Alibabá y las 40 petacas

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Pasión Tabaquera

Asier Abad

Buenas, aquí estamos de nuevo, intentando hacer un artículo que les guste. En primer lugar quisiera desearles unas felices fiestas y un próspero 2022 lleno de éxitos y sobre todo de mucha salud. 

Déjenme que les cuente una historia. 

He estado unos días de vacaciones descansando en el sur de España, concretamente en Salinas (Alicante), un pueblo del interior muy bonito. Mis días transcurrieron entre viñedos, olivos, caballos, galgos y sobre todo amigos, amigos de verdad (Dani, Fernando…) de familia, pero siempre con un buen cigarro entre los dedos.

Necesitaba descansar y tomar un poco de aire y en Salinas, donde tengo mi segunda familia, eso estaba totalmente garantizado. Y de paso cargar las pilas junto con mi hermano al que adoro (su nombre no importa, ni viene a cuento). 

Mientras escribo estas líneas me encuentro en la Yeguada La Buitrera, propiedad de la familia Jiménez. Aquí estoy, apurando mis días de descanso que no quiero que terminen, cual cigarro cuando te quemas hasta los labios y te resistes a abandonarlo.

Les contaré que él trabaja de comercial para una prestigiosa marca de tabacos premium en España. Empezó siendo un aficionado y al día de hoy está hecho un experto. Me gusta oírle hablar de tabaco, tiene su visión y otra manera de entender esta maravillosa industria. 

Pues bien, entre tantos días, puedo decir que tuve la suerte, el privilegio y la oportunidad de acompañarlo en dos maratónicas jornadas de trabajo. Un día surgió la posibilidad y no podía desaprovecharla, quería experimentar en primera persona otra perspectiva de este mundo del tabaco que tanto me apasiona: la del vendedor, de puerta en puerta, carretera, kilómetros, y la posibilidad de visitar a las y los estanqueros, maravillosos profesionales y a otros no tanto que les invitaría a formarse un poco y tener más conocimiento de lo que ofrecen; a esos les pediría un poco más de implicación, leer más, documentarse y sobre todo, si no fuman, preguntar.

Pude ver de primera mano cómo se pelea cada cigarro, cada mazo, cada sampler, cada petaca ja, ja, ja, y mi hermano siempre con esa sonrisa, presentando las últimas novedades y de despedida un “cuídate, que vaya todo bien, muchas gracias por atenderme”.

Aunque no lo crean, para mí fueron dos días de gran aprendizaje. Para gente como yo, que vivimos otra cara del tabaco, estas cosas se nos quedaban lejos y es vivir realmente otra visión del tabaco. Ahora he visto otra parte, que desconocía; intuía, pero no me imaginaba así… 

Me encontré con todo tipo de estancos, unos muy antiguos, de los que huelen a tabaco y te hacen retroceder al pasado con historias increíbles y de auténticos profesionales de toda una vida dedicada a ello, como Rosendo de Elda, que está a punto de jubilarse, o Diego José de Lo Pagán (Murcia), otro de los más grandes, el doctor, con una larga trayectoria a sus espaldas, pocos saben como él de tabaco; lleva varias décadas en esto. 

O Maite del Altet (Alicante), una grandísima profesional con una cava increíble, donde me invitó a recomendar unos cigarros a un padre que se los iba a fumar con su hijo en las fiestas. Historias preciosas. O Celia de Monóvar, otra gran estanquera que está haciendo las cosas muy bien y con una buena proyección. Mi enhorabuena.

Historias realmente increíbles y todas ellas gracias al tabaco. Siempre he dicho que detrás del cigarro de cada aficionado y aficionada hay una bonita historia que escuchar.

Para mí esto ha sido un regalo. He estado en fábricas, catas, presentaciones , campos de tabaco, pero creo me faltaba esto. Gente como yo que no me podía imaginar esta faceta, esta otra parte de la industria, ahora valoro mucho más esa figura del comercial. Es vital. Todos mis respetos para esa gran figura. Y aquí mi humilde homenaje. Son vitales.

Ha sido un auténtico placer visitar a toda esta gran familia de estanqueros y estanqueras, muchos con tradición, de los de verdad, de las y los que gusta escuchar, de varias generaciones, estirpes en vías de extinción, por desgracia.

Ahora sé lo que es pelear cada tabaco. Pero siempre con una sonrisa en la boca como mi hermano. 

Que no pare la música,

nunca dejen de bailar…

Te quiero Borja, gracias por todo.

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