Los Gansos de Ballantine’s

Güt Feeling

Gastón Banegas

Estoy casi seguro que en otra nota que en el pasado se publicó había hablado de un tal Navarrita, un notable billarista que deslumbró a muchos con su arte de paño verde y taco bien alineado. Enrique Navarra, así era su nombre, llegó a ser bicampeón mundial de billar a tres bandas en 1969 y en 1972. Recuerdo ahora bien que escribí en aquel artículo cómo transpiraba y me hacía pasar vergüenza este señor; cuánto me regañaba y me pedía que le pegara “suave” a la bola. Sin ser el que escribe su alumno, me enseñó muchos de “sus” trucos que le servían para hacer abrir grandes las bocas de muchos a la hora de efectuar sus impecables performances. En ese entonces en el Club Real de la calle Lavalle en el microcentro porteño, acá en Buenos Aires, solía difundir sus anécdotas y sus hazañas referidas a este arte que genera afición y que tiene aroma a noche. Siempre recuerdo que todas aquellas andanzas iniciaban más o menos a la misma hora, alrededor de las 23:00, momento en el que le dedicaba un tiempo a su whisky favorito, Ballantine’s.  

Recuerdo que también escribí en ese artículo que yo tomaba junto con mis amigos Chivas Regal, así que más competitivo se ponía el tema. Pero lo cierto y esto no lo conté, es que ahí empezó mi gusto por este notable blended whisky. Más cerca del ahora, avanzando un poco más en el tiempo, puedo contarles mis propias anécdotas de mis encuentros con Mr. Ballentines. Muchas aristas graciosas ciertamente, pero lo importante y resumiendo, es que he aprendido a valorar a esta marca, y a gustar de tomar de tanto en tanto una copa de Ballantine’s 17, mi preferido dentro de toda la oferta. ¿Y por qué es mi preferido? Simple: junto a Chivas 18, tiene la mejor ecuación de valor de todo el mercado de whiskies de mezcla en mi humilde opinión. Medalla de oro en 2010 y 2011 y nuevamente en 2019, esta expresión fue galardonada tantas veces que muestra per se su consistencia y calidad a lo largo del paso del tiempo.

Sus maltas principales son Glenburgie, Glentauchers, Scapa y Miltonduff para luego combinarse con whiskies de grano con un envejecimiento no menor a 17 años. 

Un whisky bien agradable de tomar más pesado de nariz que en boca, de sabores sutiles de humo y crema avainillada, cruzado por ciertas notas cítricas, es ideal para tomar una tardecita de verano, y por qué no, acompañando un buen cigarro. Acá dejo el espacio abierto para que ustedes imaginen con cuál les sería de su agrado. Su color ambarino intenso y sus aromas cálidos de miel  y granos me fascinan y no puedo evitar emocionarme cuando lo bebo.

Pero no sólo por eso me gusta mucho Ballantine’s. 

Bien recuerdo que anteriormente escribí sobre mi destilería favorita: Teaninich y no solo porque me gusta su single malt, sino que también me conmueve la historia de su fundador. Pues bien, Ballantine’s es mi marca de whisky favorita porque me gusta por demás beberlo, y como soy curioso, me gustó la historia de su sistema de alarma, sí, acabas de leer bien, sistema de alarma.

El whisky de añejamiento es un bien escaso y por lo tanto muy valioso, todos estamos de acuerdo con esto seguramente. También podemos inferir que puede resultar bastante atractivo para las personas amigas de lo ajeno. Estas circunstancias, ustedes comprenderán, dejaban a todos los destiladores con ciertas preocupaciones que atender. Cómo hacer para proteger el tan preciado uisge beatha (agua de vida) que tanto tiempo y trabajo les costó producir. 

A finales de los años 50 el propietario de la marca por aquel entonces, Hiram Walkers, decide construir un complejo nuevo de bodegas de almacenamiento en la zona de Dumbarton, y los arreglos de la seguridad se convirtieron en parte vital de los planes. El complejo de almacenes prácticamente llenos de whisky Ballantine’s madurado se convirtió en un objetivo difícil de proteger de manera efectiva y eficiente en términos de costos, ya que el predio donde se construiría el complejo de depósitos contaba con alrededor de 46 mil metros cuadrados. 

Acá la parte linda de la historia: el ingeniero a cargo del proyecto, un tal Ronald Cowan, resultó ser un gran observador y amante de las aves. Según cuentan la historia, Mr. Cowan le dijo al director general de Ballantine’s que los gansos son aves que tienen un oído extraordinario y una visión excelente, ya que a diferencia de los seres humanos, pueden ver el espectro de la luz ultravioleta.

¿Gansos? Sí, los mismos, tienen el sueño ligero y son ruidosamente territoriales, enfatizó el ingeniero. Es más, vivirán felices comiendo de las pasturas y el exceso de cereales de las cercanías. Y sí, era una idea alocada, pero maravillosamente práctica.

Entonces fue así que a finales de 1959, se alistó a un destacamento de seguridad que tenía la importante misión de proteger el stock de miles de hectolitros de whisky añejado por Ballantine’s. Por cierto, si me permiten decir, bastante inusual resultó el escuadrón de gansos, o como se lo denominó más glamorosamente, Scotch Watch.

Esta cuadrilla se inició con seis aves, que luego y con el correr de las décadas llegó a ser de más de 100 plumíferos, convirtiéndose en sensación mundial, protagonizando notas periodísticas y campañas de publicidad.

Pero no todo lo que brilla es oro, versa el dicho. La tarea de cuidado de las aves fue muy ardua y dificultosa. Las hembras resultaron ser excelentes centinelas, protegiendo los perímetros de las bodegas, pero a costa de no atender bien los trabajos de nidificación. Durante algún tiempo se tuvo que “reclutar” a gallinas comunes para que atendieran el cuidado de los huevos y garantizar la reproducción de los gansos, para lograr perdurar en el tiempo la reproducción de las aves y por consiguiente, asegurar el sistema de vigilancia.

Al final resultó que las gallinas fueron excelentes madres sustitutas, milagro aparte de la naturaleza que bien merecería que alguien escriba algún artículo del fenómeno.

También la población de gansos fue flagelada por depredadores locales: los zorros merodeadores. Si bien los depósitos de whisky permanecieron libres de atracos humanos, costó mucho poder dar con los delincuentes cuadrúpedos, a pesar de variados intentos de capturas y trampas.

Durante los casi 50 años de servicios prestados por el escuadrón Scotch Watch, pagó con creces sus cuidados, ya que colaboró de forman natural con el cuidado del césped cortado en las adyacencias a los depósitos del complejo, además de nutrir a los trabajadores de huevos para su consumo. Dada la disponibilidad de alimento y la necesidad de cuidar los nidos y a las crías, estas aves no tuvieron la necesidad de volar y permanecieron por muchos años en los terrenos de la firma Ballantanies. 

El tiempo hizo lo necesario y la fama de las aves trascendió de tal manera que se transformaron en un elemento turístico de visitar. Llegaron a la TV en documentales de la cadena BBC. Se desarrolló merchandising, corbatas, gorros, bufandas y prendedores de solapa para explotar el auge que supieron conseguir. Pero como todas las cosas buenas, tienen que llegar a su fin, y no fue la excepción el célebre caso del Scotch Watch. Y como en todo orden corporativo, el último cuidador de los gansos fue remplazado a finales del siglo pasado por un alimentador automático sin mucho amor que ofrecer y el arribo de la tecnología (circuitos cerrados de videovigilancia) fue el tiro de gracia que recibió el escuadrón de los gansos de Ballantine’s. 

Por suerte, podemos agregar para que esta historia no termina mal, que los integrantes del equipo de vigilancia más singular no terminaron en cena de navidades: las aves fueron trasladadas a Glasgow y  puestas al cuidado de la sociedad protectora de animales de la ciudad. Un retiro con honroso decoro. Digamos que fueron jubilados los gansos y creo que se lo merecían. ¿Ustedes qué piensan? 

Mientras tanto, el whisky de Ballentines sigue durmiendo en los almacenes de Dumbuck tan seguros como siempre en un lugar mucho más silencioso y tranquilo tras la salida del Scotch Watch, esperando que alguien lo disfrute como lo hago yo en estos días y como lo supo hacer el gran maestro de billar Enrique Navarra, por aquellas noches de juegos y charlas, allá en los años 90, en el hoy desaparecido Club Real del microcentro de mi ciudad. Slainte mhath, nos encontramos en la próxima. 

@TP5161.

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