Haunted Bookshop, de Cornell & Diehl

Hay blends que nos teletransportan mentalmente a lugares, a historias, e incluso a sensaciones. La mayoría de las veces buenas. Haunted Bookshop de la casa Cornell & Diehl es uno de ellos. Aunque su nombre (Librería Embrujada) no trae buenos augurios, parece cautivar al fumador con una historia que se cuenta entre humo y libros.

Bautizado por su blender Bob Runowski en honor a la novela escrita en 1919 por Christopher Morley, The Haunted Bookshop, que, por supuesto, era amante de la pipa.

En el primer encuentro con esta mezcla nos llama la atención su bajo contenido de humedad (lo que permite fumarlo directamente de la lata), su corte grueso, con algunas láminas que se camuflan entre tonos marrones y rojizos que aportan tanto el virginia rojo como el burley, el protagonista de esta historia. Una pizca de perique se presenta como algunas tímidas hebras más oscuras.

Sin duda un momento cúlmine de esta novela es sumergirse en el aroma que nos lleva directo a la librería. El burley saluda primero con sus notas a cacao y nuez, y pasas de uva que son presentadas de fondo por el perique. El virginia rojo se hace esperar.

Unas notas a “libro viejo” completan este bouquet y lo maridan aún más con el título de esta mezcla.

La carga en la pipa es amigable, sin problemas. También el encendido, que hace brotar las hebras casi hasta la corona de la pipa cuando la carga es completa. Requiere de pocas reencendidas y de algunas apizonadas suaves de la ceniza que va quedando en el camino de la braza.

Burley. Definitivamente burley. Siempre probamos algún blend que domina nuestra referencia mental de un tipo particular de tabaco, y en mi opinión, esta mezcla enseña lo que el burley puede hacer en un tabaco para pipa. Sus hojas amarronadas distribuyen notas terrozas, amaderadas, a nuez, chocolate negro, y un dejo de hoja de cigarro que va guardándose en el paladar. El perique le aporta notas apimentadas, a ciruela y hongos de pino que le adicionan, además de un leve picor, una profundidad que parecía suficiente hasta el momento.

A mitad del bowl nos encontramos con el virginia rojo que nos sorprende en el retronasal con un dulzor de azúcar morena o caramelo tostado.

La carga de nicotina se hace sentir si nuestra fumada es apresurada. Como pasa con un buen libro, hay que ir despacio.

El final de esta historia no es para nada decepcionante. Una ceniza limpia y gris en el fondo del hornillo con una pipa que se mantiene bastante seca, y que luego agradeceremos a la hora de comenzar un nuevo capítulo de este cuento interminable (por suerte) que es fumar tabaco.

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