnos con Carlito, como le llaman con afecto y respeto quienes se refieren a él en un plano más coloquial, quizás porque Carlos Fuente Jr. queda muy largo, o porque él se refiere a su padre como Carlos y se sigue sintiendo el muchacho que, impulsado por ese padre, y por la tradición de familia iniciada aun antes del arribo del abuelo Arturo a Cuba, en la España natal, ha conseguido instalarse como una referencia icónica del tabaco a nivel mundial y, por lejos, como el tabaquero más fácilmente identificable en su look y en su estilo de vivir su pertenencia al mundo del tabaco, 24 horas por día, 7 días a la semana, como si cada uno fuese el primero.

Parecía difícil cruzar palabras con Carlito, para nosotros, reinventados recientes como reporteros de tabaco, noveles aun en el fumar tabaco de alta gama y contaminados por la percepción equívoca de que todo famoso es inalcanzable, nos esperábamos una suerte de clase, una cátedra de cómo “deben hacerse” las cosas y un discurso donde la autorreferencia llevase la voz cantante, nada resultó más lejos de eso, el encuentro se caracterizó por la cordialidad, por el constante agradecimiento de Carlito a la difusión que hacemos del mundo del tabaco y se selló con la promesa de visitarlo en República Dominicana, en su mítico Chateau en Santiago de los Caballeros, con Miguel Cuenca como guía y garante de nuestro buen comportamiento.

Hablamos muchas cosas en casi dos horas de conversación, nos contó la historia de su familia, de la famosa foto junto a su padre en medio de las plantaciones de tabaco y que todos reconocen como una de las imágenes más emblemáticas de la familia Fuente; nos contó de su constante ánimo de innovar y cómo ese ánimo, muchas veces, encontró freno incluso en la opinión y en la toma de decisiones de su padre, quien siempre fue su guía, pero que, llevado por un espíritu más conservador, veía con cierta desconfianza o duda algunas de las ideas surgidas de la mente inquieta de un joven Carlito de cuya creatividad surge Arturo Fuente Hemingway y de cuya persistencia nace, en 1995, Fuente Fuente Opus X, un cigarro de fortaleza alta, de gran cuerpo, y con la inclusión de capa dominicana de alta calidad, algo que marcó un antes y un después no solo en la historia de la Familia Fuente sino del tabaco dominicano pues hasta antes de Carlito, nadie había logrado producir capa de calidad en esas tierras.

Risueño y emocionado, Carlito nos cuenta que una de las grandes dificultades para producir la capa fue encontrar el terreno donde plantarla. Luego de mucho buscar, dieron con un lugar arenoso donde crecían juntos palmeras y pinos, allí se dio a inicio al experimento que desembocó en lo que es hoy ya una tradición de la firma en la producción de capa local, arriesgando inversión y prestigio y remando contra la corriente de todos los que desaconsejaban poner esfuerzos en la producción de capa, no cejaron en el intento y todos los que han tenido la oportunidad de degustar un Opus X han podido disfrutar del resultado de esa persistencia y de esa locura cuyo recuerdo aun hoy hace brillar los ojos de Carlito.

Carlito cuenta que la llegada de Arturo Fuente Cigars a República Dominicana no fue un tránsito fácil, ni tampoco el fruto de una sola decisión. Ya en los años 70 habían hecho un primer intento de entrar al mercado dominicano pero en esa época el país no brindaba aun las condiciones para levantar un negocio como el que la familia Fuente tenía en mente, instalados en Tampa, Florida, desde principios del siglo XX, las primeras décadas utilizaban fundamentalmente tabaco cubano para cuya provisión viajaban semanalmente en ferry desde Miami a La Habana, tras el triunfo de Castro y la huida de Batista y el posterior embargo firmado por Kennedy, se vieron obligados a buscar opciones de materias primas y se inclinaron por el tabaco dominicano.

Recuerda con cariño a Pepe Méndez, que lo recibía en su casa en Santiago de los Caballeros a mediados de los años 70, cuando Carlito ni siquiera imaginaba que un día haría de esta zona su hogar. Recuerda también una reunión de amigos en La Romana, donde prueba un cigarro de La Aurora y se da cuenta que en el país es posible llegar a hacer un buen tabaco.

Sin embargo, la primera aventura los lleva a Nicaragua, donde la efervescencia social los hace perder toda la inversión involucrada en el proyecto en ese país, de allí, migran a Honduras, como muchos otros tabaqueros, y a los seis meses de instalados un incendio acaba nuevamente con sus sueños y sus recursos.

Y es aquí quizás donde se produce el punto de inflexión, donde aflora la resiliencia de una familia dedicada la vida toda, por generaciones, a una sola iniciativa, a un único leiv motiv. ¿Y ahora qué hacer, hacia dónde partir, cómo recomenzar? Es entonces cuando Carlito recuerda sus tardes en La Romana junto a Pepe Méndez, el potencial del tabaco dominicano, al que ya hace tiempo consideraban como el mejor tabaco disponible y como el más parecido al que utilizaban en la época que aún podían proveerse en Cuba.

Y Dominicana les dio una mano, o varias, los enamoró al punto de quedarse en sus tierras, aun cuando continúan teniendo asiento comercial en Tampa; los llevó desde utilizar tripa y capote dominicano a ser los primeros cultivadores exitosos de capa dominicana; los llevó a instalar a Fuente Fuente Opus X como el cigarro ultra premium dominicano por excelencia, hecho refrendado por los hábitos fumadores de nuestro anfitrión en Miami, Miguel Cuenca, quien no solo fuma exclusivamente Opus X sino que tuvo a bien obsequiarnos algunos ejemplares para disfrutar de ellos durante la cordial conversación con Carlito.

Carlos Fuente Sr. es también miembro y fundador, junto con figuras como Edgar M. Cullman, Zino Davidoff, Frank Llaneza, Stanford Newman y Angel Oliva Sr. del Salón de la Fama del Tabaco; su hijo Carlito, nuestro Carlito, lo es también desde 2012, en coincidencia con el centenario de la marca y los 26 años desde su arribo definitivo a tierras dominicanas.

Hoy, Arturo Fuente Cigars es mucho más que la casa que fabrica Short Story, el tabaco favorito de @cigarmaltandpipe, es también el rostro y el esfuerzo detrás de la Fundación Arturo Fuente que dirige la vicepresidenta de Desarrollo de Marca, Liliana Fuente, un proyecto familiar que ofrece ayuda a niños con necesidades básicas de educación, salud y otras carencias, y de entre los cuales hay, hoy en día, muchos nombres vinculados a altas esferas de la empresa que en sus inicios fueron beneficiarios de esta fundación, generando un impacto positivo en el entorno social, brindando una ayuda efectiva y la posibilidad real de desarrollo y de salir del círculo de la pobreza para muchos habitantes de la zona donde se encuentran las instalaciones de la empresa, en el Valle del Cibao, en Santiago de los Caballeros, allí donde se juntan las palmas y las montañas rodeadas de pinos, allí donde la tercera generación de Fuente (y hay una cuarta ya involucrada en la empresa) sigue empeñada en entregarnos un cigarro que, más que tabaco, nos ofrece una experiencia y una dedicación que son las claves, según Carlito, para que el producto sea el líder en los mercados en los cuales está presente.

Y Carlito, el hombre del sombrero panamá y los lentes oscuros, nos dejó en el corazón la impronta de un hombre sencillo y la pasión por el mundo del tabaco, nos trató en cada frase y en cada gesto como si nosotros estuviésemos haciéndole un favor (nada más lejos de la verdad), nos dejó la obligación sutil de intentar transmitir, de alguna forma, el impacto del tránsito de la familia Fuente en la industria tabaquera y, sobre todo, en el fumador, ese que como nosotros, con alguna vitola de Fuente encendida entre nuestros dedos, logra disfrutar de cada segundo de infinita dedicación que Carlito y sus antecesores, han logrado darle a ese tabaco para que llegue perfecto a despertar nuestros sentidos, a emocionar nuestras ideas y a no permitirnos olvidar nunca el día, que con una simple videollamada, un sujeto singular de aquellos, de los que más, de los que siempre, nos hizo sentir a dos chilenos anónimos, como dos verdaderos Rockstars.

Pensar a Carlito, en la historia de su familia, nos trae a la mente una frase de José Saramago:

“Soy nieto de un hombre que al presentir la muerte, bajó al huerto y fue a despedirse de los árboles que había plantado y cuidado, llorando y abrazándose a cada uno de ellos, como si de un ser querido se tratara”.

 

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