Roberto Rodíguez Pardal, La Leyenda de Argentina

Por César Salinas

Es la tercera generación de tabaqueros: su abuelo Juan, español, trabajó en la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, en Hoyo de Monterrey en Cuba y tuvo su propia fábrica en Brasil; Lucas su padre, tabaquero e importador, funda en Argentina Cigarros Manrique y establece en 1928 lo que hoy es la fábrica más antigua, en operaciones, de la ciudad de Buenos Aires, y que, a sus casi 80 años, comanda actualmente su hijo, Roberto Rodríguez Pardal, La Leyenda, quien lleva al frente del negocio casi seis décadas.

No todo en la pandemia por el nuevo coronavirus ha sido muerte y crisis, surgieron y se consolidaron herramientas de comunicación que nos permitieron, casi literalmente, acompañar a Roberto durante un recorrido virtual por las instalaciones de Cigarros Manrique, en Catamarca número 11 de la capital argentina. 

Sus paredes semejan fachadas de iglesias barrocas, horror vacui: Cientos de fotografías que dan fe de sus innumerables encuentros con grandes personalidades del mundo de los habanos y del tabaco en general; de su historia personal, de su padre, de su abuelo, de la familia, del negocio, de la historia del tabaco en Argentina y el mundo… 

Insignias, documentos históricos, litografías y recuerdos, ceniceros y carteles, jarras de colección, cajas históricas, firmadas, ediciones únicas, su gran biblioteca del puro y el habano, y su invaluable colección revistas, algunas de ellas únicas e inconseguibles, pues “hemos recibido revistas de todo el mundo, durante muchísimos años. Todo el tiempo estoy mandando copias a gente de  todo el mundo”.

Parece un museo, y lo es, declarado como tal por el ministerio de cultura argentino el 3 de noviembre de 2008.

Impecable, amabilísimo, de un trato, pasión, humildad y amabilidad como pocas veces te encuentras en una persona. Roberto es un tipazo, pues, como decimos acá en México. Pero habla mucho, debo decir, para la gran fortuna de quienes estamos acostumbrados a grabar a las personas, porque tiene una memoria prodigiosa, como la de Funes el memorioso, colmada de datos, historias y miles de anécdotas.

Tabaco, lucha y linaje

Su abuelo Juan, tabaquero español, viajó a Cuba en un buque de la línea Highland y arriba al puerto habanero en 1890, “tierra de bellas mulatas y buen tabaco, y se aloja en la calle Monte 58 y rápidamente obtiene trabajo en José Gener, en la fábrica de Hoyo de Monterrey. Tal vez, sin saberlo, sienta las bases de lo que años después sería Cigarros Manrique. Se enrola como voluntario en un batallón denominado Los Rayaditos que José Martí logró unir para emprender la guerra del 95 contra la dominación española”, nos cuenta Roberto. 

Sentado en su barroco espacio personal, con su impecable traje azul, fumando uno de sus puros, hace énfasis en que estos datos fueron corroborados por los historiadores del Museo de la Revolución de La Habana. “Más tarde, los anónimos combatientes serían homenajeados en una bellísima litografía-serie denominada Voluntarios Españoles de Cuba publicada en el libro Las Marquillas Cigarreras del Siglo XIX de Antonio Núñez Giménez.

Tras salir de Cuba, Don Juan Rodríguez se instala en Brasil, en la ciudad de Sena Madureira, y durante siete años tuvo una fábrica de cigarros, ahí es donde su padre Lucas, nacido en 1908, se hace del oficio de tabaquero. “Incluso fuimos con él a buscar el lugar, estuvimos un mes, en 1958, allí donde se crio con sus hermanos Paco, Salvador, Juan y Mariana”. 

Pero debido a la miseria en la que se vivía por la crisis de 1930, la familia emigra a Buenos Aires.

Su padre trabajó en fábricas de tabaco y rolaba en su pequeño chinchal que era al mismo tiempo su casa, en la calle Pavón, donde se crio Roberto jugando entre fardos y herramientas. Sus recuerdos están vívidos, los palpa, puede citar la hora y cómo estaba la temperatura ambiente del día. Fueron tantas anécdotas que no cabrían en esta entrevista, pero compartiremos las cuatro horas de cátedra que nos dio Roberto.

“Mi papá tenía la manufactura de tabacos en la casa, y a continuación teníamos nuestras habitaciones, el patio, el baño, la cocina, y al final una especie de techado tinglado donde tenía acumulado los tabacos y las cajas de cigarros. Ahí venían los clientes de los distintos lugares de la capital federal, de aledaño, y ahí despachábamos los cigarros para el interior del país”, recuerda. 

El lugar de trabajo era un pequeño cuarto de la casa, porque no tenían local a la calle, “él fue tabaquero desde 1928 que registró la marca Manrique en homenaje al poeta español Jorge Manrique, hasta que se abrió a las importaciones de tabaco. Tengo muchos recuerdos de acompañarlo, a partir de los ocho o diez años a repartir los cigarros a los clientes, a las tabaquerías”. 

Recuerda cuando su padre no tenía dinero para comprar una prensa, así que sus cigarros los prensaba poniéndolos debajo de la de pata de la cama y sentándose en ella, esto mientras leía, completo, su diario. Después de eso se iba a la calle a venderlos, “entonces la Argentina era un emporio de fumadores”.

En ese entonces se iba al centro y donde encontraba a un fumador le regalaba un cigarro y le daba una tarjeta, “señor soy un artesano del cigarro… del habano… del charuto”, y así empezó. Don Lucas era un lector empedernido, sobre todo de poesía, y su poeta de cabecera fue Jorge Manrique, de ahí el nombre de la marca.

Fue, igualmente, un gran activista y defensor de los derechos del tabaquero. El 24 de octubre de 1932 funda e integra la Comisión Directiva de la Asociación de Cosecheros, Comerciantes y Manufactureros de Tabacos de Argentina y en 1938 funda con otros compañeros el diario socialista El Cigarrero de Hoja; el primer número salió en marzo de 1939. 

El hermano de Lucas, Juan Rodríguez, estuvo al frente del socialista Sindicato Único de Empleados del Tabaco de la República de Argentina, y como Secretario General echa las bases para la construcción de edificios de viviendas para obreros del ramo. 

En la década del 50 Manrique es una de las principales importadoras de Pinar del Río adquiridos a Sobrinos de Antero González, de la calle Industria 152 de La Habana, Cuba, y a Menéndez y Compañía, de la calle Amistad 405. 

“En 2004 nuestra casa fue la única argentina participante del VI Festival Internacional del Habano en Cuba, que permitió tomar contacto con autoridades de la empresa Habanos SA y mantener charlas con don Alejandro Robaina y Jennie Reppard Churchill, nieta de Sir Winston (tiene una foto, por su puesto). En el mismo año, la Junta de Estudios Históricos de Balvanera rinde homenaje a nuestra trayectoria de torcedores tabacaleros de más de 100 años que se lleva a cabo en la Cámara de Comerciantes Mayoristas e Industriales de la República Argentina”.

Pese a intensa vida y logros, su padre siempre se definía como un “semianalfabeto porque nunca pasó de segundo grado”. Este recuerdo a Roberto lo hace contarnos la historia de su torcedora, una dominicana que no estudió. Roberto la convenció de cursar su primaria, y pese a la resistencia de ella quien decía que “no servía para el estudio” hoy se encuentra estudiando el segundo año de la Licenciatura en Psicopedagogía en la Universidad de Buenos Aires. 

Se quiebra. Las lágrimas son inevitables, “me costó mucho ¿viste? Siempre pensando en mi viejo. Incluso ayudé también a su hija quien se recibió en mercadeo y ahora está ejerciendo en Santiago de los Caballeros”.

Un día su padre llegó a decir que las anillas de Manrique se pateaban en la calle de la cantidad de cigarros que se llegó a fabricar, y vender. “Era la época de los exiliados de la Guerra Civil española, ¡todos fumadores de cigarro! Y la avenida de Mayo era el centro cultual de los españoles, recuerdo ir a entregarles cigarros con mi papá”.

Tiene muchos recuerdos de cómo acompañaba a su padre, a partir de los ocho o diez años, a repartir puros a los clientes, a las tabaquerías. Ese auge duró hasta la crisis económica de 1976-82, cuando comienzan a desaparecer todos los negocios relacionados con el tabaco. En ese entonces Roberto era presidente la Asociación de Cosecheros, Comerciantes y Manufactureros de Tabaco.

“Todo se fue al carajo, la gente sufría infartos, se suicidaba, la industria tabaquera argentina, nos cuenta Roberto, sufrió un golpe mortal. Los antes dueños ahora eran taxistas”. 

Roberto nació un 25 de junio de 1941, estudió en la Facultad de Reanimación Cardiorrespiratoria y en 1963 escribe su primero de varios libros y publicaciones sobre respiración artificial; se vuelve docente de la Cruz Roja en Argentina, donde llegó a ser director general de Cruz Roja Internacional, trabajo que le permitió viajar y estar en contacto con México. “Además fui competidor de natación de aguas abiertas durante muchos años, mi última prueba grande la nadé con 70 años de edad”.

Nunca pensó en quedarse con el negocio familiar, su padre dio estudios a todos sus hijos, pero Roberto desde siempre tuvo contacto con el tabaco, desde siempre. Hasta que un día almorzando en la casa como cualquier día normal, don Lucas le dijo: “Te quedan 70 mil pesos en el banco, te queda el depósito lleno de tabaco, te quedan todos los clientes de todas las tabaquerías del país, y te quedan las diez personas que tenés trabajando en el negocio. Si te fundís, te fundís vos. Si te salvás, te salvás vos, yo no te voy a pedir nada”.

Roberto tenía 22 años, pensó que era una broma, pero su padre y su madre se fueron a Europa durante seis meses. “Nunca pensé en quedarme con el negocio de papá”. Producían aproximadamente dos mil 500 puros al día.

La proyección internacional de la marca comienza con los eventos, los primeros festivales de Dominicana, los puntos de encuentro para el cigarro en Puerto Plata o Santo Domingo; en Managua y Estelí, en Nicaragua; en Honduras, así como fui viviendo muchas cosas en el mundo y trato de no faltar a ningún festival”. Desde su primera edición, Roberto faltó sólo una vez al Festival del Habano y eso fue porque ya estaba comprometido con un festival en Italia.

Blends

Los tabacos que se usa para Cigarros Manrique han cambiado a lo largo de los 93 años que lleva la marca en el mercado. Por ejemplo, hasta 1959-60 se hacían con tabaco cubano, ya que ese año el gobierno de la isla prohibió las exportaciones. 

Como si lo estuviera viviendo, Roberto recuerda cómo, cuando se pedía tabaco del exterior, antes de las redes o los códigos de rastreo, se seguía la ruta del envío por el diario, que publicaba los puertos que iba recorriendo.

“Todo el tiempo estábamos con mi papá en la búsqueda del tabaco idóneo, que tuviera el olor, el sabor, la fragancia que buscábamos, probamos con tabaco colombiano, el nuestro, el misionero, burley argentino, de Indonesia (todavía tengo algunos cajones con la leyenda Producto de Java). Y se probaba de acuerdo con los precios”. Y esto por las fluctuaciones del dólar en Argentina, que llegó a comprar a uno, dos o cinco pesos un día, “para al otro estar en ¡200 pesos!”.

En un Festival del Habano, en presencia de más de mil personas de distintas partes del mundo, Roberto sugirió la incorporación, en la ficha del tabaco, la ficha del habano, la ficha del fumador, “donde tienen que dejar constancia construcción, tiro, aroma, fragancia en el cigarro, color de la semilla, le dije que tenían que incorporar el color del humo porque yo acá en el laboratorio de abajo experimenté con tabaco indonesio, de Colombia, Malasia, de muchas partes del mundo, a ver cuál era el color del humo”.

En el Palacio de Convenciones de La Habana, durante la presentación del libro de su amigo Rafael Bernardo, de España, El arte de disfrutar y degustar los puros habanos, cuando él presenta una ficha de cata, “pido la palabra y explicó que importantísimo fijarse en el color del humo para identificar las falsificaciones de los habanos”.

Esto viene al cuento porque la industria argentina que trabajaba con tabaco cubano y estadounidense libre de exportación, como el Connecticut e incluso el Florida, “así que cuando Cuba se cierra a las exportaciones de tabaco en rama, el producto norteamericano se dispara de precio, acá me llamaban El rey de la capa por el tabaco que solía importar yo, y mi papá antes. Conseguía y experimentaba con tabacos de todo el mundo y yo veía que el color del humo no era igual al habano.

“En un tabaco de Cuba, un tabaco como el caribeño, bien hecho, sin agregados químicos, debe ser celeste. Un tabaco criollo, por ejemplo, te debe dar un humo de color negro o gris tirando a negro. Otro con agregados químicos como alumbre, amoníaco, es para falsificar tabaco, y que es fabricado en un laboratorio alemán”. Hoy, dice, han llegado a tal nivel de crear esencia de habano, Connecticut, tabaco indonesio, malayo, dominicano, nicaragüense.

Cuando Fidel Castro dice en Cuba soy marxista-leninista y rompe con el encanto que había a nivel internacional con el régimen, y nace la corporación Habanos, se deja de exportar la materia prima para darle un valor agregado, que era el cigarro, y los precios a los que se cotizaron fueron increíbles. 

Recuerda incluso que al principio había contrabando, “pero fusilaron a algunos para que se entendiera. Incluso hay militares encarcelados por haber llevado tabaco a Cancún, México, a través de Intercaribbean Airways y Aerogaviota”.

Así que al no haber tabaco cubano había que probar necesariamente otras variedades y se dependía de quienes importaban y traían a la Argentina hojas de otras partes para las fábricas. 

“Y ahí nacieron los blends, había muchos vendedores y traían de muchas partes, lo recuerdo casi que lo estoy viendo, mi papá llegando con las gavillas, estamos hablando de 63 o 64, yo recién me había recibido en la Cruz Roja, y se hacía sus pruebas y a fumar, junto con los hermanos de mi papá. Se hacían muchas pruebas de blend”.

Como una gran anécdota, nos dice que su papá registró la palabra “Habanos” junto con Manrique, “incluso me vinieron a ver abogados para hacerle causa a Cuba, cuando salieron las Denominaciones de Origen como el Queso Roquefort o Champán, me invitaron a hacer una acción contra el gobierno cubano, y dije que no, soy dueño de mis bienes y si pierdo, ¿con qué le pago a Cuba? No voy a litigar contra un país”.

Vitolario

Robusto, prominentes, águila, figurado, corona, gran corona, palma, media, cuarta, coronita, Miguelito, panetelita, vitolas clásicas con los moldes que tenía su padre, algunos de Holanda y Alemania, “tengo unos de la época más bonita del cigarro en la Argentina, 1930, que se fabricaban acá, de una medida que se llamaba Miguelito, 9 cm por un centímetro de ancho, acá no hablamos en pulgadas”.

Manrique Red Label, Vintage 1990, Vintage Reserva, Diplomáticos, Presidentes, Premium, Maduros y Baracoa son sus vitolas. Actualmente tiene 40 mil puros en el depósito de su chinchal, “tranquilos, sin apuros”, cuenta con clientes en todas partes del mundo, y en sus ligas utiliza tabaco Connecticut, indonesio, habano 2000, pero lo más interesante viene de Dominicana.

“En 2007-2008 armo la frabriquita en República Dominicana porque me sorprendió cómo era el tema del tabaco allá. Yo estoy en Villa González donde está la fábrica de Carlito Fuente y Davidoff, pero todo mundo allá, por ejemplo en Santiago de los Caballeros, habla de tabaco: el taxista, el almacenero o el del colmado, porque trabajaron en alguna de las fábricas de Tamborill, Santiago o Villa González. Todo mundo transpira tabaco ahí, y lo podés hablar con una pasión y amor, que te sentás y es imposible terminar una conversación, imposible2. 

En Argentina Roberto compra un kilo de tabaco y tiene que dar un montón de intervenciones a muchísimos organismos, “papeles, papeles y más papeles”, inspectores que van y vienen. 

“Yo le compro a Diego Reyes, que tiene la casa más grande proveedora de tabaco, los tiene todos, y esto por indicación de William Ventura, quien tiene su propia fábrica pero antes fue durante 20 años master blender de Davidoff y torcedor personal de Zino. Entonces acá uno compra el tabaco, te lo llevas y comienzas a trabajar, y no tengo que pagarle a nadie más, ni tengo a inspectores jorobando la vida. 

Fábricas de cajas de madera, una a un lado de la otra; fábricas de anillas, una a un lado de la otra; un tabaquero pasa todos los días por la puerta buscando trabajo, cuando en Argentina no hay nada, ni siquiera aprendices.

La proyección internacional vino con los viajes de Roberto representando a Cigarros Manrique. El primero, el obligado, siempre es Brasil. Luego se dio a la tarea de visitar las fábricas en Dominicana, Nicaragua, Honduras.

Pero si hablamos de festivales, al primero al que asistió ya como dueño de Cigarros Manrique fue en 2003-2004 a Dominicana, después al Primer Festival del Habano, donde lo recibió ni más ni menos que Don Alejandro Robaina en su casa de Pinar del Río, gran amigo, como lo sigue siendo de la familia; grande es su amistad por ejemplo con el nieto, Hiroshi Robaina. Sólo faltó en una ocasión al festival habanero, y ha hecho más de 20 viajes a Cuba. 

Y desde hace más de una década asiste a los festivales de República Dominicana así como al International Premium Cigar and Pipe Retailers (IPCPR) que se realiza en Las Vegas, Nevada. Es en estos eventos donde conoce a todos los pesos pesados del puro, amigo de todos, y tiene las fotografías para probarlo, por su puesto. 

Strangers in the night

Tener 80 años pero más importante, casi 60 al frente de una pequeña fábrica de cigarros; haber sido Presidente de la Asociación de Cosecheros, Comerciantes y Manufactureros de Tabacos de Argentina, que por cierto su padre fundó; que tu fábrica sea un Museo del Tabaco; haber viajado a casi 100 países del mundo y conocer todas las grandes fábricas de puros y habanos; estar presente en todos los Festivales del Habano y los mayores eventos del planeta… bueno, digamos que Roberto tiene algunas anécdotas para contar.

Tiene sus favoritas, claro. Y una de ellas, es la que tiene que ver con el libanés Avo Uvezian.

Avo era un gran fumador de cigarros, de toda la vida, pero aparte era pianista de piano bar, de madre cantante y padre compositor y director de orquesta. Probó suerte en la Persia en ese entonces, cuando reinaba el Sha Reza Pahlevi, quien lo contrató para tocar en su palacio. La química fue inmediata, las visitas se repitieron y Avo se convirtió en el pianista del Sha. Y siempre fumaba puros mientras tocaba.

Claro que Roberto conoció a Avo Uvezian, “un día me dijo no me preguntes eso. Se refería a cuan él compuso un tema musical, y se lo da a un cantante alemán muy famoso de esa época, Bert Kaempfert, y le dice che, podés registrarme esto, yo no ando bien con el tema de los papeles. Sí sí, yo lo registro, le contestó, pero lo registró a su nombre, ¡y no al de Avo! Total que ese tema termina en manos de Frank Sinatra”.

A Frank no le gustó y lo guardó en un cajón. Con el tiempo lo vuelve a sacar, y decide grabarlo. La canción fue ni más ni menos que Strangers in the night. “¡Se me pone la piel de gallina!, porque un día Avo me dijo, no me hables de eso porque yo he compuesto música mucho mejor que esa”. 

Roberto le tiene alta estima Avo Uvezian, pues en los festivales a donde se encuentran, le da acceso adonde no cualquiera pasa. Incluso tiene una fotografía de esas que, cuando las ve, se llena de emoción. Mientras Avo se codeaba con los grandes de la industria, interrumpe su plática para extenderle la mano fraterna a Roberto: “Cuando me ve me dice vení vení vení para acá, y dije pero Don Avo esto es… No no, vení, y pues pasé, estaba la guardia, y me senté a un lado de él, y me agarró de la mano. Don Avo me quería muchísimo”. 

Ese momento es el que retrata la fotografía.

La Leyenda

A Roberto lo llaman La Leyenda por muchas razones, pero quien se le debe el apodo fue un secretario de Agricultura de Argentina, “uno de los más grandes ministros de agricultura que tuvimos en la República, confirmado por todos los presidentes, porque ayudaba a los productores de tabaco, nunca te ponía una barrera”.

Pero cuando los funcionarios de menor rango se iban, se llevaban sus trabajos, sus carpetas, toda la información, y a veces cuando el ministro necesitaba hacer determinados trabajos, le decía la secretaria: “Pedirle a Roberto, que Roberto tiene todo”. 

Y sí, tiene todas las estadísticas desde 1928 a la fecha, y lo que le pedían se los daba: venta de las provincias, producciones de tabaco de todas las variedades, de todas las regiones, cantidad de obreros, cigarros fabricados, le daba toda la información oficial.

“Pero no quiero que lleve mi nombre y apellido en ningún lugar, me molesta. Ahí fue cuando él me dijo: Roberto, ¡usted es La leyenda! Y eso fue trascendiendo. Y súmale que en este gremio del tabaco se respeta la antigüedad. 

México lindo y querido

Roberto es un amante de México, país al que le guarda especial cariño, y sobre todo con el estado que alberga la zona tabacalera más grande de la nación, Veracruz. Es más, en sesión especial de Cabildo del municipio de la ciudad porteña del mismo nombre, fue declarado Hijo de honor, en febrero de 1974, debido a su labor dentro de Cruz Roja Internacional. Este trabajo le permitió publicar diversos artículos en revistas y diarios del país.

“Tengo el compromiso de regresar además a la Ciudad de Veracruz donde me hicieron varios homenajes, en el 74 cuando me declararon Hijo de Honor. Pero he estado en muchos lugares, el Distrito Federal (hoy CDMX), de punta a punta, cómo olvidar la Zona Rosa, sólo fui a ver cómo era eh, no entré a ningún lado”, dice y se carcajea, debido a la que es conocida la vida nocturna de esta avenida.

Estuvo por supuesto en Xalapa, la capital veracruzana, Acapulco, Guerrero, Guanajuato, Oaxaca, “¡recorrí mucho el país!”. Además su padre era un enamorado de México, aunque nunca llegó a conocerlo, tanto fue su amor, que en l953 registró la marca “Veracruz”, que la Phillip Morris Company quiso comprar, en vano, hasta que finalmente quedó en manos de la fábrica Santa Clara, de la familia Ortiz. El cigarrillo de los círculos distinguidos, era el eslogan de la marca. 

Muchos años después, un directivo de Phillip Morris llevó a Roberto a su oficina y le mostró enorme vitrina con todas las marcas de puros y cigarros de Argentina, y de ahí sacó una antigua caja de cigarrillos Veracruz, “me emocioné muchísimo, saliendo me vi con el Intendente y un Ministro de la Producción y saló con mis ojos llorosos. Y me preguntaron qué te pasa, ¿te pegaron? No me pegaron, les dije, me mostraron una caja de Veracruz. Él se comenzó a reír, sabía lo que iba a pasar”.

De México tiene muchísimas anécdotas, como cuando conoció a la cantante Elvira  Ríos, la primera mujer cantante de México que tuvo éxito internacional en radio, discos, centros nocturnos, giras y películas, “dio un concierto para nosotros antes de ir con el Embajador de México en Argentina, y luego con el embajador argentino Héctor Cámpora, quien además fue presidente de nuestra nación. 

“Para mí México tiene un carácter muy especial porque he recorrido sus calles, sus zonas, era y soy un enamorado de los boleros mexicanos, del trío Los Panchos, “un enamorado de las chamaquitas mexicanas, ¡como Sonia López!, la cantante de la Sonora Santanera”.

Es más, tiene en sus planes pronto venir a tierras mexicanas, pues ya tiene múltiples compromisos de amistad, placer y negocios que desea saldar, y esperamos que Cigarros Manrique pronto se distribuyan en el país. 

Por último, Roberto no pierde esperanza en que alguno de sus hijos decida continuar con el legado familiar, y entre eso pasa y no se encuentre de viaje, él Roberto Rodríguez Pardal seguirá haciendo lo que más disfruta. Estar en Cigarros Manrique fumándose un tabaquito, a lo mejor escuchando la Sonora Santanera o un bolero.

“Esta es mi vida y estos son mis cigarros, que están premiados en distintas revistas y publicaciones con un Rating de 90, igual a Montecristo, a un Cohiba N°1”. 

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