¿Qué tiene de filosófico la comida?

La panza de los filósofos

Luis Capistrán

Ha pasado más de un año desde que el virus que provoca la enfermedad Covid-19 se propagó por el mundo y con ello el estilo de vida de las personas cambió de manera drástica. Así es como también cambió nuestra forma de pensar el mundo. 

Hasta ahora hemos podido reflexionar acerca de muchos temas sobre filosofía y comida. Desde algunas historias que giran alrededor de las dietas alimenticias de ilustres filósofos o sobre las tradiciones que algunas culturas mantienen en relación con sus alimentos, incluso sobre la necesidad de pensar los procesos por los que la humanidad ha dejado pasar a segundo plano sobre la comida, teniendo así una gran cantidad de alimentos enlatados o los famosos restaurantes de comida rápida.

No cabe duda que la comida no es solo un momento del día donde satisfacemos el hambre y damos pie a seguir con nuestras actividades “más importantes”, sino que es la fuente de donde nace la posibilidad de funcionar de manera correcta ante todas aquellas actividades que suponemos más importantes. Si bien la comida puede representar un aspecto importante de una cultura, como una tortilla de maíz (una característica ontológica), también es el reflejo de la evolución intelectual del ser humano, ya que podemos conocer los complejos procesos para preparar alimentos nutritivos (aspecto epistemológico) y nos acompaña en las experiencias de convivencia social y emocional a través de nuestra vida, ya que la presentación de muchos platillos va de la mano con los gestos que tenemos para con otras personas (ética y estética). Sin embargo también es fuente importante de salud y bienestar para los individuos.  

La filosofía y la comida en algunas ocasiones se relacionan con la idea de que la comida es un espejo. Es posible que hayamos sido testigos del dicho “somos lo que comemos”. Pues bien estimado lector, hay más que decir sobre esta relación. Comer manifiesta la construcción de un “yo”, es decir, la variedad de decisiones y circunstancias que nos llevan a comer como lo hacemos. Diríamos entonces que podemos ver reflejada una imagen detallada y completa de nosotros mismos. 

La alimentación ha sido y será siempre el inicio de una mejor salud para los seres humanos. Por un lado la pandemia nos ha dado la oportunidad de permitirnos momentos de reconstrucción sobre nuestras actividades, así, muchas personas comenzaron a ejercitarse y comer balanceadamente y por otro lado hay quienes se dejaron caer en los vicios de placeres que afectan de manera negativa nuestro estilo de vida. Una característica filosófica importante sobre la comida, es que reflexiona sobre los aspectos éticos, políticos, sociales, artísticos y que definen la identidad de la comida, como ya lo hemos visto, sin embargo, también promueve el desafío de reflexionar más activamente sobre nuestras dietas y hábitos alimenticios para comprender quiénes somos de una manera más profunda y auténtica en relación con nuestra salud. 

La mayoría de los alimentos que compramos en alguna tienda o supermercado llevan en sus etiquetas información nutricional. En muy raras ocasiones los usamos para orientarnos en nuestra dieta, para mantenernos saludables. Pero, ¿qué tienen que ver esos números realmente con las cosas que tenemos frente a nosotros y con nuestros estómagos? ¿Qué hechos nos ayudan a establecer realmente? ¿Se puede considerar a la nutrición como una ciencia natural a la par con, digamos, la biología celular? Para los historiadores y filósofos de la ciencia, la alimentación es un terreno fértil de investigación porque plantea cuestiones básicas sobre la validez de las leyes de la naturaleza y la estructura de la investigación científica. 

Es común darnos cuenta que en la sociedades actuales comer es simplemente un acto de placer y no de salud. Muchas personas recurren a medicamentos para la cura o tratamiento de sus enfermedades, las cuales fueron provocadas por estilos de alimentación no tan saludables. Pensamos que comer saludable es símbolo de castigo y tortura. La comida siempre mantiene una relación con algo. 

Un alimento es alimento solo con respecto a una experiencia o en un conjunto de circunstancias. Y estos están sentenciados a variar de un momento a otro. Por ejemplo, el café y la repostería son un buen desayuno o merienda; sin embargo, para  muchos suelen ser desagradables para la comida principal. 

Por otro lado, las circunstancias están obligadas a implicar principios que, al menos en aspecto, son un tanto contradictorios. Digamos que te abstienes de comer gaseosas en casa, pero en una fiesta disfrutas de una cerveza. En la comida de la semana solo se compra carne no orgánica, pero de vacaciones, anhela una hamburguesa con papas fritas, así como también pensar que comer saludable es simplemente comer frutas y verduras, cuando realmente existen una gran variedad de alimentos tanto atractivos en estética como en sabor. Como tal, cualquier relación alimentaria es, ante todo, el espejo de un comedor: según las circunstancias, representa las necesidades, hábitos, convicciones, deliberaciones y compromisos del consumidor para mejorar sus condiciones de una vida saludable.

Al final, cuando las personas comprenden al menos a algunas relaciones alimentarias por día, la negativa a considerar los hábitos alimenticios de manera significativa puede compararse con una falta de auto comprensión. Dado que la auto-comprensión se encuentra entre los principales objetivos de la investigación filosófica, la comida se convierte en una verdadera clave para la comprensión filosófica del sujeto mismo. La esencia filosófica sobre la comida es, por lo tanto, la búsqueda de una dieta auténtica, una búsqueda que se puede promover fácilmente analizando otros aspectos de las relaciones alimentarias y el cuidado de sí mismo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí