Tabaco en rama y el agricultor tabaquero: La fumada de los Dioses

HACIENDO AMIGOS INTERNACIONAL

Por Fernando Sanfiel

Este mes estamos de aniversario. Aniversario de muchas cosas, de Latino Aficionado, de Haciendo Amigos y de aniversario de cosecha.

Cuando alguien me pregunta “qué sé yo de tabaco” suelo salirme por la tangente y decir que “yo de tabaco no sé nada. Yo solo soy un agricultor de tabaco”.

Pero en esas palabras se esconde la verdadera esencia de un tabaquero, de un Maestro de ligas y de un simple fumador. Fumar después de haber cosechado tabaco es como estar en el mismo cielo.

Fumar un puro habiendo sido partícipe o conociendo, con todo lujo de detalles, que detrás de ese puro hay un sinfín de profesiones y especializaciones: semillero, veguero, cortador, secadero, pilón, añejado, maduración… y un sinfín rutinario y casi ceremonioso recorrido por tareas, métodos y tiempos para que las hojas de tabaco lleguen a otro proceso y que decenas de personas hacen posible la fumada: maestro de liga, torcedor, habilitadoras, etcétera, hasta el vendedor, una pieza importante de este placer, con su sabiduría y pasión por dar a conocer su producto, el tabaco.

Siempre mantuve que existen infinidad de roles dentro de este complejo mundo del tabaco, desde el que viviendo de cero monta una marca y tiene éxito comercial, hasta el pequeño chinchalero que en su taller hace de todo y con verdadera pasión vende sus labores.

Hay de todo, hasta el que solo con una buena foto le basta. Pero yo hablo de los reyes del tabaco. Los que conocen profundamente este mundo apasionante, desde el semillero.

La fumada de los dioses

Es por esto que tengo que sentirme afortunado. Porque los nuevos agricultores me necesiten para compartir tiempo, experiencias y conocimientos. Y a veces solo emociones, esas emociones impredecibles que el nacimiento de una cosecha te da. Es la mano del veguero y la climatología quienes te van transportando, cada día, a un nuevo mar de sensaciones, de alegrías y sustos. De sorpresas y satisfacciones. El final de la jornada, siempre, tendrá su premio.

El tabaquero/agricultor o agricultor/tabaquero, no se aún cómo definirlo, vive en el campo, cada día, el nacimiento y la evolución de su vega, vigilándola, cuidando y mimando, hasta a veces descubriendo problemas que te tuercen ese día, disfrutando de ese premio de final de jornada:

Fumarse un tabaco en la vega para pensar, repasar los procesos y tiempos, planificar mañana y la semana siguiente. Esa fumada es indescriptible. Tanto como la primera fumada “en crudo” con las primeras hojas del secadero. Es como tomar un tazón de leche con gofio directamente ordeñada de la cabra a primera hora de la mañana.

Fabricando la cosecha

Es esta dedicación y cuidados la que da origen a los tabacos Premium. Un premio de la naturaleza y la sabiduría. Pues la calidad de un tabaco, de un buen tabaco, se planifica en el campo. El resto es seguir el guion. Un guion metódico y que requiere “sus tiempos”. Pues sin esto no se obtiene aquello:

Excelentes hojas de tabaco de calidades y fortaleza deseadas.

No quiero dar la impresión que esta es la única forma de llegar a ser un tabaquero de éxito. No es esa mi motivación, pues he de reconocer que un tabaquero que recoge el testigo en el almacén de tabaco o en la galera también tiene sus méritos.

Pero no es ahí donde quería poner el foco. El foco lo quiero centrar en las sensaciones que cada uno vamos a tener fumando.

Tengo que agradecer a mi gran amigo Javier Aledón, que desde tan lejos, en San Andrés Tuxtla, México, me dejara participar en el nacimiento de su cosecha, su primera cosecha. Un gran reto de más de 245 mil plantones. Para empezar no está mal. Equipo de personas que he tenido el gusto de conocer y seguir su trabajo.

Y a mi amigo Ángelo, de aquí cerquita, de Gallegos en Barlovento (nacimiento de Haciendo Amigos hace ahora cuatro años) que también me permite seguir su primera cosecha y me cuenta sus tremendos planes para el futuro, su futuro. Vinculado al campo y al tabaco.

Su granito de arena para la recuperación de una gran zona tabaquera de la isla de La Palma. Hace 50 años era la primera zona de cultivo, por su volumen de producción, de esta isla y de Canarias.

Ambos, Javier y Ángelo me han hecho partícipe de sus emociones, de sus ilusiones, de su alegría. Compartir eso ya es mucho para mí.

Hoy en día las tecnologías te acercan a todos lados y esta es una de las cosas que aprovecho pues recibir un video y un audio de Javier, que está sobre el terreno, y su voz me transmite su estado de ánimo, es todo un lujo que no puedo desaprovechar y que le doy bendiciones por que siga permitiéndome disfrutar de su experiencia.

Igual sentimiento para Ángelo pero como le tengo cerca lo disfrutamos en directo.

Las cosechas en mi zona han arrancado a mediados del mes de abril y ya estamos preparando el primer corte para el 5 o 10 de julio. Ángelo, por las condiciones de clima cortará más tarde, en agosto. Pero Javier tendrá para fin de verano. Es un tiempo que no se repite, es ahora, es con ellos y es un mar de sensaciones que no se repetirán. La próxima zafra será distinta y habrá que jugarla también.

No podía olvidar la plantación que tengo más cerca, casi al salir de mi casa. La plantación de La Rica Hoja, Pipo, Alex, Miguel, gente con las que puedo vivirlo a diario, desde dentro. Compartiendo sol y cielo para que el final del día sea “el mismo” una fumada de las que no se olvidan.

Pero ahora me quedo con la fumada de mis amigos. Ya sus fumadas no serán iguales. Sus fumadas serán sublimes y degustando una sensación que yo llamo “del semillero al cenicero”. La sensación de un creador. De haber sido el artífice de tanto bueno, de ESE tabaco, esa liga, esas hojas que cada día tuviste entre tus manos. Que les quitaste las hierbas para que crecieran fuertes, que quitaste botón para que su sabor mejorara. Que regaste para que consolidaran su crecimiento y, como al hijo que se va quedando atrás, trataste con mimo, abonados foliares o radiculares a los plantones más perezosos.

Y que mucho dolor en tu alma, pues son hijos, es tabaco. Tuviste que elegir qué “hijo” sobrevive y cuál es sacrificado para que la regla de las siete mancuernas siga dando sus mejores resultados. Hasta en dejarles pasar sed, mucha sed para que la grasa (nicotina) cargue la corona y en qué tramos y fortalezas esperas sacar de ligero, seco y volado.

Un arte que espero seguir transmitiendo a los fumadores y a su vez seguir enamorando a tabaqueros para que den el salto y sean agricultores. Agricultores de su tabaco. Fabricantes, desde la tierra, de su propia liga. De ligadas personalísimas y de protagonistas desde el momento cero. Para transmitir, desde abajo, esta pasión por el mundo del tabaco.

Gracias amigos. Gracias muy especiales a mi hermano Javier y bienvenidos ambos a un mundo nuevo de sensaciones. Fumar un tabaco ya no será igual. Bienvenidos a un “club” muy especial.

Deseo buena cosecha y que el resto del proceso me permitáis disfrutarlo juntos. Ya solo falta compartir una fumada. Verás que nada será igual.

Un abrazo, feliz aniversario para este medio que me permite estos dislates. Hasta la próxima.

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