Los hijos del maíz: sin tortilla no hay comida

0
86

La panza de los filósofos

Luis Capistrán

“…fue hallado el maíz y de esto fue hecha la carne del hombre y su sangre, cuando fue formado”.

Popol Vuh

En el menú de la gastronomía mexicana sin duda, el maíz es un ingrediente indispensable, incluso, en la actualidad habrá quien afirme que parte de la identidad nacional tiene sus referentes a su comida. En el menú de la filosofía, nada queda fuera de un razonamiento que nos lleve a comprender la tradición de una cultura gastronómica que puede ir más allá de un platillo a la hora de comer.

El maíz en las culturas mesoamericanas representó, en términos filosóficos, el eje fundamental de existencia sobre la Tierra. El maíz genera la vida, ya que es el sustento. También, el hombre está hecho de maíz, como se dice en el Popol Vuh. En este sentido, las metáforas del maíz son fundamentales para entender la existencia del hombre en su andar. Una vez fecundado el maíz en la tierra, a través de metáforas analógicas, la vida florece porque el maíz es el sustento, y también florece el hombre, pues asegura su vida sobre la tierra.

Hoy en día es muy común tener en la mesa mexicana comida proveniente del maíz, incluso las abuelas consideran que sin tortilla no hay comida, pues es característica del consumo en nuestro país. Lo interesante es plantear cómo un producto como el maíz es el ingrediente primordial de la gran mayoría de platillos típicos en México y cómo su significado va más allá de una aportación de nutrientes en términos de salud y nos referimos a una historia que trasciende fronteras.

Para los antiguos mexicanos, el maíz era la materia misma con la que el género humano fue creado, lo cual le otorga un valor simbólico que trasciende su importancia como alimento. El maíz significa una causa vital y un elemento fundamental de la cosmovisión de los pueblos indígenas. Para los mexicanos, el maíz sigue siendo un dador de vida y un elemento fundamental de identidad.

En analogía sonaría, aunque poco apresurado presumir que, es un tipo de arjé del hombre. Y es que en la antigua Grecia se armó la grande postura del filósofo frente al origen de la vida y el ser humano. Habitualmente la pregunta ¿de dónde venimos? causa gran expectación en la población humana, ya que frecuentemente existen explicaciones religiosas que giran en torno a un dios para justificar el origen y el fin de las cosas.

Dicho dios es a su vez supremo, omnipotente e intangible que creó el mundo y al hombre a su imagen y semejanza por medio de elementos naturales como el barro, el maíz, el aire etc. Probablemente, el hombre de la antigüedad concibió el origen del universo a partir de un huevo cósmico. Muchas culturas como la china tuvieron la idea de un Universo original sin definir donde reside un ser superior de cuyas acciones y sacrificio procede el universo.

El saber indígena acentúa la intuición para poder conocer las cosas; una intuición que se estructura en la sensibilidad. Para poder aprehender el objeto se tiene que sentir para conocerlo; así, la condición de posibilidad para conocer las cosas del mundo es la sensibilidad. Para configurar el saber en su sistema de creencias, el indígena tiene que sentir al objeto para conocerlo; el indígena actual, cuando conoce las cosas del mundo las siente, los ríos, montañas, el viento, el sol, los configura en su saber porque los ha sentido.

Tal lo describe Hernando Ruíz de Alarcón: “Saber es sentir: si el indígena no siente en carne propia (o en el terreno del inconsciente colectivo) lo que sabe, no lo sabe realmente”. En el conocimiento occidental, las cosas se conocen de manera intelectiva, la razón no considera a la sensibilidad como medio para conocer. El conocimiento occidental se impone a la materia; el sujeto pone las condiciones de posibilidad para conocer la cosa en sí, mientras que el indígena pretende primero sentir la cosa para poder conocerla.

Los primeros filósofos de la naturaleza pasaron de las suposiciones míticas a buscar el principio en los elementos naturales y fuerzas del universo: agua, aire, fuego, frío y calor, condensación y dilatación. Para los antiguos mexicanos este elemento que podría considerarse como principio o causa del hombre es el maíz.

México es centro de origen del maíz. El centro de origen de una especie es la zona donde se inició el cultivo o la domesticación de esa especie determinada. Así podríamos concebir no sólo al maíz como un producto de consumo, sino como una causa de origen que los hombres, por ello la importancia de su consumo. A pesar de que en la actualidad la mayoría de la población no está enterada de esta idea, sin duda sigue y seguirá siendo parte fundamental de consumo y todas sus variables que sin duda son de inigualable deleite para el paladar mexicano. Ahora es momento de sentarse y disfrutar de una buena tortilla de maíz y disfrutar también de los deleites del pensamiento. Buen provecho.

 

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí