Hoyo de Monterrey Epicure Nº2

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El término epicúreo se refiere a quien profesa el movimiento filosófico del epicureísmo. Fundado por Epicuro de Samos en el siglo III a.C. y basado en el hedonismo, esta corriente predica que la meta máxima de la vida es el placer de los sentidos. Este filósofo estipuló que había un punto máximo de placer, al cual llamó “ataraxia”.

Dicen los epicúreos que cuando uno llega a este punto se borran todas las inquietudes y se obtiene una serenidad total, sin deseos ni temores.

En esta oportunidad sacamos un pasaje sin escalas, directo hacia la ataraxia degustando un infalible de Hoyo de Monterrey, el Epicure Nº2.

Un robusto en vitola de galera, de 124 milímetros de longitud y 50 de cepo, que brinda una fumada de 40-60 minutos. Uno de los tres integrantes de la línea “Epicure” junto al Nº1 y el Especial.

Va vestido con su doble anilla y una capa color café, de oleosidad media, que parece mate con luz tenue pero que destella levemente a la luz directa. Al tacto es firme y parejo, de venas finas, sin abollonaduras ni resaltos, como si la capa, el capote y la tripa estuviesen fusionados en el mismo habano.

A pesar de encontrarse ubicado en un territorio de fortaleza suave, debido a la menor cantidad de ligero, y mayor de volado y de seco en la ligada, los aromas en frío que se perciben a cedro, heno, nueces, pimienta blanca y algo de tierra húmeda, son potentes y bien definidos, lo que nos habla de la alta calidad del tabaco empleado para su elaboración, y de la minuciosa conservación que ha tenido en el humidor de Bellagio Habanos Lounge.

Hoyo de Monterrey Epicure Nº2

Luego de percibir esos aromas en frío, requeriría de una enorme voluntad para contenerme y no proceder a cortarlo y encenderlo, y cerrar así, ese círculo virtuoso que nos aglutina en este mundo del tabaco.

 

Realizo un corte recto con guillotina y empiezo un encendido suave con un torch, y el pie no se aguanta y empieza a “spoilear” capítulos atrapantes de esta historia que está recién comenzando.

En mi gusto particular, cuando quiero percibir las notas “de fábrica” de un puro, suelo acompañarlo simplemente con agua. Creo que es la mejor forma de poder interpretar la obra del Maestro ligador. Aunque después, ya conociendo el cronograma de sabores que va ofreciendo determinado puro durante la fumada, apoyo fehacientemente la idea de que la experiencia puede mejorar un 99% con un buen maridaje.

Con el Hoyo de Monterrey ya encendido, e intercambiando saludos con el primer tercio, emergen notas tostadas y de cedro, con un dulzor de fondo que les hace de base a estas dos primeras y un leve picante al final como de pimienta blanca. La nota de cedro tiene un final increíblemente largo, que se mantiene entre calada y calada y se incrementa aun más cuando se exhala por vía retronasal.

El anfitrión del segundo tercio es un sabor a caramelo tostado muy acentuado, que desprende un humo cremoso y dulce como miel, que deja el paladar como terciopelo. Llegan también las almendras que se mezclan con el caramelo tostado generando así un aroma que es aún mejor que la suma de sus partes. El cedro sigue acompañando, al igual que la pimienta blanca que ahora se hace presente con un leve picor bien delimitado en la porción antero-media de la lengua.

Asomando la cabeza en el tercer tercio de este Hoyo de Monterrey nos encontramos con granos de café tostados, y aparece el cuero. Vuelve la madera de cedro (que nunca se había ido), pero con un carácter que lo asemeja a maderas mas duras como el roble, que se siente al final de la calada y en el retrogusto. Las almendras del segundo tercio ahora son avellanas, y la pimienta blanca se ha trasladado levemente hacia el paladar. De fondo se perciben notas de heno que hacen de base en este tercio colmado de sabor (al igual que los otros dos).

Hoyo de Monterrey Epicure Nº2

Se despide con una ceniza gris clara, consistente, pero que se desprende fácilmente en el cenicero cuando uno la quiere retirar del habano. La combustión y el tiraje se mantuvieron impecables durante toda la fumada, brindando una generosa cantidad de un humo espeso y cremoso, y sin requerimiento de reencendidas ni correcciones con el torch.

Epicure Nº2 de Hoyo de Monterrey es, desde mi análisis personal, evidencia de que un puro, a pesar de tener un territorio de fortaleza suave, puede ser portador de un cuerpo, una complejidad y una vitalidad inmensas, además de dejar un aftertaste exquisito que perdura por horas.

Si para los epicúreos la meta máxima de la vida era el encuentro del placer de los cinco sentidos, sin duda Hoyo de Monterrey Epicure Nº2 les hubiese simplificado la búsqueda. Solo les restaría preocuparse por el oído.

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