Valentino Siesto. Llegó buscando oro… encontró tabaco

 

Es un italiano hecho por sí mismo, y desde muy joven: con menos de 25 años había hecho fortuna y vendido negocios para emprender nuevos horizontes en América, precisamente en República Dominicana. En 1997 Valentino Siesto llegó buscando oro… y encontró tabaco. Más importante: halló la que fue, quizá, la pasión de su vida. Obsesivo y perfeccionista, después de más de 10 años de probar y ligar, en 2018 lanzó su marca que hoy se vende en Dominicana, Panamá y una pequeña región de Moscú, y trabaja para ingresar próximamente a otras regiones de Asia, Europa y América.

Joven empresario

Prendo un Bucareli maduro, él tiene en sus manos una de sus vitolas, charlamos. Nació en 1967, su infancia transcurrió en Potenza, Italia, famosa por sus laderas para esquiar y donde se elabora uno de los tintos italianos más representativos: el Aglianico; región de agricultura y turismo, es famosa su playa Maratea, una región muy bella “qué suerte que usted puede fumar para nosotros en la oficina está prohibido”, lanza sorpresivamente. Reímos.

Contradicciones de la vida, en sus oficinas en una torre en Panamá se prohíbe fumar dentro (como casi en cualquier oficina del mundo). En cambio, en el área de entrevistas de Latino Aficionado está prohibido no fumar.

De Potenza viajó a Padua, cerca de Venecia, para cursar sus estudios universitarios en Derecho y que nunca ejerció, ya que comenzó a trabajar, a los 18 años, en el negocio de los relojes.

Justamente “para mantener mis estudios comencé a trabajar en una empresa que se dedicaba al oro, como representante por el centro-sur de Italia. Llegaba por la mañana a la fábrica, me preparaban un inventario, fui capacitado para poder representar a varias fábricas. Entre el 87 y el 89, me tocó ir tienda por tienda proponiendo el inventario que ellos te daban”, recuerda.

Era un aventurero, se fue a zonas consideradas peligrosas como La Calabria, parte de la Campania o Nápoles, “yo no tenía miedo, porque ahí asaltaban, podían robarte, pero triunfé y en no mucho tiempo pude ahorrar dinero para abrir mi primera tienda de oro y plata, con la cual la fábrica donde trabajaba me abrió una línea de crédito”.

Así nació Valentino Gioielli, y en el curso del año abrió varias tiendas; no obstante, tras la devaluación del oro en 1997 decidió vender todo a una compañía local y cruzar el Atlántico para probar suerte, en el mismo ramo, pero abrir una tienda física en República Dominicana. Tenía 26 años cuando arribó a Santiago. Pero lo que halló en República Dominicana no fue oro sino tabaco, del que se enamoró y que lo cambiaría profundamente.

Sápida iniciación

Llegar a República Dominicana fue un sueño para el joven Valentino. “Y hasta que llegué aquí no había fumado ni un puro, ni un cigarrillo. Nada”. Fue a los 15 días de que arribó de Italia que tuvo su primer contacto, su humo de iniciación: se emborrachó con un Arturo Fuente Opus X, “quedé tirado”.

Le gustó el olor, le gestualidad del fumador, todo el mundo que envolvía a la planta le gustó.

“No me acuerdo con quién iba pero no me dieron consejos de cómo fumar, como cuando avientas a un niño de cuatro años a la alberca para que aprenda a nadar. Fue lo mismo. Fumé rápido el puro, y sentí notas de madera, cuero, vainilla y pimienta, me gustó. Además, una pequeña confessione: ese día también probé el primer trago de mi vida”.

Ni alcohol ni tabaco, nada, hasta llegar a Dominicana.

A partir de ahí, con el paladar limpio y un mundo sápido por delante, a sus 26 años comenzó a fumar todos y cada día. Hoy consume de 8 a 10 cigarros al día. El primero es a las 7 de la mañana, tras desayunar y para acompañar el café.

“En Dominicana es típico que en cualquier fiesta, cualquier cena o reunión de amigos cualquier persona fuma puros. Es un mundo que en Europa no conocemos. Estando ahí, intentando aprender mejor el español dominicano, y porque estaba entre entiendo no entiendo me concentré en la gestualidad de la gente que fumaba: cómo aspiraban y echaban el humo y este inundaba la cara, analizando esto me di cuenta que me fascinaba”.

Valentino encontró asombro y pasión en la cultura del tabaco, con sus formas y rituales. Porque una reunión no era sin un tabaco; una cena, un almuerzo, incompletos sin un puro. El gusto creció inmediatamente e inició su visita a tiendas, tabaquerías y fábricas. Montó a caballo con un cigarro en la boca mientras recorría tabacales.

“Y pensé: tal vez un día podría ser una pasión, y un negocio”.

No tardó mucho, en 2005 entró en participación con una fábrica de tabaco en Santiago de los Caballeros. Tras cuatro años de probar ligas, tabacos, vitolas, decidió hacer una marca con su nombre, y no sino otros cuatro años después de pruebas que tuvo listos sus tabacos para iniciar la producción.

Como los grandes, Valentino es metódico y obsesivo de la perfección, y se tomó su tiempo y en 2018 salió al mercado con más de 30 vitolas.

“Imagínate, si yo encuentro un puntito en la capa, en ese momento tomo el teléfono y me la paso puteando (reprendiendo) todo el día. No admito algo que no salga bien, pero también sabemos que es el producto gourmet más complicado en el mundo, porque es hecho uno por uno, de forma artesanal”.

Ya en el proceso de la manufactura de los cigarros, lo primero que le gustó fue el contacto con la natura, con la tierra, la naturaleza, estar en la finca, tocar el tabaco y verlo crecer. Lo segundo, el proceso de añejamiento, “porque tienes que curarlo y fumigarlo con productos naturales, darle cariño, consintiendo, hasta que llegue a su punto de madurez. Es un proceso espectacular, como ver un niño crecer”.

Su maestro ligador se llama Juan Gómez, tiene 40 años en el oficio, “y es de una familia que desciende del tabaco. Son unos profesionales”. Con su ayuda, comenzó a crear el puro premium que buscaba.

“El primer tabaco que pusimos en producción tenía un añejamiento de más de 36 meses. Después hicimos pruebas con hojas añejadas en barriles para imprimirles notas a madera y cuero muy acentuadas. Una vitola que me guste fumar por lo menos cuatro veces al día es la que busco. Me tiene que enamorar a mí, al equipo, en construcción, sabor, calidad de la capa, en presentación, si no, no sale al mercado”, sentencia.

Con el tiempo Valentino estableció amistad con la mayoría de los grandes productores y empresarios de puros en República Dominicana, y cuando comenzó con su marca lo vieron bien, no como competencia, “me dieron consejos, porque después de casi 10 años, me hice amigos de todos. Insiste: Valentino Siesto Cigars nació como un hobby, como una pasión, no como un negocio”.

La liga tiene que ser una experiencia

“¿Te digo la verdad: cada vez que sale una liga pensaba que era la correcta, porque te enamoras, y es la correcta, te gusta, pero la sigues fumando y algo sale que no gusta, y entonces hay que o cambiar tripa, capa, modificar fortaleza. Así es como perfeccionamos la liga hasta que no sólo sea una liga, sino una experiencia diferente”, comenta Valentino.

El universo de Don Valentino Siesto Premium Cigars lo conforman más de 30 vitolas. Una de sus favoritos es el Pico de Pato, 54×6. Usan semillas de distintas partes del mundo sembradas en tierras dominicanas y capas Habana (anilla roja), Connecticut (anilla verde), doble capa (anilla azul) y San Andrés (anilla negra), “por cierto, la mejor capa del mundo, dulce, con notas a pimienta y vainilla, una cosa impresionante. Todas nuestras líneas maduras son San Andrés, porque no se puede hacer una capa madura sin tabaco Negro San Andrés”.

Algo que caracteriza sin duda a la marca es su preciosa y elegante anilla que representa el escudo de su familia, y que tuvo seis versiones anteriores. Su última versión fue hecha en República Dominicana. Los elementos base: las letras LS, una corona, un mono y un bigote.

Son una pequeña fábrica de puros boutique, por lo pronto venden en Dominicana, Panamá y una pequeña región de Moscú, en Rusia; recién cerraron tratos para distribuir en Brasil, Japón, China y España. Están en proceso de licencia para entrar a Estados Unidos, en Florida, y platican con una empresa en Monterrey, para buscar ingresar a México.

“Lamentablemente la pandemia nos ralentizó mucho. Pero una vez que comience a reabrirse las economías, nos presentaremos en festivales y ferias, tratando de incrementar la distribución donde se pueda”.

Maridajes

A Valentino le gusta maridar el tabaco con vino y café, por lo tanto, emprendió con sus propias líneas. “Son producidos en Italia, en una fábrica legendaria que hace un blend especialmente para nosotros. Además tenemos siete tipos de vinos, entre ellos Aglianico o Taurasi”.

El objetivo, por supuesto, es ofrecer al aficionado a Valentino Siesto Premium Cigars todo un engranaje de sabores para maridar las distintas vitolas. En un blend de su café destaca las notas avellanadas para ofrecer una experiencia con sus cigarros, por ejemplo, de capa habana. Los granos vienen de Panamá, Colombia, África y Brasil.

Y por si fuera poco, Valentino busca amalgamar todas estas experiencias, junto con su socio Alexis, en la Casa Club de Valentino Siesto, en una hermosa casa colonial en Panamá de 700 metros cuadrados con patio delantero y trasero para poder fumar, al que se ingresará con membresía.

“Estamos montando. Todo tendrá un estilo colonial inglés, de madera con sillones tipo Chesterfield y Churchill, una barra de ocho metros, varios privados, uno con un billar antiguo. En cuanto se relajen las restricciones, haremos un lanzamiento”, adelanta.

Finalmente, y antes que todo, Valentino se define como un fumador, y de la aventura producto de su pasión, afirma: “Somos una empresa joven, no tenemos mucho que contar, pero lo que contamos es real, la intensión es real, la pasión es real”.

 

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí