Valle de la Iguana, un señor puro nacido en un paraíso llamado Zihuatanejo

 

“Te diré a dónde iría yo… Zihuatanejo (…) está en México. Un lugar pequeño en el Océano Pacífico. ¿Sabes qué dicen los mexicanos del Pacífico?”, le dice Andy Dufresne a un extrañado Red; “dicen que no tiene memoria… ahí es donde quiero vivir el resto de mi vida: un lugar cálido y sin memoria”. Desde ese paraíso puesto en el mapa por la película The Shawshank Redemption (“Sueños de fuga”), Agustín Armenta, dueño de Valle de la Iguana, comanda la única marca independiente de puros en México que importa tabaco nicaragüense para sus blends.

Lo conocí hace años, en la tabaquería Torre de Madero, presentamos su marca en Xalapa, la capital Veracruz, que se encuentra a tres horas de la región tabacalera de San Andrés, de donde viene la capa que es un fenómeno mundial. Viajó desde Ixtapa, en el sureño estado de Guerrero. Siempre me pareció un sujeto muy sencillo, pero de placeres honestos y refinados.

Además, la compatibilidad con nuestros ideales humanos nos conectó de inmediato, y su estancia, el evento mismo, todo estuvo de lujo durante la tarde de ese sábado en el histórico Bario de Xallitic. Conozco su historia, la platicamos entonces y en varias llamadas telefónicas, pero hace ya años de ello, y no hubo grabadora de por medio.

Septiembre es el llamado Mes de la patria en México, por tal motivo presentamos a un pequeño gran productor, comunicólogo, comerciante, cocinero, político, blendercigar sommelier, experto en tequilas y agaves; él mismo viaja a Nicaragua para comprar su tabaco que mezcla con nuestro mexicano Negro San Andrés (NSA), cuenta unas anillas preciosas salidas de los talleres de Cigar Rings, y sus cigarros están, sin duda, el el Top 5 de los mejores puros nacionales.

El comercio en las venas

Agustín nació en Acapulco pero creció en el paraíso: Zihuatanejo. Su primera década de vida transcurrió durante los 60, la casa de sus padres estaba a una cuadra del mar, creció entre olas y una cancha de básquetbol de la playa principal. Sus padres se dedicaron al comercio, y abrieron la primera gran tienda del pueblo: La Surtidora.

“La mía fue una familia de comerciantes y de buena comida y buenas bebidas; mi padre tenía la tienda más grande, después del mercado municipal. No había otro lugar, era más o menos grande. Mi papá vendía tequilas, mezcales, y puros, que eran buscados por los americanos, porque además cambiaban dólares por pesos”.

La Surtidora abarcaba cuatro locales comerciales sobre la misma calle, lo mismo podías comprar una lata de chícharos, una botella de tequila o mezcal, una veladora, una escoba o un catre de madera.

Con sangre del Estado de México, Michoacán y Guerrero, el comercio lo lleva en la sangre: su abuelo tenía una tienda de abarrotes, y su padre, que se llevó a todos su hermanos a Acapulco, Don José Armenta García, y montó una tienda de abarrotes en la ciudad, y así continuó la tradición mercantil, pero en la costa guerrerense.

Agustín estudió en Guadalajara y en la Ciudad de México arte y periodismo, y volvió para trabajar en un pequeño diario llamado La Palabra, en un Zihuatanejo que ya había dejado de ser ese paradisiaco pueblo costeño, y se iba constituyendo en uno de los principales y más rentables destinos turísticos de México. Incluso viajó a Los Ángeles, California, en busca de su sueño de ser locutor de radio.

No alcanzó su sueño, pero sí encontró su vocación: comenzó a viajar continuamente a comprar ropa que no se encontraba en Zihuatanejo, como prendas especiales para surf, por ejemplo, “nuestra economía era muy cerrada, y ahí comencé a vender, y acostumbrarme a viajar, comprar, vender, cobrar”.

Más tarde trabajó de liner en hoteles durante cinco años en hoteles, durante los cuales logró establecer una tienda de souvenirs de destino: playeras, llaveros, sombreros y demás accesorios con el tema “Zihuatanejo”, ya en los locales de lo que fue la tienda de su papá.

Abrió una segunda tienda en Ixtapa, de ropa, que le resultó muy exitosa, pero la aventura le llamó y decidió probar suerte en el primer destino turístico de México: Cancún, Quintana Roo, y en la mejor plaza: Kukulkán, la más cara, “sin conocer a nadie que me apoyara en el negocio”, allá pasaba hasta cinco meses sin volver.

Pero su tienda de Ixtapa resultó ser tener más éxito que la de Cancún, por lo que decidió volver a su tierra natal, “y justo llega el boom para Zihuatanejo y la región. Mi papá me regala una caja de puros para vender, yo ya había fumado y me había enamorado del sabor, y así es como me introduzco en este mundo”.

Valle de la Iguana y Cruz Real, el blend de origen

Mandó a hacerse una vitrina de cedro para su tienda, para humidificar usaba un tabique de barro, y fue un rotundo éxito, “ahí me di cuenta que el tabaco te podía dejar para vivir”. En las décadas de 1990-2000 existió una marca legendaria en San Andrés, considerados aún, sus puros, los mejores de su tiempo: Cruz Real.

“Eran unos purazos, de los mejores mexicanos que jamás probé, y los vendíamos en la tienda. Un día el gerente me dijo que si me mandaba un torcedor con todos sus gastos pagados, y así es como conozco a Don Rubén Hernández, quien hasta hoy sigue conmigo y es con quien inicié Valle de la Iguana”.

Cruz Real cerró, pero Don Rubén se quedó, y fue quien logró convertir el sueño de Valle de la Iguana en una realidad. Ese primer blend era triple NSA, sólo tabaco mexicano, y la producción era muy reducida y sólo para la tienda.

Tiempo después decide ir a Nicaragua a probar suerte, “sin conocer a nadie ni un conocimiento de cómo moverme por el país, y 15 años después de tener una liga de sólo tabaco mexicano, ayudado por un conocido que trabajaba en Joya de Nicaragua, quien le presentó a un broker de tabaco.

Así conoció al Profe Arsenio, a quien le presentó su puro, “le dije, aquí está mi cigarro, quiero que me ayude a hacer una liga interesante que involucre el tabaco nicaragüense y el mexicano de San Andrés Tuxtla, y le gustó la idea”.

Fue el guía de Agustín para lograr su liga, se llevó tabaco mexicano suficiente para ensayar y no parar hasta que lograron lo que buscaba. “Fueron muchísimas ligas: prendía y prendía y prendía puros y ninguno me convencía. Soy muy exigente con mi paladar y nos costó llegar al que finalmente me gustó”.

Volvió a México con 80 kilos de tabaco nicaragüense; por entonces, durante el Festival del Puro Mexicano, se da la oportunidad de un rediseño de su anilla y la impresión en la única imprenta especializada en el mundo: Cigar Rings.

Y con ese precioso diseño, nace uno de los mejores puros de México, el primer pequeño productor que importa tabaco para mezclar con NSA. Y cada viaje a Nicaragua busca aprender más, mejorar su mezcla, visitando fábricas, involucrándose en los procesos.

Lo que resultó fue un puro con tripa full Nicaragua de los valles de Jalapa, Estelí y Condega, capote NSA y capa habana de San Andrés Tuxtla, hermosa, color miel. Hizo algunos ajustes, y duró años hasta sacar su más reciente proyecto, la línea maduro, con capa Negro San Andrés.

Las vitolas que pueden encontrarse en http://www.valledelaiguana.com/coleccion son belicoso (4×52), toro (7×52), churchill (8×52), corona (6×42), robusto (5×52), piccolino (4.5×52) y preferidos (4×41). Es un puro de fortaleza media, con aromas y sabores intensos, bien definidos, humo cremoso, evolución marcada, “un cigarro para disfrutar esos momentos de la vida, aquellos que vale la pena recordar, porque de eso se trata el tabaco”.

Pese a tener una pequeña producción boutique, de la que cuida rigurosamente cada proceso y especialmente la congelación y el debido reposo mínimo en cedro de seis meses antes de la venta, diariamente envía puros a todas partes de la República Mexicana, a Estados Unidos, Canadá, Nicaragua y recientemente a Argentina.

“Es una marca que se está consolidando. Más personas se están interesando por Valle de la Iguana, me buscan yotubers quienes han reseñado muy bien mi puro; los comentarios siempre son positivos, cada día me abro paso en un mercado bien competitivo. La calidad habla, y rinde frutos”.

Tabaco mexicano, legado que debe permanecer

De acuerdo con el Atlas del Tabaco en México, 2 mil años antes de Cristo, la planta de tabaco ya había sido domesticada desde México hasta el Perú meridional. La Nicotiana Rustica fue la especia del yetl de los aztecas y el sikar de los mayas.

“Los mayas fumaban para que el humo se elevara hasta la morada del dios de la lluvia, y crecían qe las estrellas fugaces eran colillas de cigarros arrojados por los dioses. Los mexicas usaban el tabaco en las curaciones, en las invocaciones de la diosa Cehuacóatl, patrona de la medicina, y actos trascendentales de la vida social y política. Los aztecas, que pertenecían al mismo grupo étnico, también lo usaban para venerar al dios de la guerra, Huitzilopochtli, y los tlaxcaltecas ofrecían piciétl a su dios de la guerra Camaxtli. Era tal la importancia del tabaco que se incluía entre los tributos del imperio azteca; como parte de su uso mágico-religioso los sacerdotes lo utilizaban para predecir grandes acontecimientos”.

Entre los aztecas el tabaco se fumaba en todo acto trascendental: compromisos matrimoniales, bautizos o actos de iniciación de la pubertad. Para sellar pactos de amistad, y los nobles de la época de Moctezuma empleaban cañas de humo delicadamente ornamentadas de materiales costosos como muestra de su poderío.

Tan importante fue que, hasta 1897, unos años antes de su pleno auge, el tabaco se cultivaba en 22 de los 27 estados del país, y los de mayor producción fueron Oaxaca (tres mil 194 toneladas) Veracruz (mil 786), Jalisco (983), Nayarit (726), Michoacán (556), Chiapas (382) y Sinaloa (255). Si se toma en cuenta que la producción total de ese año fue de ocho mil 956 toneladas los dos primeros estados participaron del 50 por ciento.

El gobierno de Porfirio Díaz mantuvo una actitud abierta tendiente a favorecer la producción tabacalera que incluía la búsqueda de mejores tierras, la participación de extranjeros y la tolerancia de ciertas medidas coercitivas de captación de mano de con más obra en algunas zonas de cultivo.

“Los cantones de Córdoba, Orizaba y Jalapa fueron inicialmente los principales productores de tabaco; pero como sus tierras no eran del todo apropiadas, pronto disminuyó el cultivo. Se abrió entonces la zona sur del estado y el norte y occidente de Oaxaca. Los primeros tabacos del sur de Veracruz que irrumpieron en el mercado fueron los de la cuenca del río San Juan…; los de San Andrés Tuxtla y Acayucan pronto adquirieron fama, a pesar de un cultivo y una preparación descuidados”.

Alcanzó su nivel máximo en 1905. Los estados de Veracruz y Oaxaca fueron la fuente primaria de producción de tabacos oscuros para exportación; mientras que el estado de Nayarit ya destacaba, a principios del siglo XX, en la producción de tabacos rubios de tipo Virginia para ser utilizados en la fabricación mecánica de cigarrillos que se iniciaba en el país. “Así, en las postrimerías del porfiriato las principales zonas productoras se hallaban en la cuenca del Papaloapan, norte de Veracruz, Huimanguillo en Tabasco, norte de Puebla, noroeste de Chiapas y en la zona colindante de Jalisco y Tepic.

La producción cayó, las fábricas cerraron, las zonas tabacaleras desaparecieron, la Revolución Mexicana y los intereses de los gobiernos emanados de ella ya no vieron al tabaco como una prioridad ni como una ventana de México al mundo.

En la década de los ochenta se intentó una aventura llamada Tabacos Mexicanos (Tabamex), una empresa del Estado Mexicano que impulsaría a la industria, mejoraría el campo, impulsaría a los productores con precios de garantía, pero resultó un fracaso y cerró por problemas de corrupción, operatividad y falta de liquidez.

Como muchos pequeños productores, Agustín Armenta reconoce hoy en día el negocio de México no es hacer puros, sino la siembra y venta del tabaco en rama, sobre todo de capa, cuya demanda ha crecido exponencialmente en el mundo al grado de que todos quieren tener una línea maduro de NSA.

“Pero el pequeño productor es quien debe recibir el apoyo, y en eso tenemos que llegar al fumador. No hay puertas abiertas en este país para alguien que está comenzando, es muy complicado y difícil permanecer, por ejemplo, 20 años como yo he permanecido”.

Y tiene razón, los impuestos muchas veces ridículos, los aranceles, las trabas para que los pequeños puedan entrar al mercado impide que crezca una industria que antes tenía un prestigio mundial.

Hoy, desde su tienda Tequila ¡Por favor!, que inició en 1961 con la licorería que tenía en La Surtidora su padre, donde actualmente vende más de 200 marcas de tequilas de calidad premium, mezcales, habanos y sus puros Valles de la Iguana, además de diversos productos gourmet, Agustín Armenta afirma que seguirá creyendo y apostándole al tabaco mexicano, que tiene una milenaria historia “de la que tenemos que sentirnos orgullosos, porque es un tabaco de excelente calidad y reconocimiento”.

Y remata: “Al final, necesito seguir mejorando y adonde tenga que ir por tabaco iré, porque es parte de mi vida, lo que más me apasiona, porque el tabaco en es un complemento de mí mismo”.

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